Nota: Este artículo ha sido publicado en la Revista de Moros y Cristianos de Petrer 2014, recientemente presentada, y ya a la venta, con casi 300 páginas y un dvd, en librerías y quioscos de la localidad. Muy recomendable.
Previa.- Este artículo es transcripción, algo recortada y perfilada, del que publiqué en la revista conmemorativa del 25 Aniversario de la Fila de los Cruzados del Tercio de Flandes en 2004. Ello explicaría su estilo y sentido narrativo que tal vez no es el más propio para la Revista Oficial de Fiestas, pero así se «parió»y debo respetarlo.
Tengo la íntima convicción de que nunca habría puesto negro sobre blanco el cómo y por qué en 1965 Petrel añadió a sus tradicionales fiestas de Moros y Cristianos el acto del pregón a no ser por presiones emocionales insalvables que no vienen al caso. Bien es cierto que alguna vez lo había referido de palabra, pero no es lo mismo… Las palabras generalmente se las lleva el viento, son hijas de un momento y cuando el momento pasa, las palabras se desdibujan, se pierden y la mayoría de veces se olvidan… y nada queda. Después uno puede continuar con su recuerdo, vuelve a hacerlo suyo, exclusivamente suyo, soportando su «pecado» y el por qué hizo tal cosa, quedando para sí, sólo para sí mismo, la alegría de su bondad, el dolor de su necedad o la indiferencia con que puedes contemplar el valor que otros dan a lo que fue para ti un incidente puntual de un apurado momento.
Si me perdonan la inmodestia -no tal si hacemos honor a la verdad-, debo decir que fue idea mía enriquecer nuestros más sentidos y tradicionales festejos con un pregón, que se celebraría el Día de las Banderas, y que aportase a los mismos una pincelada de cultura dentro de su naturaleza teatral y festiva. Yo, que en lo referente a las fiestas de San Bonifacio, siempre he tenido un criterio y un sentir tan lejano, tan distante y tan dispar del que tenían la inmensa mayoría de los petrolancos de aquel Petrel de los sesenta. Y puede resultar todavía más sorprendente decir que de la «invención» del pregón la culpable fue la política, exclusivamente la política. Sorprendente y casi antagónico,… pero verdad, como iré explicando en este relato. Vayamos a los hechos:
A principios de 1960, en Petrel, un grupo de jóvenes habíamos constituido el «Círculo Juvenil Villa» dentro de la Organización Juvenil Española, la OJE, organismo estatal y casi único reconocido para encauzar las inquietudes de la juventud. Era época, como todos saben, de restricciones severas de libertad, individual y colectiva. Gracias a la flexibilidad -y complicidad- de los responsables políticos de la OJE, aquel grupo juvenil pudo desarrollar toda una serie de inquietudes y actividades culturales, políticas y formativas que poco a poco iban trasladándose a su sociedad más próxima, como avanzadilla de la visión social y política de lo que iba a ser después de alguna década nuestra actual España. En sus semanales tertulias nocturnas a las que se invitaba a otros jóvenes y menos jóvenes que no formaban parte del Círculo, se hablaba de política, de religión, de poesía, de historia, de teatro, pero desde parámetros y concepciones nada acordes con la ortodoxia del régimen que nos gobernaba. Tales afanes, inevitablemente, se trocaban en actividades públicas con la pretensión de «contagiar» a los demás nuestras inquietudes y las distintas formas de ver, organizar y desarrollar el pequeño mundo de nuestro entorno si se partía de la libertad individual y el respeto mutuo.
