El Molino del Canto: entre la arqueología y las fuentes escritas

*Nota: Artículo publicado originalmente en la revista Alborada  nº 47, 2003.

Autores: María Dolores Soler García y Juan Carlos Márquez Villora

Los trabajos arqueológicos desarrollados el pasado año en el cauce del rio Vinalopó sacaron a la luz los restos de un antiguo molino harinero. El molino fue construido a inicios del siglo XIX,y estuvo activo hasta bien entrada la pasada centuria. Los vestigios de este ingenio hidráulico se situaban en la partida de El Canto, en la confluencia de los términos municipales de Elda y Petrer. El hallazgo es relevante dada la escasez de obras de este tipo localizadas hasta el momento en Elda. Por sus características, ese descubrimiento permite la sugerente posibilidad de hilvanar parte del recorrido histórico de un molino harinero y, sobre todo, aportar datos acerca de la evolución económica del valle de Elda. Gracias a la integración de la novedosa información arqueológica y las referencias escritas conservadas, podemos conocer algo mejor la historia del hoy lamentablemente desaparecido Molino del Canto.

Vista general del Molino del Canto desde el oeste.

Vista general del Molino del Canto desde el sur.

l,a excavación arqueológica

En el verano de 2002, durante los trabajos de un seguimiento arqueológico de obra promovido por la empresa Aguas de Alicante, se detectaron indicios de antiguas construcciones, entre las que destacaban dos canalizaciones y un arco de piedra. La presencia de estos restos, de cierta envergadura, llevaron a solicitar una excavación arqueológica de urgencia o salvamento. Los objetivos de esta excavación, antes de acometer cualquier tipo de obra en el lugar, eran conocer el estado de los restos, su identificación, y cuáles eran sus dimensiones y su cronología. La excavación ocupó un área aproximada de 370 m2, superficie determinada por la extensión y el trazado que iban a seguir las canalizaciones de agua proyectadas por la empresa promotora. De esta forma se podrían documentar todos los vestigios en el recorrido de la obra y en su entorno inmediato.

La excavación arqueológica se desarrolló a lo largo de un mes. El resultado fue el hallazgo de los restos de un molino harinero, concretamente del tipo denominado «de rueda horizontal de cubo». En torno a un promontorio rocoso se descubrieron una serie de estructuras que conformaban el núcleo o motor del molino. De oeste a este, identificamos una serie de significativos restos, claramente relacionados con el funcionamiento del molino. Así, se observaban los restos de la acequia madre, un canal abovedado de piedra y mortero, de la que se tomaba el agua para mover la maquinaria del molino. Inmediatamente al sur de esta acequia encontramos el saetín o sagitia, una conducción de sección decreciente, excavada en el terreno, que llevaba el agua hasta el cup o cubo. El cubo de este molino contaba con unas dimensiones modestas. La caída del agua en el cup generaba la energía suficiente para mover el mecanismo de las muelas del molino. El artilugio mecánico o rueda motriz, el rodete, se situaría en una cámara subterránea llamada cárcavo. Sobre esta cámara se ubicaban las piedras del molino, de las que se conservaban solamente las fijas, llamadas muelas fijas o solera. Otro de los elementos conservados e identificados fue la almenara o derramador, el aliviadero por donde salía el agua sobrante del cubo hasta la balsa de evacuación. Esta balsa, de grandes dimensiones, es un elemento poco habitual. Normalmente, el agua sobrante se recoge en una conducción que la lleva a otro molino o a la acequia de nuevo. Probablemente de esta balsa saldría otra acequia que conduciría el agua a otros molinos río abajo.

Planta general de los restos arqueológicos del Molino del Canto.

 

La excavación permitió solamente identificar algunos elementos metálicos que formarían parte de la rueda motriz. Como detalle, se observó la presencia de sillares en el muro que separaba el cubo de la zona de molienda. Las características de estos sillares son similares a los que se conservan aguas arriba, en el Pantano de Elda. Esta circunstancia nos hace pensar que en la construcción del molino se pudo reutilizar piedra del Pantano.

