La comunidad morisca en Petrer y su expulsión en 1609

Nota: Artículo publicado en la Revista Festa 2009.

Cada vez con mayor frecuencia los medios de comunicación nos infor­man de la conmemoración a través de actos de carácter científico, cul­tural o lúdico, de acontecimientos acaecidos en épocas pretéritas. Sirvan como ejem­plo, por citar algunos de ellos, la conmemoración en el año 2004 del quinto centenario de la muerte de Isabel la Católica, en el 2008 se solemnizó el octavo centenario del nacimiento del rey Jaime I, el bicentenario de la Guerra de la Independencia,o el 550 aniversario de la muerte del rey Alfonso V el Magnánimo. Celebraciones que fueron acom­pañadas de exposiciones, conferencias, congresos y publicaciones que nos permitían a la sociedad actual conocer y reflexionar sobre hechos y per­sonajes históricos. Este año de 2009, entre otras celebraciones, se conmemora un hecho que fue dramático para la sociedad valenciana del siglo XVII, el 400 aniversario de la expulsión de los moriscos, cumpliéndose el decreto firmado por el rey Felipe III en 1609.

Salida de los moriscos del valle del Vinalopó por el puerto de Alicante.

Salida de los moriscos del valle del Vinalopó por el puerto de Alicante.

Como no podía ser menos, en torno a este echo se han organizado exposiciones, congresos y cursos monográficos, con la colaboración del Ministerio de Cultura a través de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales en muchas comunidades autónomas, siendo una de ellas la Comunidad Valenciana, antiguo Reino de Valencia, y la ciudad de Granada, capital del Reino Nazarí, lugares donde la población morisca era muy numerosa (1). Pero creemos que estos actos no deben ser tomados como mera difusión cultural de una conmemoración, sino que deben ser el vínculo entre dos sociedades que meditan y reflexionan el significado y trascendencia de la expulsión.

Dicho esto lo primero que debemos definir es quiénes eran los moriscos, dónde se localizaban y cuáles eran sus medios de producción. Centrándonos en el ámbito de las tierras situadas en el sur de la actual provincia de Alicante, las preguntas tienen fácil respuesta ya que los moriscos eran la población islámica que se había quedado en este territorio tras ser conquistado a los musulmanes por los reyes cristianos Jaime I de Aragón y el in­fante Alfonso de Castilla en la primera mitad del siglo XIII.

Por el Tratado de Almizra, firmado en 1244, se fijaba la línea de frontera del recién creado Reino de Valencia por Biar, Castalia, Jijona y Calpe, quedando Villena, Sax, Petrer, Novelda y Alicante como territorio de frontera septentrional del antiguo Reino de Murcia que había sido conquistado por las tropas cristianas de Castilla, capitaneadas por el infante don Alfonso.

Para consolidar la frontera sur del recién creado Reino de Valencia, Jaime I favorecía el sentamiento de nueva población cristiana en la zona de Biar-Castalla al quedar sus tierras y castillos lindantes con las poblaciones del Medio y Bajo Vinalopó, territorio que tras la conquista cristiana de Castilla quedaba poblado mayoritariamente por sarracenos que tuvieron que adaptarse a la nueva estructura política de régimen feudal. Los musulmanes, ahora denominados mudéjares por vivir en territorio cristiano, podían seguir hablando su lengua, el árabe, desarrollar sus usos y costumbres, conservar su religión, así como la propiedad de la tierra, pero ahora sujeta régimen de vasallaje en la figura del rey o de un señor territorial.

Esta población mudéjar convivió con la pobla­no cristiana y judía durante varias generaciones, no sin tensiones o enfrentamientos como fueron la sublevación de los sarracenos del Reino de Murcia en 1264-1265 o el asalto a la judería de Valencia en 1391. No faltaban las protestas de los represen­tantes de las aljamas ante los señores territoriales porque comerciantes mudéjares eran hechos prisioneros para luego pedir el dinero de su rescate, pero pese a estos y otros altercados siempre se lle­gaba a firmar nuevos acuerdos que facilitaban sus relaciones a pesar de sus diferencias culturales.

Escena con personajes moriscos. (Dibujo realizado en 1529 por el viajero alemán).

Escena con personajes moriscos. (Dibujo realizado en 1529 por el viajero alemán).

En 1399 se firmaba en Orihuela, en la iglesia de San Jaime, una Concordia de Hermandad entre las villas de la Gobernación de Orihuela y las al­jamas mudéjares para evitar asaltos, saqueos y violencias, que tendría vigencia hasta 1408 y se renovaría cada dos años. Por Petrer firmó, como representante de García Jofre de Loaysa, su escu­dero y procurador Sancho de Camargo, y como síndico y procurador de la aljama Mohamet Abenzeyle. La concordia firmada recogía derechos y deberes a respetar por las dos comunida­des. De los capítulos de la Concordia señalamos los referentes a los cautivos: En caso de ser mu­déjares, las villas cristianas tendrían que pagar su rescate si se probaba que no habían cometido de­lito; si eran cristianos los prisioneros llevados a Granada, las aljamas se comprometían a pagar su rescate en el término de seis meses. En caso de asesinato, si era cristiano, la aljama tenía que pagar 2.000 sous, la mitad para su familia y la otra para el Consejo; si el asesinado era un mu­déjar, la villa tendrá que pagar 1.200 sous, a re­partir en partes iguales entre la aljama y el señor territorial que perdía un vasallo.

Bautismo de los moriscos granadinos. Retablo de la Capilla Real de la Catedral de Granada (Obra de Felipe Vigarny, 1521).

Bautismo de los moriscos granadinos. Retablo de la Capilla Real de la Catedral de Granada (Obra de Felipe Vigarny, 1521).

