¿Para qué sirve un espacio natural protegido?

La creciente demanda social de espacios de ocio y la pérdida de rentabilidad económica de las explotaciones agropecuarias, está socavando la estructura socioeconómica de muchos espacios rurales, llegando incluso a la desaparición de toda actividad productiva en los casos más extremos. Paralelamente, para suavizar el problema, desde los años 1990 algunas administraciones emprenden políticas de protección y gestión de las áreas naturales y rurales, con el objetivo de salvaguardar sus características geofísicas y contener el impacto de las actividades humanas.

La ley valenciana 11/1994 de espacios naturales protegidos, define como tales “las áreas o hitos geográficos que contengan elementos o sistemas naturales de particular valor, interés o singularidad, tanto debidos a la acción y evolución de la naturaleza, como derivados de la actividad humana, que se consideren merecedores de una protección especial”. Esta ley persigue la preservación de los ambientes de especial relevancia al tiempo que abre la puerta para su uso social. En consecuencia, debería ser un instrumento eficaz para compatibilizar protección con aprovechamiento. Sin embargo, su aplicación a través de las diferentes figuras de protección (parques naturales, parajes municipales, paisajes protegidos, etc.) no ha estado exenta de controversias, recelos y conflictos, que se han manifestado por buena parte del territorio valenciano durante los últimos 20 años.

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Lamentablemente, y pese a representar el pináculo de lo que el interior mediterráneo puede ofrecer, la gestión de este espacio ha estado prácticamente en punto muerto desde que fuera declarado

La adecuada gestión de los espacios naturales protegidos es crucial en un municipio como Petrer, que cuenta con más de 7.300 hectáreas de suelo protegido (el 70% del término), siendo el municipio con mayor superficie legalmente protegida de la provincia de Alicante. Dentro de estos espacios se encuentra el Arenal de l’Almorxó, cuya herencia geológica y botánica le otorgan un excepcional valor natural y científico. También identificamos zonas húmedas y comunidades vegetales que contribuyen a crear densos y diversos hábitats para la fauna, merecedores de distintas categorías de protección legal. Pero por extensión y significado territorial, es sin duda el área comprendida entre las sierras del Maigmó, el Cid y la Argueña, la que condensa todas las características de un agro-ecosistema amplio, dinámico y complejo, producto del esforzado trabajo de las gentes rurales durante siglos en su perfecta interrelación con las condiciones que ofrecía el medio. Su consideración de paisaje protegido, zona de especial protección para aves y lugar de interés comunitario, no parece arbitraria.

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La administración lo ha enfocado al revés: una gestión adecuada del paisaje protegido del Maigmó y del Cid debería empezar por contar con la complicidad e implicación activa de los propietarios y los agricultores.

Muchos entendimos la declaración del paisaje protegido de las sierras del Maigmó y del Cid en 2007 como una oportunidad única y necesaria para gestionar adecuadamente los recursos naturales de nuestro municipio, considerando que además se podrían canalizar las actividades agrarias, ganaderas y forestales con criterios de calidad, y con una entidad propia capaz de conservar el territorio, garantizar la economía rural y conciliar los usos emergentes como el turismo de naturaleza o las actividades deportivas. En este contexto, aplaudimos las posibles ayudas públicas que llegarían vía programas de conservación del paisaje y desarrollo rural, contemplando la firme posibilidad de iniciar programas de recuperación de la naturaleza, emprender negocios en el medio rural, aspirar a producciones con sellos de calidad y, en definitiva, a detener la hemorragia socioeconómica y la deriva ambiental que este territorio sigue padeciendo.

Sin embargo, la gestión de este espacio ha estado prácticamente en punto muerto desde que fuera declarado, no se han adoptado medidas contra los grandes problemas de fondo que afectan al campo y a sus actores, y con el tiempo se ha ido desarticulando la mínima estructura humana y financiera con la que contaba la propia conservación del paisaje. Por supuesto, la elaboración de un plan rector para su uso y gestión que establece la propia ley, ni se ha desarrollado, ni se ha aprobado.

