Petrer: su historia ferroviaria

Artículo publicado originalmente en el cuadernillo Bitrir nº 15 (antiguo suplemento de El Carrer)

O. INTRODUCCIÓN

Por una cosa u otra, el término municipal de Petrer se ha quedado sin ver pasar el tren por sus tierras. En su época -cuando los ferrocarriles eran movidos a vapor- los agricultores petrerenses se negaron a que la vía férrea -Madrid- Alicante- transcurriera por los olivares y las huertas de la Partida de la Canal, el Campet y la Almafrá, alegando que el humo de las locomotoras podría dañar los cultivos. Después vino -en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera- el proyecto de construir «un camino de hierro» que acercara las mercancías de Alcoy hasta Alicante. Se eligieron dos arrinconados kilómetros y medio de nuestro término para aproximar a las dos ciudades más importantes con que, entonces, contaba nuestra provincia. Se produjeron expropiaciones de tierras, se unieron barrancos, fueron perforados túneles pero el tren nunca pasó por aquí. Hoy, al cabo de más de sesenta años, el proyecto ha sido desestimado definitivamente y el Gobierno Central anunció en octubre pasado que los propietarios o sus herederos pueden recuperar las tierras enajenadas a mediados de los años veinte. Sin embargo, el Ayuntamiento petrerense por unanimidad acordó en la Sesión Plenaria del mes de Febrero de 1991, solicitar a la Administración que esas tierras reviertan en el municipio.

1. EL FERROCARRIL ALICANTE-ALCOY A SU PASO POR PETRER

En realidad, el ferrocarril Alicante-Alcoy a su paso por Petrer es una larga franja de tierras tortuosas que a lo largo de casi tres kilómetros (de oeste a este) transcurren por el paraje de El Palomaret. Al cabo de más de seis décadas, se conservan casi intactos los puentes, los túneles del Barranc del Vidre y los taludes formados para que, en su día, el ferrocarril pasara con cierta comodidad por uno de los terrenos más dificultosos de nuestra provincia. Lo más costoso de la infraestructura férrea se terminó en los plazos establecidos en las contratas, incluso se machacó la piedra para que pudieran colocarse los raíles. Sin embargo, por oscuras vicisitudes políticas, la línea Alcoy- Alicante nunca se puso en funcionamiento a pesar de los elevados costos que supuso abrir un nuevo trazado con los rudimentarios métodos de la época.

Hoy, prácticamente todo el recorrido, se está utilizando como caminos rurales para aproximar los distintos parajes de la zona o como bases firmes para la ubicación de los numerosos canales de aguas potables, que alimentan a los embalses artificiales que riegan posteriormente la próspera agricultura de la vecina población de Agost. También es empleado incluso como ancha senda para los amantes de la excursión y el cicloturismo. Cuando se utiliza un vehículo para recorrer los pocos kilómetros que tiene de largo toda esta infraestructura, por los mismos cauces por donde debió transcurrir el ferrocarril, se tiene la sensación -si se deja escapar la imaginación- de ir montado sobre un tren. Es el mismo paisaje de túneles, puentes y estrechos pasos que el viajero se encuentra cuando se desplaza en tren por tierras similares. Sólo falta el traqueteo que producen las ruedas de hierro al pasar por cada una de las juntas de los raíles. El resto es similar. No existen curvas pronunciadas. Cuando se mira por la ventanilla hacia abajo se observan los cauces de los barrancos y si es hacia arriba, pronunciadas escarpaduras artificiales resultado del trabajo de los hombres. Las escarpaduras todavía conservan, a pesar de los años pasados, un color distinto y virgen diferente a los montes de los aledaños.

1.1. Indiferencia en la población

El anuncio de la construcción del ferrocarril Alicante-Alcoy a su paso por Petrer, no produjo ningún tipo de reacción por parte de los agricultores, como ocurriera 60 años antes con la ampliación del nudo ferroviario de La Encina, que prolongó sus servicios hasta Alicante y que, por «influencias» en la Administración Central, nunca penetró en nuestra población por culpa de los intereses de los agricultores locales que alzaron airadas sus voces. El tren siguió el cauce del río Vinalopó y no pasó por la línea prevista (Sax-Santa Bárbara-Almafrá-Reventó). Los responsables ferroviarios optaron por no tener un conflicto con los petrerenses y prefirieron perforar un largo túnel subterráneo por debajo del monte de la Torreta que, dicho sea de paso, es el único que existe a lo largo de los cuatrocientos kilómetros que separan la capital de la provincia de la capital del Estado Español.

Paso peatonal.

Años más tarde, los petrerenses se quejaron que la expansión de Elda se debió en gran parte a que la línea ferroviaria pasaba por la ciudad vecina y que las inmejorables comunicaciones de pasajeros y mercancía habrían ayudado a tal expansión, quedando Petrer apartada de este servicio y relegada a un segundo plano económico.

Pasados los años, sin duda alguna, la geografía urbana tanto de Petrer como de Elda, sería otra muy distinta si la línea férrea hubiese atravesado el Valle Medio del Vinalopó por El Poblet y Santa Bárbara, salvando el accidente geográfico de la Rambla de Puga y en línea recta hubiera llaneado desde la actual Cooperativa del Vino hasta el Reventón. No fue así. Como tampoco se llevó a feliz término el proyectado ferrocarril Alicante-Alcoy. Quizás si se hubiese abierto esta línea, también la fisonomía local habría cambiado en la zona Sureste de nuestro término.

Estación de ferrocarril Elda-Petrer.

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