Por el lado oeste del peñasco, las dependencias del molino y la acequia que lo abastecía estaban totalmente desaparecidas, puesto que en este punto en los últimos años se han venido instalando infraestructuras públicas, como el puente que da acceso a la autovía, varias tuberías y canalizaciones para la red de saneamiento y de riego, etc.

Lamentablemente, apenas se conservaban objetos relacionados con la vida y la actividad del molino. En cambio, se localizó una potente capa de tierra que cubría buena parte de los restos de la fábrica. Se localizó una gran cantidad de basura procedente del arrastre del agua y del uso del sitio como vertedero. Parece ser que, tras el abandono del molino, empezó el deterioro del mismo, acelerado por el hecho de estar ubicado prácticamente en el cauce del río y en la confluencia de las ramblas de Caprala y de Santa Bárbara. Por tanto, expuesto a uno de los agentes erosivos más potentes: el agua. Paradójicamente, el agua era el recurso energético esencial para el funcionamiento de estos complejos «industriales», tan difundidos a lo largo del curso del río Vinalopó. De hecho, el emplazamiento de un molino en la zona cumplía con las condiciones adecuadas de caudal de agua y desnivel que generaban la energía necesaria para mover las piedras encargadas de la molienda de los cereales.

El molino del Canto y las fuentes documentales

La partida o lugar del Canto se sitúa en el cauce del río Vinalopó, inmediatamente al este de la sierra de la Torreta. El paraje ha recibido su nombre precisamente del espolón rocoso situado junto al río y denominado popularmente como El Canto o el Canto de Domingo o de Santo Domingo. Estas dos últimas denominaciones hacen alusión, a grandes rasgos, a una zona que comprende desde el pantano de Elda hasta el barranco de Santa Bárbara. Rodríguez Campillo nos indica la existencia documental, ya en 1690, del topónimo Charco de Domingo, denominación que también aparece en 1735 y que ha permanecido hasta nuestros días.

La llamativa presencia de un saliente rocoso de 8 metros de altura en pleno cauce se ha reflejado en la toponimia de la zona, que a su vez aparece citada en varios textos antiguos. Navarro Pastor aporta referencias acerca del molino del Canto o Canto de Domingo, en el paraje del Monastil, donde se descubrió un manantial de aguas -las Aguas del Canto- al parecer potables. El área citada, pues, probablemente a partir de la época medieval y especialmente desde fines de la edad moderna hasta el pasado siglo, ha albergado construcciones e ingenios hidráulicos vinculados a la explotación del espacio irrigado de la huerta de Elda. El molino en cuestión se ubicó a los pies del yacimiento arqueológico El Monastil, entre el río y el caserío de Santa Bárbara, aprovechando precisamente la roca para proteger y favorecer la construcción del ingenio hidráulico y sus dependencias anexas. A través de la arqueología conocemos los vestigios de uno de tantos molinos ubicados en el recorrido del Vinalopó a su paso por Elda. Pero,además, disponemos de su denominación tradicional: molino del Canto, dato que nos permite aproximarnos con más precisión a su historia.

Detalle del área de molienda del Molino del Canto.

 

Un documento conservado en el Archivo Municipal de Elda, que conocemos por gentileza de J. Rodríguez Campillo, nos proporciona los primeros datos fundamentales. El Molino Nuevo o del Canto de Domingo, un molino harinero, se construyó en 1839. Disponemos, además, del nombre del propietario: Pedro Montesinos y Navarro. La denominación de Molino Nuevo para el molino del Canto plantea algunas dudas, ya que en el archivo municipal eldense existe un documento de fecha anterior (1781) en el que ya se cita un Molino Nuevo, propiedad del Conde de Puñonrrostro.