En agosto de 1404 el Consejo de la villa de Elche presentaba en Orihuela la denuncia de la de­saparición de tres vecinos en un camino de Petrer cuando iban a Biar a una boda. Tras una investi­gación se encontraron a una mujer degollada en medio del camino, de los dos hombres no encon­traron rastro alguno. Era frecuente que las mujeres fueran asesinadas; sin embargo, los hombres eran tomados como prisioneros para pedir luego el di­nero de su rescate (González, 2002).

Fue a finales del siglo XV cuando la situación de convivencia empezó a sufrir serias alteraciones, sobre todo en Castilla tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos en 1492 y la expulsión de los judíos decretada por los mismos monarcas. Se firmaron unas Capitulaciones con los mudéjares de Granada, reconociéndoles sus derechos, pero las presiones ejercidas por el cardenal Cisneros lleva­ron a los reyes a decretar en 1502 que todos los mu­déjares de Castilla tenían que bautizarse o emigrar. Esto produjo gran malestar entre la nobleza valen­ciana, cuya principal mano de obra era el campesino mudéjar, como también era la fuente de sus rentas en tierras de realengo, por ello el rey Fernando pro­metió en las cortes de Aragón y Valencia (1502- 1503) que esta medida no sería aplicada. Juró que ni él ni sus descendientes obligarían al bautismo for­zoso de los mudéjares de la Corona de Aragón.

Pero el precedente de Granada no dejaba de in­quietarles. Allí oficialmente ya no habían musul­manes, pues tras el bautismo todos eran cristianos, “cristianos nuevos” o despectivamente “moris­cos”, por lo tanto ya no podía haber mezquitas, que pasaron a ser iglesias, ni podían hablar su lengua, ni regirse por la Sunna y Xara (2). Pero los cristianos viejos, y sobre todo el estamento eclesiástico, re­celaban de esta conversión, ya que en verdad los nuevos convertidos se resistían a perder sus señas culturales de identidad, a pesar de que la Inquisición podía acusarles y condenarles por realizar prácticas islamizantes.

En el Reino de Valencia la comunidad mudéjar estaba muy protegida por la nobleza feudal ya que ocupaba y tenía el dominio útil de sus tierras, obteniendo de su producción las rentas. Por ello en la revuelta de las Germanías (1519-1522), un conflicto que comenzó siendo urbano (oligarquía ur­bana contra menestrales y pueblo llano) terminó por extenderse a las áreas rurales donde los agermanados se enfrentaron a la nobleza atacando a la población mudéjar que servía a los señores terri­toriales, realizando bautismos forzosos. En algún momento el propio mudéjar consentía en bauti­zarse para evitar la represión a la que estaban siendo sometidos. Finalizado el conflicto se planteaba el dilema de si los bautismos eran legales, y una junta de teólogos dictaminó que sí lo eran. Por otra parte, Carlos V, en 1525, promulgaba el decreto de bautismo o expulsión de todos los mudé­jares del Reino de Valencia. A partir de ese momento fueron conocidos como “cristianos nuevos de moros”, “nous convertits” o “moriscos”, para distinguirlos de los cristianos viejos hasta su expulsión en 1609.

Los moriscos de Petrer

Como hemos expuesto, los moriscos, así denominados por haberse bautizado, eran la población islámica que tras la conquista cristiana se había quedado en el mismo territorio, siendo respetada la práctica de sus usos y costumbres. Eran conocidos como mudéjares por vivir bajo régimen feudal cristiano, que tras ser obligados a bautizarse pasaron a ser identificados como “cristianos nuevos” o moriscos.

Partiendo de este hecho, nos centraremos en la sociedad morisca de Petrer, haciendo primero una breve exposición de las consecuencias de la conquista cristiana del castillo y tierras de Petrer por las huestes del Reino de Castilla capitaneadas por el infante don Alfonso. Tras la conquista este territorio fue dado por Alfonso X el Sabio como señorío a Jofre de Loaysa en 1258. Bajo dominio feudal, primero de la familia Loaysa y más tarde de los condes de Cocentaina (1431-1513) y con posterioridad de la familia Coloma, condes de Elda desde 1577, la población de la baronía de Petrel fue mayoritariamente mudéjar y morisca hasta su expulsión en 1609.

Los señores territoriales de la aljama mudéjar de Petrer  en más de una ocasión salieron en defensa de sus vasallos a quienes se les había reconocido la práctica de su religión, su lengua y cos­etumbres culturales; no en vano se les protegía, de la población mudéjar dedicada a tareas agropecuarias obtenían importantes beneficios de la percepción de rentas y regalías.

En 1361 García Jofre de Loaysa le pide al rey Pedro IV que haga justicia por el hecho de haber sido tomados como cautivos en Castalla diez sarracenos de Petrer con cinco acémilas cargadas de mercancías, que fueron vendidos en 1359. Como hemos ya referido, en 1399 Mohamat Albezyte firmaba como representante de la aljama la Concordia de la Hermandad entre las comunidades cristianas y las aljamas de los valles del Vinalopó, cuya población era mayoritariamente sarracena.

La documentación referente a la organización de la aljama de Petrer ciertamente no es muy abundante, pero sabemos que éstas estaban reconocidas como entidades jurídicas y elegían a sus representantes. Se regían por un consejo de ancianos que podían elegir a los cargos internos de las aljama, como el alcadí, que era el encargado de la administración de justicia, escribano y notario y, por tanto, era el cargo más importante. En 1308 el calí de la aljama de Petrer era Famet Abnalmidi. Estaba el alamín que era el responsable de la ejecución de los acuerdos tomados, hacía de tesorero y controlaba el reparto de los impuestos señoriales. El zalmedina ejecutaba los mandatos del cadí y del consejo de ancianos y era el encargado del orden, de controlar los fraudes y de la cárcel. Como autoridad religiosa y de gran prestigio estaba eI alfaquí que presidía las ceremonias religiosas en la mezquita, impartía las enseñanzas del Islam y velaba por el correcto cumplimiento de las obligaciones coránicas.

