ELDA, TIERRA DE FRONTERA: La atalaya de La Torreta

Vista de la atalaya de la Torreta desde el sureste.

*Nota: Reportaje extraído de la revista Alborada número 48 (2004). Puede adquirirla aquí.

Autores: ANTONIO M. POVEDA NAVARRO

JUAN CARLOS MÁRQUEZ VILLORA

MUSEO ARQUEOLÓGICO MUNICIPAL DE ELDA

Un equipo interdisciplinar formado por once personas ha trabajado durante dos meses en la excavación arqueológica de la atalaya de la Torreta, ubicada en la sierra del mismo nombre entre los valles alto y medio del río Vinalopó. Con la autorización de la Consellería de Cultura, Educación y Deportes, los trabajos,financiados por el Ayuntamiento de Elda, se han realizado en el interior de la torre y en la zona inmediatamente aledaña, una pequeña explanada localizada en la parte central de esta estribación montañosa, a 547 metros sobre el nivel del mar.Prácticamente arrasada, en inminente peligro de desaparición, la intervención arqueológica constituye uno de los imprescindibles pasos previos a la recuperación del monumento, catalogado como Bien de Interés Cultural.

La atalaya de la Torreta y la investigación arqueológica

Se trata de una torre de planta cuadrangular, con 4.70 metros de lado, levantada en tapiería. El zócalo de la torre, macizo, compacto y calicostrado, posee una altura de 1.60 metros, y constituye el basamento de la obra. Los alzados se ejecutaron con tapia reforzada en susparamentos (tapia calicastrada o calicostrada). Este revestimiento se conserva en sus tres primeras cajonadas–las dos primeras completas en su altura, mientras que la tercera sólo se percibe parcialmente– hasta alcanzarlos 2.41 metros de altura máxima. Se trata de una obra dura, compacta, en la que se aprecian desde el lado oeste los restos de las capas de pocos centímetros que sucesivamente fueron compactadas en el cajón por los pisones. Las tapias usadas son estrechas, con unas dimensiones estimadas de alrededor de un metro de espesor en los primeros cajones, que iría decreciendo en pisos sucesivos.

Vista de la atalaya de la Torreta desde el noroeste.

De manera significativa, se pueden observar los orificios (mechinales)dejados por los tableros horizontales que remataban la parte superior de los tapiales, separados entre sí por una distancia de 0.98 m., que corresponde a la altura de las tapialeras. También se observa la impronta delos tableros laterales del cajón, con una medida estándar de 14 cm., de manera que la unión de 7 de estos tableros formó, como se aprecia en la obra, el lateral de un cajón. En los lados oriental y meridional restan todavía visibles buen número de estos mechinales.

Planta general de la torre.

Algunas fotografías de 1971, cortesía de Juan Rodríguez Campillo,permiten comprobar la existencia en esa fecha de un mínimo de seis tapias que aproximarían su altura mínima a los 6 metros. Una imagen de 1958,publicada en el semanario Valle de Elda por Alberto Navarro Pastor, ofrece sustancialmente la misma información.No obstante, si tomamos como referencia la altura de otras atalayas y torres con unas dimensiones de base similares y funciones análogas,la altura original pudo ser claramente superior, posiblemente entre los 11 y los 17 m.

Esquema de una tapia según Pavón.

No se ha localizado la entrada principal, si bien los datos hallados y un estudio comparativo apuntan aun tipo de acceso colgado, a cierta altura, a través de una escalera de mano o de una escala a un vano.Con ciertas dudas, el pequeño recorte y varias grietas que se observan en el lado sur de la torre podrían asociarse a la entrada. Las estructuras halladas junto a la pared norte también hacen pensar que en este lado se situara el lugar de acceso, si bien esta hipótesis requiere una mayor verificación.

Como información novedosa, la excavación arqueológica ha permitido localizar cuatro ambientes anexos ala torre, dispuestos alineadamente junto a su lado norte. Estos departamentos aparecen prácticamente arrasados. Originariamente sin duda fueron bastante endebles desde un punto de vista arquitectónico. En conjunto, su función es indeterminada,sirviendo probablemente de estancias de servicio o almacenaje,quizá destinadas a animales de tiro o caballerías.

