Gabinete psicológico: trastornos alimentarios

Somos lo que comemos, pero lo que comemos nos puede ayudar a ser mucho más de lo que somos.

 -Alice May Brock-

Muchos de nosotros durante estos meses tenemos un objetivo común “perder peso” para llegar a tiempo a la operación bikini. Sin embargo, el deseo de vernos bien algunas veces puede hacer que llevemos nuestro cuerpo a límites impensados. En el artículo de hoy vamos a tratar el concepto de trastorno alimentario, así como algunos tipos de trastornos alimentarios,causas, efectos, signos de alarma,posibles pautas, tratamiento y prevención para actuar con eficacia frente a la enfermedad.

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) engloban varias enfermedades crónicas y progresivas que, a pesar de que se manifiestan a través de la conducta alimentaria, en realidad consisten en una gama muy compleja de síntomas entre los que prevalece una alteración o distorsión de la auto-imagen corporal, un gran temor a subir de peso y la adquisición de una serie de valores a través de una imagen corporal.

En los últimos 30 años, los TCA surgieron como enfermedades cada vez más frecuentes, sobre todo en los adolescentes, ya que es en esta etapa donde aumenta la preocupación por el aspecto físico. Normalmente, el inicio de los trastornos de la conducta alimentaria ronda desde los 14 años hasta los 20. Los estudios sobre la frecuencia de estos trastornos muestran un aumento preocupante, principalmente en la población de mujeres jóvenes. Se ha encontrado que entre 1 y 2% de las mujeres padecen de Anorexia Nerviosa (AN), y entre 1 y 3% padecen Bulimia Nerviosa (BN). Estos trastornos se presentan en una proporción de 10 a 1 mujer-varón, aunque en los últimos años ha incrementado el número de varones que los padecen.

Los principales trastornos de alimentación son: anorexia (miedo extremo a aumentar de peso), bulimia (comida en exceso en periodos de tiempo muy cortos, también llamados “atracones” y seguidos de maniobras de eliminación), ortorexia (obsesión patológica por comer comida considerada saludable por la persona), vigorexia (obsesión por el estado físico hasta niveles patológicos), etc…

Los trastornos alimenticios son condiciones complejas que emergen de la combinación de conductas presentes por largo tiempo, factores biológicos, emocionales, psicológicos (baja autoestima, sentimientos de insuficiencia o falta de control de nuestra vida, depresión, ansiedad, enojo y soledad), interpersonales (relaciones personales y familiares problemáticas, dificultad para expresar sentimientos y emociones, haber sido fastidiado o ridiculizado en relación a nuestra talla o peso, historia de abuso físico o sexual) y sociales (presiones culturales, definiciones muy concretas de belleza, normas culturales). Es importante recordar que un desorden alimenticio es muy fácil que se vaya de las manos, puesto que se asocia a hábitos muy difíciles de erradicar.

Los científicos e investigadores aún se encuentran aprendiendo acerca de las causas de estas condiciones físicas y emocionales que hacen tanto daño. Sin embargo, sabemos algunas generalidades que contribuyen al desarrollo de los trastornos alimenticios. Aunque los trastornos alimenticios pueden comenzar con preocupaciones por la comida y el peso, son mucho más que solamente comida. La gente con trastornos alimenticios utiliza la comida y el control de la comida como un intento para compensar los sentimientos y emociones que de otra manera son vistos como insoportables. Para algunos, la dieta, los atracones y la purgación pueden comenzar como una forma de lidiar con las emociones dolorosas y para sentirse en control de su vida personal, pero al final estos comportamientos dañan la salud física y emocional, la autoestima y la sensación de competitividad y control de la persona.

Aunque es cierto que un desorden alimentario puede provocar graves problemas de salud mental y de conducta, también es cierto que puede dar lugar a graves problemas de salud estrictamente física. La anorexia y la bulimia, por ejemplo, pueden provocar deshidratación y otras complicaciones médicas, como los problemas cardíacos y la insuficiencia renal. En casos extremos, los desórdenes alimenticios pueden conducir a malnutrición grave e incluso la muerte.

Para cualquier amigo o familiar puede ser un reto saber distinguir entre la preocupación por la propia imagen corporal normal y los signos de alarma de un desorden alimenticio, ya que a pesar de que en algunas personas abunden los complejos y la tendencia a compararse entre sí y a hablar sobre dietas, esto no significa necesariamente que padezcan un trastorno del apetito. Las personas con este tipo de trastornos presentan graves problemas relacionados con la alimentación y a menudo signos físicos anormales como por ejemplo, adelgazar mucho, estar muy débil, estar obsesionado/a con la comida y el control del peso, pesarse repetidamente, controlar atentamente la ingesta de cada alimento, comer solo determinados alimentos y evitar otros, hacer ejercicio físico excesivo, sentirse gordo/a, evitar actividades sociales, estar deprimida, aletargada (falta de energía), sentir mucho frío, temer ganar peso, inventar excusas para ir al baño después de las comidas, etc…