Mujer y niña morisca ataviadas con su indumentaria característica. (Dibujo realizado por C. Weiditz, 1529).

Mujer y niña morisca ataviadas con su indumentaria característica. (Dibujo realizado por C. Weiditz, 1529).

Como representante del poder real estaba el baile, que vigilaba que se cumplieran los pactos y las ordenanzas y supervisaba las cuentas, intervi­niendo si era preciso en pleitos importantes. Como representante de la defensa de los intereses del señor actuaba el procurador.

Otro aspecto que no conocemos bien es la evo­lución demográfica de la aljama. De época bajo- medieval no se dispone de censos específicos de población, por ello las fuentes utilizadas por los investigadores son de tipo fiscal y no siempre eran aplicables a todos los estamentos sociales, además de haber exenciones y ocultaciones. Algunos im­puestos eran de aplicación general como el “fogatge” que se decretaba en Cortes para solicitar un donativo para el rey. Otros como el “coronatge” y el “maridatge”, se exigía con motivo de la corona­ción de un nuevo monarca o en las bodas de miem­bros de la familia real. El impuesto del morabatí se exigía cada seis años en Valencia, para que el rey mantuviese la ley de la moneda.

Tabla 1. Evolución de la población de las comarcas del Vinalopó entre 1493 y 1646, en número de habitantes. (González, 2002:24).

Tabla 1. Evolución de la población de las comarcas del Vinalopó entre 1493 y 1646, en número de habitantes. (González, 2002:24).

 

Mapa de las principales aljamas mudéjares de la Gobernación de Orihuela. Siglos XIV-XV (según Vilar, 1975).

Mapa de las principales aljamas mudéjares de la Gobernación de Orihuela. Siglos XIV-XV (según Vilar, 1975).

Otras cargas fiscales del Reino de Valencia y de aplicación a cada familia mudéjar era el be­sante. Otros impuestos aplicados en la Goberna­ción de Orihuela, a la que pertenecían las tierras del Medio y Bajo Vinalopó, era el “cabeçatge”, que afectaba a los varones mayores de dieciséis años. No correspondía exactamente a fuegos, es decir, casas, por lo tanto los datos que proporcio­nan los listados son muy parciales. Más interesan­tes son los listados de los impuestos señoriales del “dret de gallines” y de la “alfatrá”. El primero se pagaba por casas, exceptuando las viudas; el se­gundo obligaba a pagar un almud de cebada por cada miembro de la familia, incluidos los niños.

Tabla 2. Evolución de la población morisca de Petrer, elaborada por M.A. González utilizando como coeficiente el 4,5. (González, 2002:35).

Tabla 2. Evolución de la población morisca de Petrer, elaborada por M.A. González utilizando como coeficiente el 4,5. (González, 2002:35).

La “alfatrá” nos aproxima bastante a la cifra de po­blación, pero siempre valorando que algunos car­gos estaban exentos del pago. Otro factor que hay que tener en cuenta es el coeficiente que se aplica en el caso de los impuestos pagados por casas o “focs”. Para el siglo XIV y principios del siglo XV, tanto María Teresa Ferrer, como López Elum o José Hinojosa, en las series estudiadas por ellos para poblaciones como Elda, Novelda, Aspe, Crevillente y Elche, consideran que el coeficiente (3) estaría entre el 3,4 -3,6 o 3,8, mientras que para los listados realizados a partir de la primera mitad del siglo XV-XVI, saldría un coeficiente entre 4,2-4,3 (M.T. Ferrer, 2002, 33).

A tenor de estas fuentes presentamos unas ta­blas con la evolución de la población en número de habitantes entre los siglos XV-XVII de las ciu­dades y villas de la cuenca del Vinalopó en las que se puede apreciar los efectos negativos de la expulsión de los moriscos. A mediados del siglo XVII, poblaciones como Novelda, Aspe, Elda y Petrer sólo habían conseguido recuperar con nueva repoblación un cincuenta por ciento de los habitantes.

Con relación a esta tabla hay que valorar que se contabiliza la población total sin especificar el por­centaje que correspondía a los cristianos viejos y a los cristianos nuevos. En Villena o Sax prácticamente el contingente poblacional estaba formado por fa­milias de cristianos viejos, mientras que en núcleos como Elda, Novelda, Monóvar y Petrer entre el 80 o 90 % de la población eran moriscos.

La población de Petrer había sido eminente­mente sarracena desde el siglo XI, época califal. Tras la conquista cristiana, a mediados del siglo XIII, sólo eran cristianos el alcalde del castillo y una pequeña guarnición. Si bien es cierto que los datos que tenemos son poco específicos, analizando el número de casas y habitantes de la tabla 2 vemos que en el primer cuarto del siglo XVI se produce un aumento de la población, en 17 años se había pasado de 346 a 445 habitantes. En 1510-1565 se produce una pequeña recesión, que podría estar motivada por un proceso de emigración al ser el periodo de los bautismos forzosos. Sin embargo, a finales de la centuria (1597) se observa un aumento importante, fenómeno que se detecta también en las poblaciones del valle Medio del Vinalopó como Elda, Novelda y Aspe. El motivo de este aumento de población debemos considerarlo vinculado a las consecuencias de la Revuelta de las Alpujarras (1568-1570). Allí los moriscos se habían levantado en armas al estar socialmente cada vez más marginados; también se les acusaba de falsos conversos y de ayudar a los turcos o piratas en sus ataques por las costas del sur peninsular.

Tabla 3. Armas confiscadas a los moriscos en 1563. M.A. González a partir de la documentación del Archivo del Reino de Valencia. (González, 2002:28).

