Leo Brouwer, no sólo de música vive el hombre

¿Ya no sigue componiendo para el cine?

Hasta hace poco sí, pero el cine me ha ido desencantando. Hice la música de algunas películas más desconocidas y también las de de casi todas las películas de Tomás Gutiérrez Alea. Pero en ese momento yo ya no estaba en Cuba, estaba fabricando la orquesta cordobesa. Hice también la música para Como agua para chocolate, un par más y me paré. Y ahora es muy difícil que lo haga porque el cine, salvo el europeo, el cine pobre incluso, imita demasiado al peor Hollywood. Quizá el buen cine no exista, existe el cine independiente y algunas superproducciones mágicas, más en la factura que en lo definitivo del mensaje. Por eso, incluso en Cuba se ha pasado utópicamente a hacer películas para competir con el cine comercial. Me parece un absurdo. El que no tiene dinero no puede competir con las películas millonarias, tieneque competir con calidad. Y por eso no hago más música para cine.

Usted que es tan activo cuando dirige, ¿cómo se siente al tener que hacerlo con muletas?

La dirección austera ya llegará, cuando tenga 95 años dirigiré un poco más tranquilo. Con el menisco lesionado, no puedo interiorizar y responder con mi cuerpo a ese sonido, así que voy a dirigir sentado, pero no voy a dejar de hacer estos conciertos porque es una segunda naturaleza. Si se produjera un gesto displicente hacia este esfuerzo, el solo hecho de mecanizar un acto cultural, me desmorona y entristece. Por eso sólo salgo a trabajar fuera de mi área dos o tres veces al año, cuando antes lo hacía todos los meses: Lo que más duele al hombre es el desamor, más que el insulto, que se puede contestar. Pero el desamor es muy desagradable.

¿Qué música le gusta escuchar para acompañar su vida o desconectar de su propia música?

No quiero exagerar, pero tengo centenares de discos con obras mías que no he escuchado nunca. No debería decirlo, no es que los desprecie, es que no tengo tiempo. La vida es tan hermosa que cuando tienes dos veces treinta y cinco años tienes que vivirla con más intensidad todavía. Yo hago un panorama en todo porque muchos clásicos rechazan las formas populares de cultura y a mí me encantan. Los mejores amigos míos son jazzista y rockeros. Con mis alumnos Pablo Milanés y Silvio Rodríguez hice durante tres o cuatro años aquel grupo que formó a los mejores jazzistas y cantantes de habla hispana, entre los mejores del mundo. Soy amigo de John McLaughin, de Aldi Meola, Djavan, Milton Nacimiento, de Paco de Lucía, de Tomatito y también de Camarón en su momento. Me quieren, no es un alarde, me deja atónito, pero es fantástico. Me hago querer y los adoro también, y los entiendo. He enseñado a los músicos populares a partir de una serie de distancias. No es posible hacer la letra de una canción inteligente como las de Pablo o Silvio sin conocer un panorama completo de la poesía.

¿Tiene predilección por algún músico en especial?

En especial más bien algunos géneros que llegado a ser tocados de una manera impecable. Por ejemplo, el Renacimiento y el Barroco o lo muy contemporáneo, que siempre me aporta algo nuevo. Son como los nuevos paisajes. Todos los paisajes del mundo tienen montañas, ríos, florecitas, mariposas y aves bonitas, excepto Alaska y el Polo Norte, que se está derritiendo, así que hay que disfrutarlo de otra manera. Mi paisaje es aquel que ha ido modelando la cultura del hombre, no es el paisaje que se repite mecánicamente. Y el paisaje sonoro se está unificando en la aldea global, como diría McLuhan, porque ya todos los lugares suenan igual.

¿Tendrá al menos una receta para escuchar música en diferentes momentos del día?

Si yo fuera un poco más normal, pondría mi barroco en la mañana temprano, haría mi desayuno, como hago ahora, y se lo llevo a mi mujer a la cama, eso me da puntos. Después, cuando me doy una ducha pongo algo de cotemporánea para vibrar con intensidad. Y así llega la noche y entonces hay que leer, aunque sea un párrafo en un semáforo. ¡Hay que leer tanta literatura maravillosa! Y hay que dividir el día en todas esas cosas, a mirar el paisaje también. El arte abstracto me enseñó a mirar el paisaje urbano y el campo de otra manera. Por citar sólo un pintor español, a partir de Tapies, un muro desconchado tiene valor estético a los ojos del hombre que sabe mirar. Y así no me ha ¡do mal. La vida es riquísima desde ese punto de vista.

