La II República: la antesala del enfrentamiento

Conmemorando el aniversario de la II República, recuperamos uno de los trabajos de investigación que sobre el período se publicó en la extinta revista Petrer Mensual. Está basado en el estudio de las actas de pleno del ayuntamiento, que es el hilo conductor para conocer las vicisitudes del pueblo. Este fidedigno documento fue la base de tres artículos (publicados en los números 88, 90 y 91 de Petrer Mensual) que anteceden y continúan los hechos de este artículo, centrado en la génesis de, en la época, una nueva (y para muchos esperanzadora) etapa, la II República.

“La II República: una democracia sana y real que debía dejar atrás los tiempos de la pantomima que supuso la Restauración y los ademanes autoritarios de toda dictadura. El 14 de abril de 1931 comenzaba esta etapa en Petrer y en el resto del país, no sin euforia y sin cambios denominativos: del “excelentísimo señor alcalde –presidente” se pasó ahora al “ciudadano alcalde y ciudadano concejal”. Las urnas hablaron y dijeron lo siguiente: el alcalde sería Santiago García Bernabéu, y los concejales Luis Amat Poveda, Nicolás Andreu Maestre, Luciano Pérez Maestre, Andrés Payá Poveda, Juan Millá Aracil, Gonzalo Beltrán Boyé, Pascual González Montesinos, Francisco Chico de Guzmán y López, José García Verdú, Tomás Tortosa Rodríguez e Isaías Villaplana Díaz.

Aquella elección del pueblo se reveló muy pronto problemática, designando a representantes que simplemente no podían trabajar juntos. Las piezas del puzzle no encajaban, ni siquiera limando sus aristas, pues las personas no abandonan odios y resentimientos tan fácilmente como los viejos protocolos. Los concejales Nicolás Andreu Maestre y Luciano Pérez Maestre fueron abucheados e insultados, ya en su primer día, por los miembros del ala más genuinamente republicana –ya fuera de manera cierta o autoproclamada- del consistorio –la mitad de sus miembros-, por considerarlos monárquicos (recordemos que Nicolás Andreu Maestre fue el último alcalde de la dictadura, aunque sólo tuviera tiempo de celebrar un pleno). Ellos presentaron su dimisión inmediatamente, pero no les fue admitida. Este será el inicio de un enfrentamiento que llegará a extremos bufonescos y del que daremos buena cuenta en el despiece.

No podemos sustraernos de este hecho, sin embargo, en este texto principal, porque claramente esa confrontación marcó el gobierno de la II República en Petrer. Fue un enfrentamiento de ideologías y de personalidades, de distintas formas de entender la convivencia que se fueron radicalizando al paso de los días, como ocurriría en el resto de territorios de la nación. Al poco tiempo, a mediados de 1932, y como presagiando la triste lucha cainita que vendría años más tarde, el ayuntamiento se encontró partido en dos, entre los más continuistas con los preceptos anteriores (que abandonaron durante meses el ejercicio de sus funciones) y los más rupturistas con la época pretérita. Desde la fecha señalada, superada esta primera fase turbulenta, y hasta marzo de 1934, donde dejaremos el relato, la corporación se reunía casi siempre en segunda convocatoria y las actas sólo eran firmadas por cuatro, cinco o seis concejales (recordemos que había 10). De esta forma se superaba, en parte, el desgobierno y la inacción que se había creado, así que referirnos a este ayuntamiento durante todo este período es acercarse a los esfuerzos gubernativos de los electos más reformistas.

En primer término, de derecha a izquierda, Francisco Chico de Guzmán, Nicolás Andreu y el cura Jesús Zaragoza. Recorren el camino que va de la Ermita de San Bonifacio a la Ermita del Santísimo Cristo, que estuvo a punto de desaparecer.

En primer término, de derecha a izquierda, Francisco Chico de Guzmán, Nicolás Andreu y el cura Jesús Zaragoza. Recorren el camino que va de la Ermita de San Bonifacio a la Ermita del Santísimo Cristo, que estuvo a punto de desaparecer.

Contra los símbolos del viejo orden

Así, el ayuntamiento, bajo el mandato del alcalde don José García Verdú, en el puesto a resultas de la reñida votación en el pleno del 17 de julio de 1931 (con todos los concejales presentes) tras la dimisión del anterior alcalde, acometió a rajatabla las órdenes que llegaban de instancias superiores, con más o menos entusiasmo. Unos órdenes que trataban de cambiarlo todo. La denominación de las calles; como por ejemplo en el pleno de septiembre de 1931: “se acuerda cambiar la calle de San Vicente por la de Vicente Blasco Ibáñez, y también la calle San Antonio por la de Giordano Bruno”. Las costumbres, como en un pleno anterior del 15 de junio: “el señor Tortosa pide a la presidencia que se tomen las medidas necesarias para que los menores de edad no sean admitidos por los dueños de los cafés, bares, etc., en sus establecimientos, evitando con ello la propagación del vicio, tan frecuente en los jóvenes, y a más que sería una medida en bien general. El señor González se adhiere a lo expuesto por el señor Tortosa, manifestando a la vez que también se obligue a los dueños de los establecimientos a que por lo menos cierren a una hora prudencial y no molesten a altas horas de la noche a los vecinos de aquellas inmediaciones, que al día siguiente tienen que rendir cuenta en sus trabajos”. A los jóvenes se les reguló hasta su pasatiempo favorito, hoy mucho menos arraigado que entonces: “referente al juego de pelota, para poder jugar a este juego en las calles que se determinen, habrá que pedir autorización, comprometiéndose los jugadores a cuantos daños se originen en el juego y no pudiendo comenzar hasta las 4 de la tarde”.