Tabla 3. Armas confiscadas a los moriscos en 1563. M.A. González a partir de la documentación del Archivo del Reino de Valencia. (González, 2002:28).

Las incursiones de argelinos y turcos se habían hecho frecuentes entre los años 1534-1556. Barcos berberiscos atacaban la Vila Joiosa y la flota de Dragut amenazaba la costa alicantina. Denia, en 1556,se vio atacada por los corsarios. La tensión entre las dos comunidades cada vez era más patente, de ahí que Felipe II decretara en 1563 el desarme de todos los moriscos del reino, hecho que terminó aumentando más el malestar social al incautarse hasta herramientas de labranza. decreto que también afectó a las poblaciones del Vinalopó como queda reflejado en la tabla adjunta. Se confiscaron espadas, lanzas, balletas, arcabuces, rodelas y cascos, entre otras piezas. Aunque no tengamos datos referentes a nuestra población, el decreto también sería aplicado a la población morisca que tuviera algún objeto de los considerados peligrosos. Ante esta situación, los moriscos granadinos de las Alpujarras, un contingente poblacional numéricamente importante, no dudaron en sublevarse.

Sofocada la rebelión por los tercios capitaneados por don Juan de Austria, se produjo una salida masiva de los moriscos granadinos. Unos emigraron al norte de África y otros hacia tierras castellanas, aunque el mayor contingente se dirigió hasta el reino de Valencia. De ahí el espectacular aumento demográfico experimentado en las poblaciones del Vinalopó. Tomando como referencia el caso de Petrer, en poco más de treinta años la población aumentó en un 147%, pasando de tener 436 a 1.086. De las 240 familias registradas en 1597 el 96% eran moriscas.

Tabla 4. Censo de cabezas de ganado en algunas poblaciones del Vinalopó, entre ellas Petrer, en 1510. Tabla elaborada por M.A. González (2002:115).

Tabla 4. Censo de cabezas de ganado en algunas poblaciones del Vinalopó, entre ellas Petrer, en 1510. Tabla elaborada por M.A. González (2002:115).

Tras la promulgación del decreto del bautismo forzoso de los mudéjares en 1525, la población desde ese momento, denominada morisca o cristiana nueva, continúo en líneas generales conservando sus costumbres y tradiciones culturales, sobre todo en comunidades, como era la de Petrer, donde la presencia de cristianos viejos era muy reducida.  Asentados mayoritariamente en tierras de señorío, continuaban como vasallos sujetos a la tierra del señor en régimen de enfiteusis, por lo que tenían el derecho útil de la tierra a cambio de un censo anual en especie y dinero.

Mapa de la Comunidad Valenciana con la distribución de población morisca a finales del siglo XVI.

Mapa de la Comunidad Valenciana con la distribución de población morisca a finales del siglo XVI.

Contaban con el apoyo de la nobleza que no quería que abandonasen sus tierras, que eran trabajadas por campesinos. En Petrer se cultivaban tanto las tierras de secano como áreas de huerta aprovechando el regadío a través de azudes y acequias, obteniendo trigo, cebada, olivo, algarrobo, higos, viñedo para la obtención de pasas que podían ser comercializadas, árboles frutales, legumbres y hortalizas.

A la izquierda, miniatura de la representación de una colmena.

A la izquierda, miniatura de la representación de una colmena.

A la derecha, colmena en uso hasta hace unos años en la partida rural del Esquinal. (Foto cedida por Cándido Navarro).

A la derecha, colmena en uso hasta hace unos años en la partida rural del Esquinal. (Foto cedida por Cándido Navarro).

Junto a la agricultura se desarrollaba la cría de ganado bovino y ovino. Además de cabras y ovejas que proporcionan carne y productos lác­teos, se documentan otros animales como liebres, perdices, pollos y gallinas. En la tabla adjunta vemos que el número de cabezas de ganado de la aljama de Petrer era importante, influyendo en ello posiblemente la existencia de tierras para el pastoreo. Hay que tener en cuenta que Monóvar y Novelda poseían un amplio territorio al quedar dentro de sus baronías Chinorla, Pinoso y La Ro­mana, respectivamente.

Otro dato que encontramos en la documenta­ción es el referente a las manadas de lobos que se localizaban en las sierras de todo el Vinalopó, como la sierra del Cid, sierra de Salinas o sierra de Crevillente. Durante todo el siglo XVI su captura fue importante, con cazadores especializados que se desplazaban de unos pueblos a otros. Una vez muerto el lobo o sus crías, éstas eran entregadas al Consejo que les pagaba tres sous por pieza. Sirva como ejemplo los datos localizados en los registros del Archivo Municipal de Sax, en donde aparecen reflejados cazadores, tanto cristianos como moris­cos, en un asiento de 1547 que dice: “… se li va pagar a un morisc de Petrer que se dixo Martí Mochalva per una lechigada de llobets…”. La manadas de lobos no cabe duda que debían de se abundantes, siendo animales nocivos para el ga­nado y para la agricultura, de ahí la importancia de su captura (González, 2002).

Dentro de las actividades artesanales era impor­tante el desarrollo del trabajo del esparto para la fa­bricación de esteras, cuerdas, capazos o calzado. No faltarían los panaderos, carniceros, barberos, herreros, albañiles y artesanos del barro, como serían los alfareros especialistas en la fabricación de tinajas, pues sabemos que en 1411 unos moros de Petrer, maestros en la cocción de tinajas, se insta­laron en Murcia ante la necesidad que tenía la ciu­dad de expertos en este oficio. Iban tan bien reco­mendados que los regidores municipales les concedieron exención de toda clase de pechos y servicios concejiles (Torres Fontes, 1988). Otra ac­tividad importante sería la apicultura para la obten­ción de la miel, muy utilizada en las comunidades musulmanas. También la recolección de plantas medicinales, tan abundantes en nuestros montes, sería una actividad muy desarrollada. Oficios que en muchos casos pasarían de padres a hijos.

