Todos somos emigrantes

«Petrolancos» versus «Cagalderos»: fue un conflicto que viví dividido. En un lado estaban mis parientes y amigos de infancia y en el otro mis amigos recientes. En Elda me integré en una pandilla de chicos de mi edad y con ellos pasaba el tiempo libre. Años después formé parte del grupo de teatro eldense Coturno, mientras trabajaba en la notaría de Petrer. Mi aspiración era marcharme a Madrid para ser actor y esperaba superar el obligatorio y engorroso servicio militar para seguir ese sueño.

Pero también Brasil era otro de mis sueños. Los relatos de mi abuelo y mi tío sobre la naturaleza y la gente de allá ya me habían contaminado de «saudade», cuando llegaron al pueblo unos parientes del abuelo; sus primas María Luisa, Olga y Magdalena Mollá, junto a Joao Garbellini, hijo de emigrantes italianos y esposo de la primera, quienes también habían, en la misma época, emigrado a Brasil. A ellos les había ido bien y, en viaje de placer por Europa, se acercaron al pueblo y se reencontraron con sus raíces y parientes. Nos contaron que eran propietarios de «fazendas» de café, en tierras entre los estados de Sao Paulo y Paraná. Nos animaron a hacerles una visita.

Vicente Mollá Montesinos con su esposa francesa Ivette.

Cuando tuve la fortuna, gracias a una úlcera duodenal, de librarme de la mili, me sentí libre de amarras para volar del nido. De algún modo conseguí el dinero para comprarme un pasaje trasatlántico de avión y me aproveché de la hospitalidad generosamente ofrecida por mis parientes indianos. Con ellos viví los primeros tres meses y también me ayudaron a instalarme en la ciudad de Curitiba, capital de Paraná (la gigantesca Sao Paulo asustaba a este chico pueblerino). Allí hice nuevos amigos «de toda la vida». Emociona recordar la hospitalidad con que me acogieron. Me sentí en casa. Hice mis primeros trabajos profesionales en teatro y descubrí un pueblo y una cultura fascinantes.Yo había oído muchos relatos sobre el Brasil rural que vivieron mis abuelos, cuentos de la selva y sus animales, de las plantaciones y de los emigrantes de todo el mundo que allí convergieron. Yo descubrí el Brasil urbano, su literatura, teatro, poesía y música, que me deslumbraron. En especial la música.

Celebración familiar en Petrer de la boda de Vicente, tras haberse casado en segundas nupcias con la argentina Susana Trocca en 1962.

Me hubiera quedado, pero era un emigrante sin papeles. Con un visado de turista, tenía que viajar a Paraguay cada seis meses, cruzar el puente y pasar 48 horas en la ciudad fronteriza entonces llamada Presidente Stroessner, para conseguir otros seis meses de tregua. Pasaron dos años y la mejor idea era regresar a España para hacer desde aquí los trámites y conseguir un visado de trabajo.

Pero pensé que, antes de convertirme en un brasileño, me faltaba vivir en la ciudad en que había nacido. En la gira de una compañía de teatro española en Brasil, conocí a un gran actor: Antonio Llopis, con quien contacté a mi regreso. Estaba organizando una escuela de interpretación y me pareció que bien valía la pena estudiar un poco. Hice algunos papeles en teatro y un poquito en cine cuando surgió, inesperada, la oportunidad de hacer un programa en Radio 3. Me permitía mostrar la belleza de la música descubierta y conocer, en persona, a los artistas que vinieran por aquí, que ya admiraba.Y en Madrid sigo, 22 años después.

El autor del artículo en un momento de su actividad profesional relacionada con la música. Aquí, con Caetano Veloso, asistiendo a un ensayo de Maria Bethania, hermana del cantante brasileño.

Vivo en la ciudad y en el país en que nací por casualidad. Podría, a estas alturas, ser otro brasileño. Aunque soy de Petrer. Mi tío Vicente Molla aún lo tenía más enrevesado: nació en Brasil, vivió en Petrer, su pueblo; en Marruecos y, finalmente, en Argentina, aunque también tenía pasaporte francés. El y mí familia materna emigraron por necesidad y yo lo hice por inquietud.

He querido antes contar algo de su historia y la de mi familia para dar un testimonio personal, antes de caer en los lugares comunes que todos sabemos, aunque parece que algunos olvidan, así que es necesario repetirlos una vez más.

Y aquí, el mismo Rodolfo Poveda con Miguel Poveda, en los inicios de su carrera como cantaor.

En la posguerra muchos españoles emigraron; unos por persecución política, otros por hambre. En Alemania, Francia, Suiza, México o Argentina, entre otros sitios, encontraron acomodo. Hoy, en nuestro país las ideologías no están perseguidas y hay más prosperidad. Se ha convertido en una tierra de acogida a emigrantes. La mayoría no vienen por gusto, sino por necesidad, como se marcharon muchos de nuestros abuelos y otros parientes.

Remontándonos más en el tiempo, la Península Ibérica ha sido siempre tierra de paso de muchos pueblos: celtas, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, godos, musulmanes de diversas procedencias, judíos…, eso por hablar sólo de la historia escrita. Los paleontólogos nos dicen que, desde la aparición de los humanos en algún lugar de África, éstos se extendieron por todos los rincones del planeta. En términos planetarios, no hace tanto tiempo de eso.

En fin, que creo que las fronteras no son sino convenciones, de las que el poder, que las crea y controla, abusa siempre. Que el libre tránsito de las personas debería ser un derecho, en todos los casos, tanto si uno se ve obligado a trasladarse como si sólo desea hacerlo.

NOTA: Artículo publicado originalmente en la revista Festa 2005.

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3 respuestas a “Todos somos emigrantes”

  1. Buenisimo el relato de Rodolfo. Aparte del minucioso y documentado estudio de su apasionante ascendencia y peripecia familiar,el “relato” es un auténtico canto a la libertad “de movimientos” entendida en su mas amplio sentido,es decir , la supresión de las fronteras, tal y como hoy están concebidas.
    Siete años después de su publicación,tu relato emociona.
    Un abrazo

  2. Prezado Rodolfo,lendo seu artigo. me interessei pela história da família Mollá.Minha Avó Luiza Mollá,morava aqui no Brasil no estado do Paraná na cidade de Jacarézinho.Lembro de você nos idos dos anos 70,moro em uma cidade vizinha chamada Santo Antonio da Platina,era conhecido pelo apelido de Pico e meu e-mail é: L.alceuGarbelini@hotmail.com.Se puder entre em contato.Abraço!

  3. Me estoy enterando gracias a tí por todo lo que pasaron nuestros antepasados y te aplaudo por haber conocido nuestros orígenes brasileños.
    Tb te recuerdo mucho

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