En el caso de sospechar de algún familiar o miembro cercano es importante intervenir y ayudarle a fin de que lo puedan diagnosticar y tratar correctamente, aunque en muchas ocasiones surjan dudas. Normalmente, las personas con este tipo de trastornos suelen reaccionar a la defensiva y se suelen enfadar cuando se le habla sobre el tema por primera vez. A muchos les cuesta admitir, incluso ante sí mismos, que tienen un problema. El miedo a estar gordo o tener sobrepeso es el problema central de toda persona afectada por este trastorno. Por eso es comprensible que una persona afectada por este tipo de problemas no quiera ingresar en una clínica «para engordar”. Intentar ayudar a alguien que cree que no necesita ayuda puede ser muy difícil. Las personas con trastornos alimentario acusan a la sociedad y especialmente a los padres de ser hipercríticos. Sin querer, provocan tensiones en casa. En ese caso es muy difícil no hacer una crítica a una persona que está constantemente, sin quererlo, provocando tensión en el hogar. Es prescindible gritar para evitar que la persona se resista y lo niegue. Es importante mostrar nuestra preocupación y plantear que consideramos que puede existir un problema, pero nunca obligarle, ni decirle cosas del tipo “tienes que hacer un tratamiento”. Debemos proponer pedir una consulta de opinión para que sea un especialista en este tema el que haga una valoración que confirme si existe o no trastorno. Es importante hacer sentir a la otra persona que nos preocupamos por él y que tenemos la responsabilidad de cuidarle, sobre todo en el caso de nuestros hijos. También podemos citar cosas concretas que haya dicho o hecho que nos hayan preocupado y explicarle que necesitamos que lo vea un médico para tranquilizarnos. Los padres o familiares deben resistir y repetirle, una y otra vez, que van a salir adelante. Que sienta que no está solo, que cuenta con apoyo. Esto es algo fundamental para estas personas que, generalmente, temen la soledad. Asimismo, podemos reclutar a amigos y parientes a quienes sabe que esa persona aprecia y en quienes confía para que colaboren en el proceso para que se muestre más receptivo/a y más abierto/a al diálogo. De todos modos, es fundamental que, por mucho que se resista, nos encarguemos de proporcionarle la ayuda profesional que necesita.

Si, aún así, encontramos resistencia por parte de esta persona y ante las dudas de donde acudir, podemos seguir el siguiente proceso: médico de familia y agente de salud mental para una evaluación del nivel de gravedad de la patología. Los niveles de actuación entonces dependerán de la evaluación que se haga.  El tratamiento de estos trastornos se suele centrar en ayudar a la persona afectada a abordar sus problemas relacionados con la conducta alimentaria y a establecer nuevos patrones de pensamiento sobre la comida y la forma de relacionarse con ella. Asimismo, no solo será cosa del terapeuta, ya que el tratamiento consistirá en una interacción entre paciente, familia y equipo terapéutico. Si la/el paciente o la familia no colaboran, da igual que el especialista consultado sea el mejor: la recuperación no saldrá adelante. Es aconsejable que se organice la comida familiar adecuadamente y sacar a la paciente de la cocina. También, es recomendable que se cambien las actitudes y las relaciones entre los miembros de la familia. Los distintos profesionales tratarán aspectos relacionados con la percepción que se tiene sobre el volumen y la forma de su cuerpo, la conducta de comer y los alimentos, por lo que con un tratamiento ambulatorio, educación nutricional y apoyo saldrán adelante. En otros casos más graves, en los que los pacientes presenten graves problemas de desnutrición, se necesitará un tratamiento más intensivo, existiendo la posibilidad de que deban ser hospitalizados y de que necesiten recibir cuidados médicos adicionales después de que su estado de salud se estabilice. Por lo general, cuanto antes se haga la intervención (a ser posible, antes de que se llegue a la desnutrición o de que se establezca un ciclo continuo de atracones y purgas), más breve será el tratamiento necesario.

En último lugar, es importante resaltar que podemos desempeñar un papel fundamental para que la persona afectada desarrolle una actitud sana ante la comida y la alimentación, ya que nuestra propia imagen personal podrá influir en ella. Considerando la prevención, será de vital importancia intentar hablar sobre hábitos alimenticios, es decir, centrarnos más en lo que es saludable en vez de en el peso, sentirnos satisfechos con nuestro aspecto físico, evitar discusiones relacionadas con la comida y adoptar un papel activo en la creación de un estilo de vida saludable, en el que se desarrolle una actitud sana con los alimentos y el ejercicio físico, además de asistir a un psicólogo que pondría al alcance del paciente los medios necesarios para resolver los conflictos de su vida.Finalmente, mencionar que la formación de niños y jóvenes en la alimentación es una de las claves de prevención de los trastornos de las conductas alimentarias.

Gabinete psicológico: empatía
Gabinete psicológico: empatía

La psicóloga Estefanía Valero aborda periódicamente asuntos que preocupan a los ciudadanos e inciden en su salud mental. Valero cuenta con máster en Psicología Clínica y Salud y con experiencia profesional en el ámbito de la psicología desde hace más de 7 años. En la actualidad, es psicóloga de Gabinete Veintiuno, centro que ofrece servicio especializado en psicología y psiquiatría, siendo una de sus principales pretensiones revolucionar la intervención psicológica convencional convirtiéndola en algo más práctica y adaptada exclusivamente a cada persona.

 

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