Dentro de la comunidad morisca había también familias más acomodadas que poseían tierras, eran comerciantes e incluso se habían introducido en el negocio del préstamo, siendo prestamistas de los señores feudales, de instituciones eclesiásticas o particulares. A través de los protocolos notariales ha podido seguir la actividad de familias morisc­as que, además de ocupar cargos públicos municipales, se dedicaban al comercio y al lucrativo oficio de prestamistas, como fueron los Bellup, los Sarría o Borriqui en Novelda. Como ejemplo de comerciante morisco de Petrer conocemos la actividad de Joan Panchud, vendedor de pasas en la villa que por su situación servía de punto de enlace para las transacciones comerciales de los  productos del Vinalopó en dirección a Castilla. La uva para la elaboración de la pasa fue una mercancia muy valorada y de larga tradición en Petrer al continuarse su cultivo en las primeras décadas del siglo XVII por la población cristiana que se asentó en la villa tras la expulsión de los moriscos. Éste y otros productos serían comercializados a través de mercados semanales o ferias anuales que se ce­lebraban en poblaciones como Elda, Elche, Orihuela y Murcia, siguiendo rutas comerciales abiertas desde época islámica.

Causas de la expulsión de los moriscos

Las mudéjares al bautizarse se convertían de hecho en cristianos adquiriendo la igualdad jurídica y tributaria con los cristianos viejos, pero ese hecho no bastaba para que los recién bautizados dejaran de practicar sus usos y costumbres de raíz islámica. De la noche a la mañana no podían olvidarse de su lengua, modificar sus vestidos, dejar de celebrar sus fiestas o enterrarse en sus cementerios bajo el rito islámico, etc. Sí que es verdad que la mezquita, símbolo externo de su religión, pasó a convertirse en iglesia a la que ellos tenían que ir los domingos bajo la amenaza de tener que pagar una multa, pero a diferencia del cristiano que por defender su fe moría bajo el martirio, la doctrina islámica permite a sus fieles, por el concepto de la “taquiya”, fingir el abandono de sus creencias si se encuentran en peligro o muy presionados, siempre y cuando en su fuero interno y en privado sigan fieles a la ley del profeta Mahoma.

Resultaba difícil saber con exactitud qué moriscos habían abrazado sinceramente la fe cristiana, por ello los cristianos viejos recelaban de ellos al igual que las propias autoridades religiosas, llegando a ser denunciados ante la Inquisición algunos moriscos acusados de realizar prácticas islamizantes, como era leer y escribir en árabe, tener libros o continuar realizando tareas de alfaquí.

Llevar un control en lugares donde la población practicamente era toda morisca como ocurría en Petrer y en las demás poblaciones de nuestro en­torno no era nada fácil, pues la falta de clérigos o sacerdotes fue un hecho constante. Las poblaciones del sur de la actual provincia de Alicante estaban encuadradas administrativamente dentro de la Go­bernación de Orihuela, pero eclesiásticamente de­pendían del Obispado de Cartagena. Además los diezmos en lugares de señorío correspondían a los señores temporales de las villas, como era el caso de Petrer, siendo ellos los que tenían que correr con los gastos del mantenimiento del clérigo encargado de la evangelización y de velar por el cumplimiento de los deberes como cristianos. Todas estas circuns­tancias hacían que no prosperase la creación y buen funcionamiento de rectorías.

Campesino realizando tareas agrarias.

Campesino realizando tareas agrarias.

Sin duda esta actitud suponía un freno a la plena integración religiosa de los moriscos, a pesar de que la monarquía y las autoridades religiosas se esforzaban en el proceso de evangelización a tra­vés de la labor pastoral de los clérigos que les enseñaban las cuatro oraciones fundamentales como eran el padrenuestro, el avemaria, el credo, la salve y los diez mandamientos. En el Reino de Valencia llegó a imprimirse un catecismo bilingüe para que les fuera más fácil el aprendizaje.

Rebaño de ovejas.

Rebaño de ovejas.

En su contra también tenían otro factor como ya hemos visto en páginas anteriores. El morisco socialmente era mal visto pues se le consideraba amigo de los turcos y de los piratas berberiscos que atacaban nuestras costas.

Morisco llevando pan. Dibujo original de C. Weiditz, 1529.

Morisco llevando pan. Dibujo original de C. Weiditz, 1529.

Tabla 5. Procesos inquisitoriales contra los vecinos de Petrer realizados por el tribunal de Murcia entre los años 1588-1595. Tabla elaborada por M.A. González (2002:97).

Tabla 5. Procesos inquisitoriales contra los vecinos de Petrer realizados por el tribunal de Murcia entre los años 1588-1595. Tabla elaborada por M.A. González (2002:97).

Ante todas estas actitudes empezaban a surgir voces a favor de la conveniencia de su expulsión, cuestión inadmisible para la nobleza que perdía con ello los brazos que le cultivaban sus tierras y de las que obtenía sus rentas.

Sin embargo, la situación dio un giro a favor de las tesis del adoctrinamiento de los moriscos. En 1563, al finalizar el Concilio de Trento, Felipe II se erige en defensor de la cristiandad. Años más tarde se obtiene la derrota de los turcos en Lepanto, además se consigue aplacar la rebelión de las Alpujarras y, lo que es más decisivo para los moris­cos asentados en las tierras del Vinalopó, en 1564 se creaba el Obispado de Orihuela.

