6.600 kilómetros en 4 días

La Semana de la guitarra de Petrer que este año alcanzará su decimocuarta edición, es un ente autónomo que crece de manera espectacular año tras año. El esfuerzo titánico de su director, el tan conocido como querido José Payá, ha ido contagiando, con el trascurrir del tiempo, a un grupo cada vez mayor de entusiastas colaboradores que hacen posible, junto al incondicional apoyo institucional, que nuestra tierra se llene durante 2 semanas de una mezcolanza de culturas, razas e idiosincrasias unidas por el lenguaje universal de la música en 6 cuerdas durante el mes de julio.

Si dedicáramos unas pocas horas a preguntar a nuestros vecinos sobre este evento, estoy segura que un porcentaje altísimo de personas sabrían contestar, no solo correctamente, sino que además muchos de ellos añadirían que la Semana de la Guitarra es uno de nuestros mejores escaparates a nivel mundial y un potente revulsivo a nuestra delicada economía local.

Durante estos 14 años han pasado cientos de alumnos y profesionales de la guitarra, muchos de ellos regresan año tras año encumbrando a nuestra “Semana Internacional de la Guitarra Villa de Petrer” a la mejor de cuantas se realizan en España en cuanto a guitarra clásica se refiere. Estas relaciones, con gentes venidas de lugares tan lejanos y dispares desembocan a lo largo de los años en sinceras amistades. Gracias a dos de estos amigos, Tomi Tolvanen de Tampere (Finlandia) y Tiit Peterson de Tallín (Estonia), ha sido posible que un grupo de 20 personas de Elda y Petrer hayan formado parte de una experiencia sin igual dentro de dos de los festivales de guitarra más importantes del mundo. Viajar a estos países ha sido impresionante y llevar con nosotros nuestro más querido folklore musical, todo un lujo que nos ha llenado de orgullo.

Imagen tomada después del concierto de Tallín, en la emblemática sala de 1399 "The House of the Brotherhood of the Blackheads", concierto organizado con el apoyo de le embajada española de Estonia.

De esos 6.600 Kilómetros de viaje intenso por tierra, mar y aire, quisiera destacar la hospitalidad y amabilidad con la que nos trataron los diferentes anfitriones, mostrándonos lugares nuevos e interesantes y colmándonos de atenciones. ¡Puedo asegurar que en muchos momentos nos sentimos como estrellas rutilantes en plena gira mundial! Grandiosos esos lagos infinitos rodeados de bosques sin fin, la vista del sol naciente más rojo que hayamos podido ver nunca, el ayuntamiento de Tampere (uno de los escenarios), palacio sin igual de la democracia y del arte en todo su esplendor, y sus gentes, tan diferentes a nuestro carácter latino y a su vez tan atentos, cívicos y educados, que sin duda alguna han dejado una huella imperturbable en nuestra memoria y en nuestro corazón.

En nuestra segunda parada, Estonia, no puedes evitar notar una extraña mezcla entre cierto rumor lejano de la URSS comunista con un capitalismo que le da una gran importancia al turismo y a su rico patrimonio histórico. Pasear por sus empedradas calles te traslada a uno de los cuentos clásicos de los hermanos Grimm, con esas impresionantes murallas, castillos, palacios, iglesias ortodoxas y luteranas, además de cientos y cientos de edificios del medievo. Hasta los camareros van ataviados a la usanza medieval y como no podía ser de otro modo, solo puedes olvidarte de que estas en pleno siglo XXI y dejarte llevar, igual que un niño soñador, en un viaje en el tiempo siglos y siglos atrás.

Si bien quería compartir con ustedes pequeñas pinceladas de este intenso viaje, debo y quiero destacar lo más importante del mismo: 14 músicos de nuestra tierra, con edades comprendidas entre los 11 hasta los 46. Todos a una, con la intervención como solista de Francisco Albert Ricote y  bajo la dirección de José Payá López, interpretando canciones tan nuestras y queridas como “Lágrima” de Tárrega, “La Paloma”, “Los Pastores” o “La Sinda”, entre otras. No puedo describir la emoción que sentí al oír el pasodoble “Amparito Roca” penetrando en las frías paredes de piedra estona en la sede de la hermandad llamada “Cabezas Negras”, que data del año 1399 y cuyo edificio se remonta a la primera mitad del siglo XVI. Esta emocionante fusión de culturas solo es posible gracias al arte: no me extraña que muchos de los asistentes, que por cierto abarrotaron el histórico espacio, se pusieran en pie y aclamaran con numerosos “bravos” y “olés” durante el concierto.

 

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