Algunos de los pilares tradicionales de la sociedad, como la Iglesia o la Guardia Civil (tan unidos a toda dictadura, no siendo una excepción la que les precedía), no tardaron en tambalearse. En el pleno del 5 de agosto de 1931, uno de los más largos del último lustro, en la sección de ruegos y preguntas, se decide “que se investiguen por la presidencia si los somatenistas de la localidad han entregado sus armas y con nota de los individuos que forman este cuerpo.(…) Pide la palabra el señor alcalde y dice que se pida al gobierno de la República la destitución del cuerpo de la Guardia Civil, sustituyéndose ésta por el cuerpo de la Guardia Republicana, quedando aprobado”. Respecto a la Iglesia, se acuerda “anular la consignación que consta en el presupuesto para fiestas religiosas y subvenciones eclesiásticas, lo cual quedó aprobado” y también la “prohibición de que se celebren actos religiosos por las calles, que se aprueba con la salvedad del concejal Juan Millá Aracil, que objeta que siendo un régimen de libertad para todos el que se está instaurando, queda este tema para cuando el gobierno de la nación dicte las leyes especiales para este caso”.

Esta prohibición traería cola, y así, un mes más tarde el pleno da “lectura a un oficio del señor cura (don Luis Poveda Juan) de esta villa, dirigido a esta alcaldía, poniendo en conocimiento que nutridas comisiones de este pueblo habían acudido con el anhelo de que salga en procesión por las calles la patrona de la virgen del remedio el día 7 del próximo octubre como es costumbre”. Los concejales entran en el cuerpo a cuerpo dialéctico que les caracteriza, protagonizando Pascual González (en contra de la propuesta) y Andrés Payá (a favor de la propuesta) los mejores momentos: ”insisten en que se realice el acto los concejales Santiago García y Andrés Payá, oponiéndose a ello Pascual González, manifestando que recordara que hay un acuerdo suprimiendo todas las fiestas religiosas, por cuyo motivo le extrañaba la conducta de Andrés Payá, recordando que tiene un acta firmada donde se suprimen dichas fiestas, (…) constatando dicho señor Payá que dejase de recordar lo pasado, que él también tenía otra acta firmada que de recordársela no le vendría bien y en cambio se lo callaba. Dando lugar todo ello a que determinara el acta aludida, manifestando el señor Payá que dicha acta era que si no se marchaba el puesto de la Guardia Civil presentaría la dimisión el ayuntamiento en pleno”*.

Al final, “por mayoría se acuerda no autorizar la celebración del acto religioso que se solicita por las calles, a excepción de los concejales Juan Millá Aracil, Santiago García y Andrés Payá Poveda que insisten en que se celebre, y se abstienen de votar los concejales Isaías Villaplana Díaz y Francisco Chico de Guzmán”. Al año siguiente, los vecinos fueron más astutos y solicitan del ayuntamiento la iniciativa de celebración de unos “festejos públicos de carácter cívico tradicionales” para el día 7 de octubre, y el ayuntamiento, no sin disensión, accede, pero haciendo notar que el presupuesto consignado para fiestas “es insignificante”.

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Una respuesta a “La II República: la antesala del enfrentamiento”

  1. Lo que sucedía entre las paredes del Ayuntamiento de Petrel en aquellos primeros días de una España republicana, eran el fiel reflejo de lo que sucedía en todo el territorio español.
    En este, por aquel entonces pequeño pueblo alicantino, al igual que en tantos otros, la llegada de la 2ª República trajo consigo un mar inmenso de sueños e ilusiones.
    Millones de ciudadanos recibieron con alborozo su llegada.Significaba un nuevo aire de libertad.No es este el momento de recordar todo aquello que el pueblo llano y oprimido esperaba de ella.
    Pero de nuevo los dirigentes, o mejor dicho los políticos, destrozaron con sus disputas y rencores las esperanzas de tantos españoles.
    Y poco a poco se fué avivando la llama que provocó el pavoroso incendio del año 1936.
    Gracias a Dios,( es un decir ), hoy en día tenemos menos hambre y menos piojos que entonces, pero casi los mismos politicos de antaño.
    Por lo que a poco que se “sople” en los rescoldos de aquel lejano incendio, se avivarían “las brasas” de la discordia.

    Decía Marañón…España cansa mucho.

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