Desde el primer momento, los obispos de la diócesis de Orihuela, a través de sus visitas pastorales a las diversas iglesias (antiguas mezquitas), iban insistiendo en la necesidad de que los nuevos cristianos participaran de los ritos cristianos. Es curioso constatar que habiendo transcurrido casi cincuenta años de los primeros bautismos, todavía se estaba discutiendo sobre la autenticidad de su conversión.

Nuevamente tenemos que lamentar el vacío documental que tenemos tanto en el archivo mu­nicipal como en el parroquial de nuestra población para conocer de primera mano cómo iba afectando a la población morisca de Petrer todos estos cam­bios. No obstante, buceando en las fuentes biblio­gráficas y contando con unas breves notas recopi­ladas a finales del siglo XIX por don Enrique Amat y Maestre, tomando como fuente los documentos que en ese momento se conservaban en los archi­vos municipal y parroquial, conocemos algunos aspectos de la sociedad morisca de Petrer en fechas próximas a su expulsión.

Por ellos sabemos que la antigua mezquita se transformó en iglesia bajo la advocación de San Bartolomé, pero no sabemos la fecha exacta, posi­blemente a principios del siglo XVI, si valoramos el hecho de que la mezquita mayor de Elda se cris­tianizó en 1528, quedando bajo la advocación de Santa Catalina. Elda, Petrer y Salinas pertenecían a la familia Coloma desde 1513, territorio reconocido como perteneciente al Condado de Elda en 1577.

Lo cierto es que como en otras poblaciones del Vinalopó con mayoría de población morisca, la asentada en Petrer continuaba manteniendo los usos y costumbres de tradición islámica, siendo la integración en las prácticas religiosas muy lenta. Sabemos que muchos bautizados al regresar a sus casas se lavaban la cabeza con arena para borrar simbólicamente el sacramento recibido. Tampoco contaban con sacerdotes asentados en la parroquia de forma estable, que se consideran mal pagados, pues apenas recibían del señor territorial 100 libras de moneda valenciana que eran descontados de los diezmos cobrados.

Un ejemplo que nos puede servir para ilustrar cómo las comunidades mariscas continuaban practicando sus tradiciones y hablando su lengua árabe era la existencia entre ellos de los alfaquíes, expertos en ­las enseñanzas del Corán. Por ello eran personajes muy perseguidos como lo prueba que en 1857 Felipe II mandara al Obispado de Orihuela, Obispados de Segorbe y Tortosa y Arzobispado de Valencia una carta en la que les recomendaba cuidasen que en sus diócesis no pudiesen actuar los alfaquíes, debiendo informar discretamente de los habían, si éstos tenían hacienda, si estaban casados, cuántos hijos tenían y cómo actuaban con los otros moriscos.

En la misma misiva recomendaba que se construyeran iglesias donde no las había, que se arreglasen las que estuvieran deterioradas, procurando que tuvieran los ornamentos necesarios para el culto, pero procurando también que los arreglos no supusieran cargas para los moriscos, evitando que les fuese penosa la práctica de la nueva doctrina.

EI Cabildo de Orihuela no tardó en remitir los datos que le eran solicitados, pues los alfaquíes podían ser acusados por el tribunal de la Santa Inquisición (ver tabla 5) haciendo relación de todos los pueblos de la diócesis. Con relación a Petrer el informe dice que hay algunos sospechosos que sustentan la secta de Mahoma y nombra a Joan Lobo, síndico de la aljama, que tiene 55 años, está casado y tiene tres hijos y tres hijas, su ha­cienda vale 2.500 ducados, y lee y escribe ará­bigo. En los mismos términos nombra a Juan Panchut, a Francisco Dugamel y a Alonso Alayson que tiene 55 años, está casado y tiene una hija, su hacienda vale poco y hace 18 años que está ciego y muestra mucho arraigo a la secta de Mahoma siendo sospechoso de practicarla. Con­tinúa diciendo el informe que hay otros que leen y escriben en árabe pero no son sospechosos de ser alfaquíes (Martínez Valls, 1986).

Secaderos de pasas en La Marina (siglo XX).

Secaderos de pasas en La Marina (siglo XX).

Es interesante comprobar cómo no todos los moriscos eran campesinos sino que habían fami­lias bastante pudientes: la hacienda de Juan Panchut valía 4.000 ducados, además ostentaba los cargos municipales; este mismo morisco ocupaba el cargo de “fabriquer”(4) de la iglesia. En 1605 es quien presenta las cuentas de la iglesia al obispó de Orihuela en su visita pastoral. En otra visita pastoral realizada por el obispo fray Andrés Balaguer el 24 de junio de 1609, próxima a la fecha de expulsión de los moriscos, se nos dice que dejó de ser fabriquero Pedro Panchut, por haberlo sido muchos años y estar ya viejo. Como vemos eran cargos que se ocupaban por miembros de una misma familia.

Sin duda, otros cargos municipales como eran el justicia, los jurados o el mostafa, también se­rían ocupados en estas fechas por moriscos. Pero la coexistencia social entre cristianos viejos y moriscos cada vez se iba haciendo más difícil. Estos últimos no llegaban a integrarse y su con­versión a finales del siglo XVI era continuamente cuestionada. Desde los poderes eclesiásticos se empezaba a plantear seriamente su expulsión de­finitiva, presionando a la monarquía para que la llevara a la práctica.

En el Reino de Valencia, donde la población morisca había aumentado considerablemente, las autoridades eclesiásticas se manifestaban en dos sentidos: por un lado, estaban los firmes partidarios de la expulsión, como era el caso del arzobispo de Valencia Juan de Ribera; la otra línea, más conci­liadora, pues confiaba en seguir con la evangeliza­ción, era seguida entre otros por el obispo de Orihuela Joseph Esteve Juan. Este último redactaba para el rey, en 1595, un completo informe indi­cando las dificultades que se tenían para la correcta evangelización de los moriscos, pero a pesar de ello consideraba que se tenía que insistir para lograr la completa integración. Unos años más tarde, en otra carta enviada al monarca, le indicaba que algunas mujeres habían cambiado sus vestidos por los que llevaban las cristianas; sin embargo, las mujeres da Elda y Petrer habían vuelto a tomar el vestido morisco (Bernabé, 2006: 195).

