Retazos del ayer

Desde la revista ‘Festa 98′, reproducimos este extraordinario artículo de la Cronista Oficial de la Villa, Mari Carmen Rico, en el que “se ha querido recuperar aspectos de las costumbres y de la vida social del Petrer de hace ya algunos años para dejar constancia de la forma en que vivían nuestros antepasados (…), a través de este recorrido ilustrado con imágenes representativas de una época, para que los más jóvenes tengan constancia del modo en que vivieron sus antepasados y los más mayores rememoren sus vivencias más entrañables”.

 

Retazos del ayer

“Historiable es todo aquello que tiende a mejorar la humanización de la vida individual y colectiva” – Américo Castro

Petrer. Principios de 1900. Un pueblo de 3.928 habitantes y un total de 939 casas. Un pueblo eminentemente agrícola y alfarero. Un pueblo con una manera de ser con tradiciones hoy ya desaparecidas. Con este trabajo hemos querido recuperar aspectos de las costumbres y de la vida social del Petrer de hace ya algunos años para dejar constancia de la forma en que vivían nuestros antepasados.

Conocer cómo eran y cómo se celebraban acontecimientos importantes como los bautismos, las comuniones, las bodas, la muerte, la funebría… de aquellos tiempos, que eran otros, muy distintos a los actuales. Sí, aquellos eran otros tiempos: era el tiempo de arrop i tallaetes, de la randa o encaje de bolillos, de les cabres –manchas que salían por las piernas en invierno como consecuencia de haber estado pegados al fuego-, de los montones de almendras secándose, allá por el mes de octubre, en los zaguanes de las casas… Eran también los tiempos en que nacía La Sociedad Filarmónica “La Primitiva”, la Unión Musical y “La Enarmónica”. También por esos años se construía la Balsa del Moro, el Gran Cinema, el matadero y el colegio Primo de Rivera. Los agricultores se reunían y fundaban la Cooperativa Agrícola y Caja Rural de Ahorros y Préstamos de Petrel y empezaban a despuntar las primeras fábricas de calzado.

Aquel Petrer acababa virtualmente en el Portal, con su fuente y abrevadero. Era el Petrer de las fuentes, con sus interminables tertulias. Era el Petrer que olía a espeso mosto y a pan recién horneado.

A través de este recorrido ilustrado con imágenes representativas de una época, hemos querido evocar esos años, sobre todo para que los más jóvenes tengan constancia del modo en que vivieron sus antepasados y los más mayores rememoren sus vivencias más entrañables.

Bautizo y niñez

Los bautizos, hasta bien entrados los años 60, se celebraban cualquier día de la semana. Se solía bautizar a los pocos días de nacer, incluso en algunas ocasiones se bautizaba el mismo día del nacimiento.

La niña Herminia Jover Sánchiz. Año 1906.

Carmeta Bernabé Ferrándiz. Año 1914.

A los niños los llevaba a bautizar la comadrona, después de haberlos vestido y arreglado. De camino a la iglesia ésta iba en el centro del cortejo con el niño en brazos y los padrinos del recién nacido uno a cada lado. La ropa del bautismo, los faldones, pasaban de padres a hijos y era frecuente escuchar estos comentarios: “amb açó van batejar a ma mare” o “en la mateixa roba van batejar a la meua iaia”.

Los hermanos Dolores, Emilia y José Mª Beltrán Beltrán. Año 1911.

Juan Bautista Amat Maestre "Morregales" a la edad de un año. Año 1920.

Al recién nacido se le ponía en la cabeza un gorrito blanco de batista con puntillas que se anudaba por debajo de la barbilla y que recibía el nombre de carota. Ésta se le colocaba a los más pequeños con el fin de que las orejas no se despegasen mucho de la cabeza, también para protegerlos del frío y algunos, incluso, sorprendentemente pensaban que la carota evitaba que a los niños les creciera mucho la cabeza. Al primer hijo del matrimonio en la mayoría de las ocasiones se le ponía el nombre de uno de los abuelos.