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Un tratamiento más abierto, sensato, y probablemente eficaz de estos espacios debería superar la clásica lectura de la protección ambiental en términos restrictivos y sancionadores, para avanzar hacia una gestión activa y dinámica

Con todo, el principal problema al que se enfrentan los espacios protegidos, y, en especial, éste, es la falta de tacto y la escasa consideración que las figuras de protección natural han tenido históricamente sobre aquellos en los que recae la verdadera conservación del territorio: propietarios de suelo y agricultores. En ambos casos, la existencia de figuras de protección se ha traducido en un aumento de la burocracia, un incremento del riesgo de sanciones, o en mayores dificultades para adaptar o mejorar sus explotaciones. Incluso, hay quien teme por la depreciación que podría suponer para sus fincas el hecho de estar incluidas en un espacio protegido.

Una gestión adecuada del paisaje protegido del Maigmó y del Cid debería empezar por contar con la complicidad e implicación activa de los propietarios y los agricultores. Ellos tienen bien asumido que la existencia de un espacio protegido no es un fin en sí mismo, sino el resultado del propio dinamismo de las actividades agrarias, ganaderas y forestales a lo largo del tiempo, diseñando un paisaje de gran valor estético y productivo.

Además, una gestión eficaz debería saber interpretar la fuerza de las nuevas tendencias y actividades que se están desarrollando sobre el paisaje protegido, con iniciativas emergentes que engloban proyectos desde la agricultura ecológica y la permacultura, la apicultura o la selvicultura, hasta la difusión de las actividades deportivas como escalada, excursionismo, carreras de montaña o BTT, todas ellas con un dinamismo sin precedentes. Asesorar, facilitar, dinamizar y conciliar todas estas actividades en un espacio tan frágil como el que nos ocupa, debe ser una prioridad de la política pública.

La correcta gestión de los espacios naturales de Petrer, y en concreto de las áreas que están incluidas tanto en la Red Natura 2000 como en el catálogo autonómico de espacios protegidos, es el principal de los desafíos en la gestión urbanística y territorial de nuestra localidad. Desde Compromís entendemos que el sentido de conservación y mejora de los espacios naturales en Petrer está inalcanzado. Un tratamiento más abierto, sensato, y probablemente eficaz de estos espacios debería superar la clásica lectura de la protección ambiental en términos restrictivos y sancionadores, para avanzar hacia una gestión activa y dinámica, donde los espacios naturales no sean sólo objeto de contemplación, sino lugares para la acción.

Para ampliar información y compartir ideas:
AMAT MONTESINOS, Xavier; PUCHE RUIZ, Mª Carmen. “La ruralidad como marco para la excelencia territorial: las sierras del Maigmó y del Cid, espacio de lo posible”. Disponible en: < http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/23452/1/2008_ruralidad.pdf >.

Xavier Amat Montesinos es profesor del Dto. Geografía Humana de la Universidad de Alicante y número 2 de la candidatura de Compromís Petrer.

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2 respuestas a “¿Para qué sirve un espacio natural protegido?”

  1. Interesantísimo el artículo de opinión de Xavi Amat. Se nota que ha estudiado el tema muchísimo, pero también que lo vive en su interior. Hace falta jóvenes así para renovar lo que ahora tenemos en el ayuntamiento, que están sin tener idea de ecología ni del mundo rural. ¡Y encima poen mil obstáculos y lo hacen mal!
    Espero ver a Xavi de concejal de medio ambiente y rural a partir de las elecciones municipales para que estas ideas frescas y ecológicas por fin se apliquen en nuestra ciudad.

  2. Gràcies per aquestes reflexions. Si som el municipi que més terme entè potegit, també hauríem de ser el que més pesonal i recursos dedicarem a eixe espai. Com diu amb encert Xavier, cal posar en valor aquest espai ambiental i rural des d’una visió dinàmica, una protecció activa per al desenvolupament natural i agrari. Hem d’abandonar la visió urbana de tenir muntanyes protegides per a ‘ esbarjo o fer el bèstia amb cotxes i motos. Cal un ajuntament actiu que assessore i facilite la restauració i recuperació del paisatge natural i rural des de la visió ecològica. Jo estic per aquesta opció.

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