Juan de Ribera (1532-1611), arzobispo de Valencia.

Juan de Ribera (1532-1611), arzobispo de Valencia.

La actividad del obispo Esteve tuvo que ser muy intensa, a tenor del número de visitas pastorales que realizó a las poblaciones de la diócesis, indicando cómo debían de comportarse socialmente los moriscos. En el archivo parroquial de nuestra villa este tipo de documentación se ha per­dido, no así en la vecina ciudad de Novelda. Así en la visita pastoral realizada a la villa en 1595 el obispo les recordaba, entre otras, la obligación que tenían de ir a misa los domingos y festivos. Se prohibía que el carnicero fuera cristiano nuevo, tenía que ser un cristiano viejo, no casado con cristiana nueva, igualmente no se tenía que tocar la “cherimia” en las bodas y las mujeres no podían llevar zapatos de colores que era signo de morisca. Se indicaba que cuando un morisco fallecía tenía que haber en la casa una cristiana vieja y que el difunto fuera acompañado por cristiano viejo hasta la misma fosa de enterramiento para evitar que se realizasen ritos islámicos siguiendo las suras del Corán (Doménech, 1996 y 2008).

Estando ya próxima la fecha de la expulsión, las visitas pastorales realizadas a nuestra villa por el nuevo obispo de la diócesis, fray Andrés Balaguer, son más conocidas gracias a las notas manuscritas dejadas por don Enrique Amat y Maestre. En una nota nos dice que existía en el archivo de la iglesia un “Libro intitulado de las Penas de Ropas Vedadas echas a la morisca y de las que dejan de oír misa y trabajan en Domingos y fiesta de Guar­dar y de otras cosas, el cual se reparte en seis capítulos. Mandado hacer por Monseñor Don Frayl Andrés de Balaguer Obispo de Orihuela y del Consejo de su Majestad a 2 de [—bre] 1606. Rector Mosen Juan García Ibáñez”.

No conocemos el contenido de los seis capítu­los, pero no cabe duda que harían referencia a la obligación que tenían los moriscos de cumplir con la liturgia y, seguramente, a las sanciones que tendrían de no cumplirla.

En los primeros años del siglo XVII las tesis defendidas por la jerarquía eclesiástica valenciana,  encabezada por el patriarca Juan de Ribera, van tomando cuerpo ante el rey con la ayuda del duque  de Lerma, valido de Felipe III. La nobleza, que durante años se había manifestado a favor del morisco y en contra de la expulsión, va cambiando de actitud. Los señores territoriales se encontraban endeudados por el número de censos contraídos, siendo muchos de los prestamistas moriscos. Si se les expulsaba no sólo se verían libres del pago de los censos, sino que recuperarían el dominio útil de la tierras que podrían cederla nuevamente a los cristianos viejos en régimen de enfiteusis o aparcería.

Escena de moriscos bailando y tocando el pandero y el tabal. (Dibujo realizado por C.Weiditz, 1529).

Escena de moriscos bailando y tocando el pandero y el tabal. (Dibujo realizado por C.Weiditz, 1529).

 

Finalmente, Felipe III tomó la decisión de expulsar a la población morisca de todo el territorio insular firmando el decreto de expulsión el 9 abril de 1609. Unos meses antes las familias moriscas más acomodadas ya habían empezado a vender algunas de sus pertenencias pues, llegado el momento de la expulsión, el dinero era fácil de transportar y podía servirles para instalarse en su nuevo destino.

El 22 de septiembre de 1609, firmado por el virrey marqués de Carecena, se publicaba en el reino de Valencia el Decreto de Expulsión. Se estabecía que en el plazo de tres días después de que el decreto fuese publicado en cada lugar, todos los moriscos, hombres y mujeres, tenían de abandonar casas y dirigirse con sus pertenencias o bienes muebles que pudieran transportar con ellos a los puertos de embarque que se les había asignado. Se podían quedar las moriscas casadas con cristianos viejos y sus hijos, los esclavos y sus descendientes, los que pudiesen probar mediante bula episcopal que eran buenos cristianos y los niños menores de seis años que sus padres quisieran dejar, pues se consideraba que todavía no habían sido contaminados por las costumbres islámicas.

Para la salida de los moriscos hacia el norte de África se designaron los puertos de El Grao de Va­lencia, Vinarós, Denia y Alicante. En esos puertos se concentrarían las galeras que formaban las es­cuadras de Sicilia, que estaban bajo el mando de Pedro de Leyva, y las cuatro galeras que estaban en las costas de Portugal, comandadas por el conde de Elda, así como mercantes holandeses, ingleses o franceses a quienes los moriscos tenían que pagar el importe del viaje.

El 4 de octubre salía hacia el puerto de Ali­cante, rumbo a Orán, la población morisca de Petrer, formada por 240 familias, lo que vendría a ser 1.080 personas, quedando en Petrer tan sólo 7 fa­milias de cristianos viejos y el alcalde del castillo. Paradójicamente, las galeras que debían transpor­tar a los moriscos de Petrer, Elda y Monóvar eran las capitaneadas por el conde de Elda quien al pa­recer no quedó muy contento al ver que sus tierras quedaban despobladas, por lo que mandó desem­barcar a 28 familias de Petrer, 17 de Elda y 30 de Monóvar el mismo día de la partida, el 6 de octu­bre (Sala, 1979). En líneas generales los moriscos se marchaban contentos al creer que serían bien re­cibidos en las poblaciones norteafricanas. Sabe­mos que los moriscos de Elda y Novelda, acom­pañados por el conde de Elda, se establecieron en Tremecén y Mostagamen. En total del puerto de Alicante salieron más de 8.000 moriscos en varios viajes. En conjunto, del Reino de Valencia se expulsaron a 117.464, siendo el total de todo el solar peninsular 272.000. La expulsión de los moriscos castellanos se decretó el 16 de abril de 1610.

