Escritos de un joven indecente (CLXXXI): Treinta versos de amor y un poema desesperado

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Treinta
GOLONDRINAS
de Febrero
gorjean
en el nido
interior
de una calavera.

Dos
patrias
en su haber:
PETRER
en el
CORAZÓN
y
ALTEA
en el
ALMA.

Venció
al monstruo
del fracaso
cuando
el cañón
amenazó
sienes
y gargantas
como
méritos
necesarios
para
entrar
a formar
parte
del club
de los MITOS
inmortales.

Tocó
el fondo
del tintero:
“El oficio
de VIVIR,
el oficio
del POETA”
cuando
la POESÍA
le impuso
SER
su siervo.

Hecho
de los restos
de
MUJERES
que salvaron
su existencia
huyendo
de él
sin despedidas:
santas beatas,
guerrilleras,
princesas
que no acudirán
a su FUNERAL
porque
incumplió
la promesa
de la
ETERNIDAD
y sólo es ya
un cadáver
de RECUERDOS
pues
entregó
a cada una
de ELLAS
todo lo que
ERA:
mal amante,
melancólico,
enfermo,
INSOPORTABLE;

¡NADA!.

AHORA,
como
AYER,
porta
corona
de LIRIOS
sin SER
mártir,
y en sus
VERDES
ojos
la derrota
permanente
con
la mirada
del que no
quiere
VIVIR
en sus
PUPILAS.

Estandarte
del pesimismo
sin vanguardias
ni banderas
compró
los derechos
de AMOR
del desencanto
consigo
mismo
y para
SIEMPRE.

Hijo de poesía
necrófila
donde
la angustia
y el DOLOR
llevan
seis lustros
en guerra civil
dentro
de su psique.

Esqueléticas
manos
que vomitan
pintura
abstracta
(con más
PASIÓN
que talento)
y
VERSOS
por vencidos
porque
lo más
TRISTE
es que
siente
como
único
TRIUNFO
seguir
VIVO.

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