A principios de 1964 el Círculo Juvenil Villa organizó una «Semana Social». La actividad consistía en tres conferencias sobre el Movimiento Obrero. Se dieron en el ya desaparecido Cine Pax. La organización de tales actos estuvo precedida por un sinfín de cautelas y cuidados para que todo pareciese de lo de lo más normal, cosa nada fácil en aquellos tiempos en que hablar de Movimiento Obrero era nombrar la bicha y arriesgarte a disgustos desagradables con los magistrados de lo Social. El ambiente que iban creando las charlas y los coloquios que después de las mismas se organizaban, iba «in crescendo» de una a otra y la última resultó apoteósica, por la exposición del conferenciante y por el interés participativo del público que concurría. Estos acontecimientos hoy resultarían anodinos y faltos de interés pero en aquella época fue todo un hito con la consecuencia lógica de que las autoridades locales me llamaran a capítulo, como responsable que era del grupo organizador, por tamaña osadía. Me pusieron firme y pidieron explicaciones; la primera autoridad local, Nicolás Andreu, tomó cartas en el asunto; habíamos puesto en evidencia la reputación política de personas que apreciaba y no merecían tal disgusto. Mi reflexión fue que tenía que convencer a los estamentos de que no éramos tan «malos» y nos dejaran continuar con nuestras actividades. Y aquí empieza a fraguarse la idea del pregón.
Un domingo a mediodía conté mis cuitas a don Juan Madrona (q.e.p.d.), profesor mío que fue, con quien siempre me unieron vínculos de cultura y amistad. Una vez más me puso en el mejor de los caminos: «busca algo que tenga relación con las fiestas de Moros y Cristianos y que de alguna manera vincule a las abanderadas porque ellas serán garantes de la aceptación pública y del éxito, eso te «redimirá»». Subiendo a Petrer por la «senda del Petrolero», que también ha desaparecido, ya sabía lo que tenía que hacer, seguramente porque estaba cerca la Semana Santa, y toda Semana Santa que se precie tiene un pregonero. Sí, eso podría ser una buena idea: un pregón de fiestas para las de San Bonifacio. Además, que yo supiera, ninguna de las fiestas de Moros y Cristianos celebraban el pregón, por lo tanto era, a mayor gloria, una novedad. Quedaba cómo conexionar el pregón con la abanderada.
Me encaminé a Hipólito Navarro (q.e.p.d.) por aquel entonces presidente de la Unión de Festejos, le expuse la cuestión y pregunté qué podía ocurrírsele a él que podría ser el acto. No estuvo muy animado por la propuesta, le sonó a raro («algún «embolao» que quiere meterme éste», seguramente es lo que pensó) y tampoco me dijo nada interesante que pudiera servir para «amueblar» el acontecimiento. Así pues, tenía una idea que no sabía cómo plasmarla en hechos concretos y además la Junta Central de Comparsas tampoco es que se interesara por el tema. El panorama no era alentador… pero el empeño era firme.
En poco tiempo tuve las cosas claras, se trataba de un parlamento que ensalzara nuestras fiestas y de alguna forma había que vincular a las abanderadas porque ellas garantizaban la posibilidad de hacerlo y el éxito de la concurrencia. Así pues, si lo celebrábamos el Día de las Banderas, como ya es primavera, podrían ser unos juegos florales en honor a las abanderadas y, como colofón del acto, el pregón. Aquella parida me pareció genial porque además se le iba a dar una pincelada de «calidad cultural» a las fiestas con aquello de las poesías. Ahora había que organizaría, darle cuerpo… y «venderla», que no era poco.
«Venderla» a los jóvenes que en aquel entonces componíamos el Villa era el primer paso. Costó lo suyo, pues todo lo que pudiera tener aires folclóricos no estaba bien visto, pero lo conseguí. Después había que ir a por la Junta Central de Comparsas. Para Hipólito Navarro me valí de una de sus mayores «debilidades» en aquellos tiempos, su afición a repartir pergaminos a todo aquel que se cruzase en su camino, así que le expuse el guión: las abanderadas el domingo después de Pascua, a ritmo de pasodoble festero, harían un pasacalle desde el Ayuntamiento al Cine Regio; allí ocuparían el estrado; unos rapsodas les ofrecerían sus poemas ensalzando su bondad, belleza y protagonismo festero. Acto seguido él, Hipólito, tendría el honor de pronunciar el «Primer pregón de fiestas». Y como broche de oro al acontecimiento, le entregaríamos a todas y cada una de las abanderadas de todas y cada una de las comparsas que desde 1940 habían sido, un pergamino con su nombre, el de la comparsa y año de su reinado. Yo creo que esto último le llegó al alma… y a poco, estuvo de acuerdo con la idea. Había conseguido subir el escalón más difícil. La maquinaria se puso en marcha: las gestiones «oficiales», autorizaciones, teatro, música, etc., corrieron por su cuenta. ¡Ah!, pero la confección de aquellos centenares de pergaminos fue cosa nuestra, del Villa, igual que contactar con los vates y solicitar permisos a algunos de ellos para que otros leyesen sus poemas, organizar el acto, decorar el escenario… ¡y entregar los pergaminos, rápidamente y sin fallos! Porque eran nominales a cada una de las abanderadas. Si fallabas en una entrega, fallabas al menos en dos y aquello podía tirar por los suelos todo el esfuerzo. Debo decir que la organización de entrega fue para mí lo más difícil y lo más satisfactorio porque no tuvo ni un fallo, fue perfecto.