Decreto de expulsión firmado por Felipe III en 1609.

Decreto de expulsión firmado por Felipe III en 1609.

El problema fueron los niños menores de seis años que en principio podían quedarse. Se discu­tía en qué condiciones tenían que quedarse y el grado de tutela que tenían que ejercer las fami­lias, pues muchos se quedaban como criados en casas señoriales o con eclesiásticos, y algunos fueron vendidos. El tema de los niños moriscos también fue motivo de preocupación para el obispo de Orihuela fray Andrés Balaguer, y en un memorial fechado el 25 de agosto de 1610, realizado por mandato del propio rey, se conta­bilizan entre todas las poblaciones de la diócesis 249 moriscos entre niños y adultos. Con relación a Petrer, el informe sólo menciona a una niña de 7 años y un hombre de 30 años (Blasco, 1989). En otra nota bibliográfica encontramos que en 1610 vive en Petrer una niña de cinco años, llamada Francisca, en casa de Ginés Rico, mientras que su hermano Francisco de 6 años vive en Elda con Be­nito Crepo (Bernabé, 2006).

El tema de los niños que se quedaron tras la ex­pulsión ha generado interesantes estudios, pero como conclusión nos quedamos con la aportada por la doctora Blasco con relación al número re­gistrado en el territorio del Obispado de Orihuela. Fueron pocos los cristianos nuevos que se queda­ron, integrándose inmediata y definitivamente en la comunidad cristiana.

Consecuencias de la expulsión

Las consecuencias fueron inmediatas y muy negativas al producirse un vacío poblacional im­portante en muchas áreas territoriales como era el caso de las poblaciones del Vinalopó y de Pe­trer. Concretamente, la falta de mano de obra traía como consecuencia el hundimiento de la agricultura y, al reducirse las áreas cultivadas, se produjo la bajada de los precios del trigo, aceite; ganado, etc. La caída de los productos manufacturados era notoria. La clase rentista se ve arrui­nada. Los señores territoriales, al quedarse sin vasallos, pierden la capacidad de poder pagar sus deudas, a pesar del descenso del interés del censal que pasó de un 5 % a un 2-3 % anual. Se demoró un año el pago de los censales, incluso se llegó a poner una “sisa” sobre el consumo de la carne en algunas poblaciones para satisfacer la deuda del censal contraído. La situación se agra­vaba por las epidemias, como la padecida en 1648, que supuso un nuevo freno al proceso repoblador. En el Reino de Valencia se producía el desplazamiento de la población de un lugar a otro, es decir, se trasladaban familias enteras a pueblos que se habían quedado casi despoblados acogiéndose a las condiciones de la carta de población dadas por los señores territoriales que, a pesar de todo, no fueron los más perjudicados pues recuperaron el dominio útil de la tierra lo que les permitía darla de nuevo a los nuevos co­lonos en condiciones.

En Petrer don Antonio Coloma, el 19 dej agosto de 1611, dará carta de población a cien nuevos vecinos que venían de Castalla, Ibi, Onil, Muchamiel y Jijona. A los nuevos pobladores se les daba casa, dos tahúllas de huerta con agua, viñas y olivares. A través de 29 capítulos la carta de población fijaba las relaciones y condiciones contractuales entre los nuevos pobladores y su señor territorial, tema en el que no entramos por formar parte de otro capítulo de la historia de nuestra villa.

Sólo nos queda, por tanto, indicar que la expulsión de la población morisca de Petrer en 1609 no fue nada justa y supuso el colapso y la pérdida del nivel social y económico de nuestra población. Baste recordar que a principios del siglo XVII Petrer contaba con una población de 1.080 habitantes, mientras que en 1646 tenía 488. El nivel demográfico y de prosperidad económica no fue recuperado hasta bien entrado el siglo XVIII.

NOTAS

 (1) En Valencia, exposición y catálogo “Entre tierra y fe. Los musulmanes en el Reino de Valencia (1238-1609)” del 26 de febrero al 28 de junio de 2009. III Congreso de Estudios del Vinalopó. La comunidad morisca en el Vinalopó. IV Centenario de la Expulsión (1609-2009), celebrado en Novelda el 27-28 de marzo de 2009. En Novelda, en el Museo Arqueológico, exposición “Vida y cultura material de la población morisca de Novelda. En Elche, exposición y catá­logo “Moriscos del Sud Valencia. Memoria d’un poblé oblidat”. En Túnez, entre el 20 y 23 de mayo de 2009, se ha celebrado el Congreso Internacional sobre la expulsión de los moriscos. En Granada, del 13 al 15 de mayo de 2009, se ha celebrado el Congreso Internacional “Los moriscos. Historia de una minoría”, sólo por citar algunos de los actos programados, siendo también numerosos los artículos que están apareciendo sobre el tema tanto en revistas científicas como divulgativas.

(2) La Sunna es el conjunto de preceptos islámicos que explican las normas jurídicas y religiosas del Corán. La Xara es la ley civil islámica.

(3) El coeficiente es el número de individuos que se supone vive en una casa o “foc”; por lo tanto, multiplicando cada casa por el coeficiente considerado se obtiene el número de habi­tantes de una villa o aljama.

(4) El “fabriquer” era la persona encargada de llevar la admi­nistración general de la iglesia.

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moriscosenpetrer21

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