La piedra de molino expoliada ha sido recuperada y está en el museo arqueológico municipal

Si hace unos días informábamos del cambio de ubicación de una piedra circular de innegable valor histórico y arqueológico, que, había sido desplazada por varios ciudadanos de forma irresponsable y para su uso personal, les ofrecemos ahora el final feliz de esta noticia: la piedra se está ya bajo custodia municipal. Es, concretamente, el almacén del Museo Arqueológico y Etnológico Dámaso Navarro, el que cobija la pieza histórica, con el fin de «evitar el posible hurto de la misma», según nos informan desde el propio museo.

El arqueólogo está trabajando en un informe que detalle todas las características de la piedra, recuperada para el museo desde una propiedad privada.

 

Tras el rastro de una pieza histórica

Fue en el año 2005- tal y como se relata en el artículo rescatado de la revista Petrermensual-, y advertidos por nuestro buen amigo, el pastor José Amat, Guiña, sabedor de nuestra curiosidad por todos los restos antiguos que existen en nuestro término, conocimos que, en un terraplén, justo debajo de la antigua “mina cega”, había aparecido como consecuencia de las lluvias, una extraña piedra circular,  aparentemente de un molino muy particular. Fue el propio Guiña quien nos condujo al lugar exacto, donde pudimos contemplar de primera mano una piedra con un agujero bastante pronunciado y unas marcas en su parte superior, que hablaban por sí solas del paso del tiempo.  Volveríamos varias veces después hasta el lugar para contemplar el hallazgo con amigos y otros aficionados de la arqueología.

Tiempo después, la histórica piedra desapareció de su lugar original. La encontramos unos metros más abajo, en dirección al badén de la carretera de Catí. Posiblemente, esos primeros ‘esquilmadores de patrimonio’ no pudieron cargar con ella hasta la carretera debido a su peso y la dificultad de su transporte. Unos años después, y tras visitarla en algunas ocasiones posteriores, volvimos a encontrarnos con que la piedra había vuelto a desaparecer, y fue aquí donde perdimos su rastro. Creíamos que la habíamos perdido definitivamente, hasta que, por casualidad, volvimos a tropezarnos con ella a mediados del mes de abril, cuando nos disponíamos a fotografiar el agua que este año emana de la rambla de Puça. Se encontraba en la parte de arriba, a la altura del arco natural que existe frente al molino del turco. Volvimos entonces a dar buena cuenta de su nueva ubicación-una propiedad privada- y ahora, y como consecuencia de las primeras fotografías publicadas en este diario con la recuperación de aquel artículo de 2005, hemos conocido el nuevo- y esperamos definitivo- paradero de la piedra: el museo Dámaso Navarro. Gracias a la colaboración de la Concejalía de Medio Ambiente, que rescató la pieza de la casa de un vecino de la zona que afirmó se la había llevado «porque estaba tirada en el monte», la pieza por fin se ha recuperado. Y vale la pena contemplarla.

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