Todo salió a pedir de boca, todo fue un éxito y un contento, todos estuvimos felices y, sin pretenderlo, nuestras fiestas se habían enriquecido en un acontecimiento más. A este respecto debo decir que la Junta Central de Comparsas, pese a ofrecérselo, en ningún momento quiso responsabilizarse de este evento ni hacerlo suyo, actitud que me sorprendía y chocaba, así que, finalizada la actuación, redacté una memoria detallada y pormenorizada del acontecimiento y recuerdo que se la entregué a Germán Sala, por aquel entonces secretario del Club de la Juventud, sociedad que sí demostró interés por recoger el testigo que el Villa dejaba.
Así nació nuestro pregón de fiestas. Lo antagónico por contradictorio del hecho, fue la causa que lo engendró: la política. ¡Quién iba a decir que un acto, hoy tan enraizado en nuestra historia festera, tuvo una «madre» tan lejana al sentir festero: la política, de las más puras y a la vez hetaira de todas las cualidades humanas! ¡O sí!
Para el alma colectiva de los pueblos solo queda el hecho que perdura. Sus causas, sus protagonistas, el tiempo las difumina, desaparecen o quedan como meros instrumentos circunstanciales; sólo el hecho es lo válido, lo que cuenta al final de esta historia: el pregón, que en fabulosa ósmosis, se integra plenamente en el noble océano rico, multicolor, brillante, profundo, inmenso, que es el alma festera del pueblo petrolanco.
Relación de pregoneros
1965 – Hipólito Navarro Villaplana
1966 – Evaristo Pla Medina
1967 – Jesús Tordesillas Fernández
1968 – María Antonia Rodulfo Boeta
1969 – Juan Garrigós Piecho
1970 – Tomás Varcárcel Deza
1971 – Emigdio Tato Amat
1972 – Pedro Zaragoza Orts
1973 – Baldomero Palomares Díaz
1974- Enrique Oltra Moltó
1975 – Federico Gallo Lacárcel
1976 – Vicente Ramos Pérez
1977 – Alfredo Rojas Navarro
1978 – Andrés Bañón Martínez
1979 – Hipólito Navarro Villaplana
1980 – José Luis Mansanet Ribes
1981 -Blas Hernández Martínez
1982 – Herminio Verdú Beneito
1983 – Juan Madrona Ibáñez
1984 – Manuel Mira Candel
1985 – José María Bernabé Maestre
1986 – Antonio García Miralles
1987 – Luis Carandell Robuste
1988-Javier Basilio Pérez
1989 – Victoria Prego de Oliver
1990 – Enrique Amat Vicedo
1991 – Jordi García Candau
1992 – Francisco de Paula Blasco Gascó
1993 – Olga Viza López
1994 – Joaquín Planelles Galiano
1995 – Antonio Navarro Bernabé
1996-José Blanes Peinado
1997 – Luis Sánchez Sánchez
1998 – Neus García Iniesta
1999 – Josep Vicent Marqués González
2000 – Andrés Pedreño Muñoz
2001 – Pilar Megía Rico
2002 – Mari Cruz Soriano Soares
2003 – Francisco Máñez Iniesta
2004 – Enrique Navarro Quiles
2005 – Carmen Maestre Tortosa
2006 – Begoña Tenés Navarro
2007 – Francisco Iborra Verdú
2008 – Juan Miguel Reig Aracil
2009 – Vicente Poveda Poveda
2010 – Vicente Olmos Navarro
2011 – Joan Lerma Blasco
2012 – Francisco López Pérez
2013 – Juan Miguel Sanjuán Jover
2014 – Juan Ramón Montesinos Máñez
Amigo Juan Ramón, en aras de la verdad, no podemos colgarnos la medalla de que en Petrer naciesen los pregones de fiestas de Moros y Cristianos.