Gallén, Pepe Payá y Brouwer ya relajados tras la conclusión del concierto.

¿Qué opinión tiene sobre la música electrónica o la electrónica aplicada a la música tan en boga?

La música electrónica viene de muy lejos, de Shaeffer, de Pierre Henry, de los experimentos de los años 40 y 50. Hoy práct¡camente, la electrónica se refiere a la música pop, porque las versificaciones y sutilezas un poquito más profundas, como las que hacía Peter Gabriel, al que hace tiempo que no oigo, han cedido a la avalancha comercial del tecno y de una serie de formas que me gustan, siempre que tengan elementos creativos y no sean redundancia pura. Porque algunos hip-hoperos cogen un background, le cambian la letra y tienen tres temas. Eso no es hacer música. De esos se pueden escribir diez al día, hay que inyectarle algo nuevo que no sea solamente el mensaje hablado. ¿Quién influye en esa repetición, en esa abulia: sólo el rapero específicamente o la disquera que le pide otro rap parecido a ese otro que hizo fulano? Ahí vienen a jugar los factores comerciales de la música popular. La electrónica es poderosa, es hermosa, pero puede ser, y es de hecho tal como se está utilizando, repetitiva y aburrida. No lo vemos porque sirve a la actitud lúdica del bailador, de pasarlo bien el fin de semana, simplemente.

A estas alturas de su vida, ¿podría definir lo que es la música o digamos que aún no tiene una opinión formada sobre el asunto?

Yo creo que no. El que diga que la música ‘es así’ está equivocado. Están las músicas maravillosas. Si nos vamos a las músicas de Asia, a las del indio norteamericano o del Mato Grosso, nos podemos quedar locos. Son músicas alucinantes, llenas de riqueza, de la que somos desconocedores. No puedo dar una definición de la música. La música es un elemento para que el hombre tenga una vida más rica, más saludable y plena. La música es Beethoven, Vivaldi, Falla… es abrir una ventana y mirar hacia fuera y cerrarla. Es lo que hacía Kant y lo que hacía Lezama Lima, que abría la puerta y se decía: “qué bonito día” y volvía a cerrarla, porque tenía su mundo interior. Yo ahora, cuando ya no puedo caminar, pues me imagino que estoy corriendo.

Por lo que ve en el mundo de la música contemporánea, ¿se sigue considerando un revolucionario, cree que ha ido más allá que el resto de los músicos, al menos en el aspecto intelectual?

Bueno… no, hay grandes músicos. Lo que pasa es que la música contemporánea tiene varias corrientes. Una de ellas es continuadora, otra es innovadora, que pasó del minimalismo a la vanguardia loca, y en la que yo participé también. Y otra corriente, en la que yo me siento a mis anchas, que mezcla la gran tradición renovable de la vanguardia y los toques de retroceso histórico de homenaje a nuestra propia cultura. La síntesis de lo viejo y de lo nuevo te da un producto distinto, esto es lo que me interesa. Me gustaría hacer, y lo hago, un barroco que no es barroco. Me han calificado de posmodernista antes del posmodernismo, en el 69. La nueva simplicidad del sonido, por ejemplo, esa música tranquila, la new age. Esa música suave, cool, pierde todos sus valores cuando se comercializa. Ahora bien, si tu coges esa esencia de lo tranquilo, de lo sereno, y le inyectas vivencias, toques de magia, flashes, es otra cosa. Yo hago mucha música basada en los movimientos de cámara del cine, hago zooms y travellings con mi música. El problema de la música es que técnicamente es tan compleja, necesitas aprender tanto, que no te da tiempo a leer, a ver plástica o cine, no te da tiempo a corroborar la vida cotidiana de otra manera, y yo no puedo vivir sin englobar todo lo que me rodea. Como decía Ortega y Gasset, “yo soy yo y mi circunstancia”.

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