Había padres que por motivos religiosos –no eran creyentes- no querían bautizar a sus hijos. Entonces la madre hablaba –casi a escondidas- con el sacerdote y éste lo bautizaba.

Bautizo de María Riquelme Molina. Año 1936.

El niño Luis Brotons Amat con un patinete. Año 1932.

Por lo que respecta a los convites, solían celebrarse según las posibilidades económicas de cada familia. Generalmente el banquete consistía en unas pastas: magdalenas, rollos de aguardiente, chocolate, anís y mistela. Las personas que trabajaban en el campo solían hacer el convite a base de nueces, higos y otros productos que la tierra ofrecía. Ya fuera una u otra, la comida solía desaparecer como por arte de magia.

En los bautizos participaba toda la chiquillería del pueblo. Iban todos aunque no hubiesen sido invitados porque los padrinos solían echar al aire, tras salir de la iglesia, caramelos, chucherías y golosinas. También los padrinos, en algunas ocasiones, después de la ceremonia religiosa tiraban calderilla al salir de la iglesia, en las gradas y por el balcón de la casa, estando preparados los más pequeños en la calle para llenar los bolsillos con todo lo que pudieran recoger. Los niños, cuando no salía el padrino a tirar monedas gritaban y repetían: “Si no tiren cansalà que se muiga la cría” o “Bateig cagat en una xufa mos han pagat”. Incluso había quien no hacía ningún tipo de celebración.

Los hermanos Helios e Isabel Villaplana Planelles. Año 1921.

La niña Amalia Amat vestida de luto por la muerte de una hermana. Año 1921.

Se podría decir, sin lugar a dudas, que la niñez es la etapa más feliz de la vida. Las niñas y los niños de Petrer corrían y jugueteaban por unas calles y plazas donde no había peligro y por las que no pasaban apenas coches.

Los niños, a finales de la década de 1910, se subían a los porches del edificio del casino el Terrós y correteaban por allí; se asomaban a les boqueres y miraban por el agujero de la cerradura de la puerta de una habitación donde se guardaba la cabeza de la Mahoma.

Los juegos más frecuentes, entre los años 20 y 30, eran el gua, la píndola, oliva, la trompa y el diábolo, entre los niños, y la tella y la comba entre las niñas.

La niñez siempre era motivo de retratarse para dejar constancia de la época más tierna de la vida. La niña Maruja Verdú Jover a los cuatro años de edad. Año 1928.

Bautizo de Carmen Navarro. En la foto recién nacida junto a su familia Navarro-Maestre. Año 1922.

Retrato de los sobrinos de Luis Sánchiz Payá, hecho con el fin de mandarlo a su tío que estaba en la guerra de Melilla. En la foto los hermanos Herminia, Josefina, Elías y Mercedes Jover Sánchiz y los primos Nieves Rizo, Luis Soler y Gabriel Sánchiz. Año 1923.

Retrato de los sobrinos de Luis Sánchiz Payá, hecho con el fin de mandarlo a su tío que estaba en la guerra de Melilla. En la foto los hermanos Herminia, Josefina, Elías y Mercedes Jover Sánchiz y los primos Nieves Rizo, Luis Soler y Gabriel Sánchiz. Año 1923.

José Tortosa Poveda. Año 1928.

Remedios Navarro y su hermano Andrés "el Cachap". Año 1928.

Pedro Rico Beltrán. Año 1929.

Maruja Verdú Jover con su hermano Román y una amiga vestidos con el traje que simbolizaba la República, incluido el gorro frigio, y custodiando un retrato de los conocidos popularmente como los mártires de Jaca, Fermín Galán y Ángel García Hernández. Año 1931.

Los hermanos Nuria y Salvador, los hermanos Vicente y Juanita Rico y los primos Pedro Bella y Delfina García en los años de la Guerra Civil.

Luis Amat "el Majo" con un juguete de la época. Año 1931.

Matilde Rico Navarro. Año 1931.

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