Escritos de un joven indecente XXX: «Uno nunca puede vencerse a s

Aquí estoy, las 3:23 de la madrugada
del lunes.
Una vez más cambiando a última hora el poema
para el periódico.
Ya van dos semanas seguidas.

Tenía preparado un poema que comenzaba:

«Ocurrió en el siglo VIII.
La madrugada del día 8
del octavo mes
del año 800
cambió mi vida.

Esa fecha marcó un ANTES
y un DESPUÉS
en la forma de entender
la REALIDAD
y los DOS factores
que la componen:
EXISTIR sin SER
y SER sin VIDA.

Navegaba
por la mar
de aquél pueblo
en un humilde navío,
el Ainara,
y ahí estaba ELLA.
Una hermosa redera,
joven, con largo pelo
de luna llena,
rostro
color
brisa fresca
y ojos
verde turmalina.
Unas carnosas
aristas rosáceas
que escapan
de la sal
de la mar
que embadurna su silueta
tras una jornada intensa
de trabajo en el puerto…
Curvas donde reposan
los jugosos cigarrillos,
ribetes que son bites
donde abitan los orgasmos…
Su cuello, extenso y fino,
se asienta en una clavícula
de plata
moldeada
por El Orfebre
desde donde yacen,
cual flores silvestres,
dos tiernos pechos,
bien sujetos,
(sin armadura de nailon)
en forma de lágrimas de cielo…

Esa redera
vestía
con una pomposa falda
larga y blanca
que dejaba entrever
sus finísimos talones
cuando cruzaba las piernas
(para coser de cerca).
Calzaba unas esparteñas
que no podían ocultar
las uñas pintadas cuidadosamente
de un rojo amapola…»

Pero entonces vuelvo a hacerlo;
leo esos versos
y las dos siguientes páginas
que descomponen
la imagen
que compone
mi mente…
y lloro
y tiemblo.

¡Delirium tremens!

Paro de escribir.
Borro el resto.
Me lío un cigarro,
(sin quitarme los cascos),
y observando fijamente la pantalla
sin mirarla.

¡30 «Poemas» de mierda!
hambre,
amistades que se desvanecen,
«te quieros» susurrados hacia dentro,
guiños a compañeros
que ya se alejan a lo lejos,
torturas de egos,
fantasías
que se convierten en dolores,
pasados que regresan,
traumas,
MUJERES…
y NADA
no hay mejoría…

‒¡Así que basta!‒

Las psiquiatras son muy caras,
yo seguiré escribiendo
pero les ahorro la pérdida de tiempo:
No habrá cambios repentinos
en mis versos.

Leído uno,
leídos todos.
No pierdan el tiempo
conmigo…
pues
uno nunca puede vencerse a sí mimo.

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