Recuerdos de una infancia frustrada

Heridos

El edificio del Casino Eldense y el chalet del industrial Porta se habilitaron como hospitales desangre. Resultó familiar el deambular de grupos de heridos, con sus pijamas, los brazos en cabestrillo y con muletas, por las calles del pueblo. Los que podían, solían acercarse hasta «Casa de la Josefina», prostíbulo de fama, visitado por el sexo fuerte procedente de Elda y otros pueblos. Entre las meretrices destacaba la Lulú, francesa a la que casaron con Fernandico, pobre hombre de una simplicidad extrema, que lo utilizaban como recadero de la casa. El día de la boda le pusieron un sombrero de copa y cruzaron su pecho con una banda de la que colgaba un enorme pistolón. La pareja de desposados salieron al balcón del Juzgado situado frente al Casino, a saludar a un público que los aclamaba entre risas y palabrotas. Fue un espectáculo cómico en aquellos días tristes. La Lulú obtuvo por este acto la nacionalidad española y siguió al frente de sus meretrices.

Entierros

El entierro de un herido era espectacular. Acudían a él representaciones de todas las organizaciones obreras con sus pancartas, banderas rojas y rojinegras, y de ramos de flores.El cortejo fúnebre desfilaba por las calles de Elda hasta el cementerio. A veces, antes de meter el ataúd en el nicho, se pronunciaban unas palabras y se cantaba la Internacional con el puño en alto. En uno de estos actos destaparon el ataúd, y la gente desfiló, lentamente, ante el cadáver. Era casi un niño, apenas apuntaba el bozo en la palidez de su cara; su cuerpo no abultaba. Un obús le arrancó media espalda.

Los internacionales

EL amarillo chalet de Porta hospitalizaba los heridos procedentes de las Brigadas Internacionales. Los chicos los veíamos enormes, limpios y disciplinados. En la calle nos acercábamos a ellos con curiosidad. Una tarde, en la escuela durante la clase de don Jesús Andrés, un holandés altísimo, tocado con un sombrero de los usados por los exploradores, pidió permiso y se sentó en uno de los pupitres. Con rostro plácido, fue siguiendo el desarrollo de la clase con curiosidad. Terminada esta, se puso junto a la puerta y fue entregándonos unos seudo-dulces que sacaba de los bolsillos de sus pantalones.

Reemplazos

Se movilizaron hasta jóvenes de 17 años, la llamada «quinta de biberón». A cada nueva leva daban una sesión de cine soviético con fines propagandísticos. Como la entrada al Cine Cervantes, era gratuita, infinidad de veces vimos proyectar el ACORAZADO POTENKIN, EL CARNET DEL PARTIDO, LA LLAMADA DE LA PATRIA, EL CIRCO y otras más. Al terminar las proyecciones aparecía un suelo alfombrado de cáscaras de semillas de girasol y pieles de boniato.

Todas las tardes se llenaban los cines. Las gentes, cansadas de la guerra, buscaban la evasión en el celuloide americano.

«... como la entrada al cine Cervantes era gratuita, infinidad de veces vimos proyectar EL ACORAZADO POTEMKIN...»

La iglesia de Santa Ana

Los días que duró el derribo de la iglesia de Santa Ana, impresionaba. Unos obreros sacaban a cubos la miel de un gigantesco panal de abejas formado bajo la techumbre del templo parroquial. La iglesia era el único edificio de valor arquitectónico e histórico de la ciudad, aparte del ruinoso castillo.

El amplio solar lo utilizaban para el estacionamiento de los camiones militares procedentes del frente de Madrid. Si el convoy era de las Brigadas Internacionales, los camiones se situaban correctamente en batería, si pertenecían a otras unidades,cada conductor lo dejaba a su aire.

El final de la guerra

Se rumoreaba que la guerra tocaba a su fin. El Gobierno o lo que quedaba de él, se instaló en la finca de El Poblet, convertida en la famosa posición «Yuste». Una madrugada no cesaron de pasar coches con destino al campo de aviación instalado en el llano de El Mañá, cerca de Monóvar. De allí partiría el último Gobierno de la República hacia el largo exilio.

Elda amaneció con banderas blancas. Un silencio denso pesaba sobre la ciudad. Las calles, desiertas, impresionaban. Daba la sensación de que sus habitantes, en masa, habían huido. ¿Qué estaba ocurriendo?

Contemplando los sucesos desde la distancia de los 50 años transcurridos, hoy seguimos preguntándonos: ¿Qué estaba ocurriendo en aquellos días?

¿Qué estaba ocurriendo?

Esa era la pregunta que, a lo largo de los tres años de guerra, nos hacíamos los que apenas contábamos una decena de años. Vimos los hechos como simples espectadores, no teníamos ni voz ni voto en la tragedia que se estaba desarrollando a lo largo y a lo ancho de la ibérica piel de toro. Nuestra generación quedó marcada para siempre, la experiencia no era para menos. Contemplando los sucesos desde la distancia de los 50 años transcurridos, hoy seguimos preguntándonos: ¿Qué estaba ocurriendo en aquellos días?

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3 respuestas a “Recuerdos de una infancia frustrada”

  1. Interesante lectura, gracias a la redacción
    El relato me ha hecho recordar unos grafitis a lápiz,en idioma ruso, que se podían ver en los bajos de una escalera de un edificio anexo al casino Eldense,…, sin duda lo escribió alguien de las brigadas internacionales.
    También recuerdo a mi abuela Soledad cuando hablaba de su época de enfermera en el hospital sito en el chalet de Porta.

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