Navega por internet una grabación , de calidad pésima, del pregón de las fiestas de Alcoy del año 1957. La grabación procede de Radio Alcoy, que o bien lo grabó para emitirlo después, o lo retransmitió en directo.
Lo que ocurrió después es que Alcoy modificó la forma de pregonar sus fiestas, y desde hace muchos años su verdadero pregón es el desfile de La Gloria, que se celebra el domingo de Pascua de Resurrección.
Saludos y ánimo para el sábado. Eso está ahí.
Ni me acordaba yo de que podría aparecer en alguna foto, pese a que colaboré en el montaje de este Primer Pregón y en sucesivos con el Club de la Juventud.
Estimado Elias; Ignoro cómo se hacía el Pregón de fiestas de Alcoy, que según anotas surgió por el año 1957. Pero infórmate bien, porque seguro que el Pregón de Petrer, en su inicio en 1965. no tenía nada que ver con el de Alcoy, así que creo que no procede relacionarlo, cuando lo sí cierto es que aquí se inició como unos Juegos Florales, por eso se leyeron poesías, algo que con el tiempo se ha perdido.
Pero tus palabras » en aras de la verdad, no podemos colgarnos las medallas de que en Petrer naciesen los pregones de fiestas de Moros y Cristianos.» Cuando Juan Ramón habla exclusivamente del Pregón de Petrer. Y eso no me negarás que en el artículo queda claro el porqué nació y quienes lo realizaron, inclusive el propio presidente de la Unión de Festejos inicialmente no lo acogió con muchas ganas, pese a que luego fué el pregonero, eso deja claro que no nació de la propia fiesta.
Y he de añadir que esta madrugada tu intervención en Hablar por hablar, ha sido un acierto, al relatar tus vivencias con «Antonia Moltó Villaplana». Yo que ya conocía parte de su ttrayectoria, me ha resultado muy grato.
¿Y qué hacias a esa hora de la madrugada escuchando la radio en vez de estar durmiendo?
Si has seguido el programa habrás escuchado la historia que ha narrado un señor de Linares sobre La prima Marcelina. Aún siendo dramática, como muchísimas otras de la posguerra, es un vodevil al lado de la de Libertad Brotóns. Igual dentro de un par de semanas vuelvo a llamar al programa, la cuento y hago llorar a los 400.000 «murciélagos».
Sobre lo del pregón.
Juan Ramón dice en su artículo: «…Además, que yo supiera, ninguna de las fiestas de Moros y Cristianos celebraban el pregón, por lo tanto era, a mayor gloria, una novedad».
Por consiguiente quien dice que, sin asegurarlo: «que yo supiera», el de Petrer pudo ser el primer pregón es Juan Ramón. Yo simplemente aclaro que en Alcoy ya se hacia. Ignoro si desde 1957. Lo que digo es que hay testimonio fonográfico de ese año. Lo cual ya es, de por sí, un documento valiosísimo.
Y claro que el pregón de Petrer en su inicio no tendría nada que ver con el alcoyano. Como tampoco lo tiene el de Sax, que se pronuncia al inicio de las fiestas desde el balcón del Ayuntamiento, ni el de Elda, que es en el castillo de las embajadas.
Pero síntesis todo son pregones.
Y te agradezco tu intervención, que al menos nos ha servido para cambiar impresiones, aunque sea de cara al público.
Saludos.