Los vestigios materiales, escasos,muy fragmentarios y fundamentalmente cerámicos, nos sitúan entre los siglos XIV y XV. Únicamente un escaso porcentaje de piezas podría datarse en el siglo XVI. Hay que destacar la abundancia de piezas cerámicas destinadas al almacenamiento,como tinajas y cántaros. También son representativas las piezas vidriadas meladas y verdes de Paterna,sobre todo fragmentos de ollas,cazuelas, cuencos y platos. Se han identificado ejemplares de ollas, morteros y lebrillos, en los tres casos sin vidriar, asociados a la preparación de alimentos. Asimismo, se ha documentado la presencia de una alta proporción de jarras, con varios ejemplares decorados con motivos geométricos realizados en manganeso.La cerámica esmaltada azul y cobalto está representada por platos,escudillas, jarros, y una aceitera o redoma singular, con un esmaltado verde metálico. Completan el repertorio cerámico fragmentos de loza dorada valenciana, sobre todo de platos, escudillas y cuencos. En general,abundan las producciones de cerámica común y fina originarias de talleres regionales y de Manises yPaterna, similares a las halladas en el castillo de La Mola en niveles arqueológicos de los siglos XIV y XV (Azuar-Navarro-Benito, 1985; Navarro Poveda,1990; 1992).

Fotografía de la torre tomadas por J. Rodríguez Campillo en 1971. La torre mostraba en esa época un mínimo de 6 tapiales de altura. A fines de la década de los setenta del siglo pasado la construcción perdió más de un tercio de su alzado oriental por derrumbe.

Por otra parte, se ha recuperado un dinero real valenciano, única pieza numismática del conjunto. Hay que añadir, además, la significativa presencia de restos de varias agujas de madera con orificios para clavos y fragmentos de codales, en ambos casos usados en las tapialeras; algunos restos de ladrillos, todos ellos incompletos, un ejemplar de tejuelo,varios fragmentos de yeso, algunas lascas de sílex, abundante malacofauna,vestigios de carbón, así como restos óseos de fauna.En conjunto, la secuencia estratigráficay el estudio del registro material proporcionado por la excavación permiten proponer la construcción de la torre atalaya a fines del siglo XIV. Posteriormente se le incorporaron las dependencias anexas.Desde bien entrado el siglo XIX,el abandono del monumento provocó su paulatina ruina, que ha conducido a su estado actual. Tras una primera fase de excavación arqueológica y documentación, el equipo dirigido por los firmantes de este artículo, el arquitecto Ricardo Segura Pons y el arquitecto técnico Fernando Pérez García redacta un proyecto de recuperación de la torre y de su entorno que despejará el pesimismo de algunas maliciosas opiniones sobre el futuro del monumento(SEGURA HERRERO, 2001: 112-113).

Olla de cerámica vidriada hallada en la excavación arqueológica.

 

La atalaya de la Torreta y su historia

Sección aa’ del proyecto de restitución de la atalaya de la Torreta. Se puede observar la existencia de tres niveles en altura. En el piso intermedio se situaría el acceso colgado a la torre. En la sección bb’ se muestran la comunicación entre niveles mediante escalas.

En la sección cc’ se observan los restos de calicostrado original y el zócalo de relleno según el proyecto de restitución. La sección dd’ del proyecto muestra un suelo de cristal para posibilitar la visión del pavimento original. En las secciones ee’ y ff’ puede verse la separación entre niveles mediante un forjado entablonado de madera.

La obra excavada se identifica con una torre atalaya o torre de almenara, con una serie de dependencias anexas de cronología posterior a la erección del monumento y función indeterminada. La sierra de La Torreta se denomina en la época medieval como Serra del Portitxol o de la Força d’Elda (Ferrer i Mallol, 1988: 192; Ferrer i Mallol, 1990: 327; Cabezuelo Pliego, 1991; Cabezuelo Pliego, 1994: 278-279), y adquiere su nombre actual, derivado de la evidente presencia de esta atalaya, en la Edad Moderna. Varios estudiosos de la historia de Elda habían planteado un origen almohade de la torre, entre los siglos XII y XIII. Asimismo,otras opiniones habían destacado la presencia de fragmentos cerámicos romanos e interpretado erróneamente como islámicos una serie de hallazgos cerámicos asociados claramente a la época cristiana (Centro Excursionista Eldense,1972). Para R. Azuar (1983: 366),a partir de ciertos restos cerámicos recuperados en la zona en prospecciones de los años sesenta del siglo pasado (cerámicas azules y de reflejo metálico de Paterna), la fecha de construcción de la atalaya se podría situar entre fines del siglo XIV y los inicios del siglo XV.

Alzados sur y este del proyecto de restitución de la torre. Se muestra la conexión entre la obra original y la restitución volumétrica proyectada.

 

La erección de la torre se asocia al carácter estratégico y fronterizo que la antigua sierra del Portitxol posee en el marco de los enfrentamientos entre Castilla y Aragón durante la Baja Edad Media, especialmente durante la Guerra de los Dos Pedros (1356-1370) (Cabezuelo Pliego, 1991). En una zona insegura, azotada por incursiones y escaramuzas periódicas, la Corona de Aragón manda construir la torre-atalaya para mantenerla seguridad en el camino entre Elda y Sax y, de manera secundaria, el camino de la Noguera, que se dirigía hacia Petrer. A instancias dela reina Sibilia de Fortia, señora de Elda, el rey Pedro IV el Ceremonioso dispone, el 15 de diciembre de 1386, la creación de un servicio de vigilancia y aduana de dos hombres en la torre construida poco antes en el paso montañoso, a expensas de un peaje (un dinero real valenciano) cobrado a viandantes, animales de tiro, silla o carga (Ferrer i Mallol,1988; Ferrer i Mallol, 1990; Cabezuelo Pliego, 1991; Poveda Navarro,2000; Segura Herrero, 2001).El uso de la torre atalaya parece continuar al menos hasta fines del siglo XV, según se desprende de la concordia firmada el 30 de agosto de 1494 entre el III conde de Cocentaina y el obispo de Cartagena. En el protocolo notarial se cita el lugar o castillo de la Torreta, una de las posesiones de Joan Roiç de Corella en el señorío de Elda (Pérez Rico, 1960;Segura Herrero, 2001), si bien ese fragmento del texto pudiera hacer referencia más bien a la torre de Salinas,y no a la atalaya eldense. Posteriormente, se menciona la existencia del torreón en el contexto dela Guerra de Sucesión. En diciembre de 1705 el Consejo de la villa de Elda utiliza la torre para la vigilancia militar. De hecho, en un asiento del 13 de enero de 1706 se informa del pago del servicio de vigía en la atalaya ya denominada La Torreta. Posiblemente poco después de la Guerra de Independencia parece que la torre fue abandonada, iniciándose un deterioro continuado hasta la actualidad(Navarro Pastor, 1981; Poveda Navarro,2000; Segura Herrero, 2001).

Torre-atalaya 3 de Santa Catalina (Orcera, Jaén) (Pavón Maldonado, 1999) y torre de Bofilla (Bétera, Valencia) (López Elum, 1994). Se trata de torres de 14 y 16.5 metros de altura, respectivamente, y similares dimensiones de base que la atalaya de la Torreta.

La torre muestra las características básicas de otras obras de la misma naturaleza –vigía fronteriza halladas,entre otros lugares, en el antiguo Reino de Valencia, la región de Murcia y la Andalucía oriental(Bazzana-Guichard, 1978; LópezElum, 1994; Qules et alii, 1994; Pavón Maldonado, 1999; Segura Herrero-Simón García, 2001). De manera singular, destaca, por su proximidad geográfica, la llamada torre del Emperador, localizada en Sax, bien comunicada visualmente con la atalaya eldense (Segura Herrero, 2001:101-104).

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