Por tanto, en 1839 se levanta un nuevo molino en el cauce del Vinalopó. Evidentemente, no se trata de un hecho aislado. Pérez Medina señala que ya en la Elda del siglo XVI al menos existían dos molinos harineros. En 1785 aparecen cinco molinos harineros en la partida del Chopo. En 1836 se conocen al menos cuatro de estos artilugios. El ingenio hidráulico del Canto sería, sin duda, uno de los ocho molinos harineros existentes en Elda que cita Madoz pocos años después, junto a seis martinetes de esparto y siete fábricas de papel de estraza.

En 1841 se data un expediente sobre la construcción de un martinete de majar esparto, concedido por la corporación eldense a Maximo del Val y Antonio Amat y Bernabé, en el partido del Charco-Domingo. La construcción se hizo, según el documento, aguas abajo del molino harinero de Pablo Montesinos y Navarro, vecino de la villa de Petrel y probablemente el hijo del primer propietario del molino del Canto, construido poco tiempo atrás. En el texto se indica que el nuevo artilugio necesitaba aprovechar el curso de las aguas de la rambla, tomándolas una vez separadas por el molino harinero. A su vez, el nuevo martinete, una vez usadas las aguas, las devolvía a la rambla al principio de la toma de los molinos de papel de Miguel Juan. El Ayuntamiento aprobó y concedió la obra (26 de julio), con la condición de que no perjudicara a otros molineros, en particular al citado Pablo Montesinos. En noviembre de 1841 Pablo Montesinos se queja al Ayuntamiento del perjuicio que le ocasiona la construcción del martinete de esparto anterior. En diciembre del mismo año una comisión dictamina que sí hay perjuicio por la construcción y uso del nuevo molino de esparto.

EI texto anterior es especialmente útil desde varios puntos de vista. Por un lado, se advierte la densidad de construcciones hidráulicas en la zona. En 1796 Miguel Juany Tormo solicita el permiso para la reconstrucción de un molino de papel blanco «en la acequia de arriba, inmediata a las Minas y barranco de Santa Bárbara». La solicitud es denegada. El mismo propietario pide entonces la ampliación de otro molino que poseía en la partida de El Monastil. Por otro lado, existe una petición de Pedro Juan y Navarro, datada en 1842, para construir un molino harinero en la partida de El Monastil. Este mismo propietario poseía ya un martinete de esparto. En 1849 se abre un expediente para la construcción de un martinete de majar esparto en el partido del Pantano, a nombre de Antonio Máñez.

Muela fija o solera del Molino del Canto.

 

Estos expedientes y solicitudes reflejan la importancia de esta actividad, pero también puede inducir a confusión respecto a denominaciones y localizaciones de estos ingenios. Por otro lado, es patente la diversificación y coexistencia de las industrias: harina, esparto y papel. Asimismo, en varios de estos documentos se reflejan los conflictos por el uso del agua en nuestras tierras, un bien escaso que ha provocado tradicionalmente luchas y enfrentamientos que se han perpetuado hasta la actualidad.

El notorio incremento de obras hidráulicas de esta naturaleza tiene, así pues, un contexto histórico bien conocido. El molino del Canto es uno de los molinos que, sobre todo a partir de mediados del siglo XVIII, como indica Pérez Medina, y coincidiendo con la etapa ilustrada,se erigen en el río Vinalopó. El mismo Cavanilles, que visita Elda en 1792, nos proporciona datos especialmente interesantes acerca del progreso en el tratamiento mecánico del esparto por medio de martinetes. Lamberto Amat, poco más de una generación después de la construcción del molino del Canto, escribe en 1875 refiriéndose a Elda «…hay molinos de harina, de papel de estraza y de majar esparto…», añadiendo líneas después «…En el molino Nuevo se dividen las aguas para las acequias de Arriba y de Abajo; la primera tiene un martinete llamado del Canto… », y concluyendo más adelante «…resultan, pues, once de los últimos [harineros], cuatro de estraza y diez de majar esparto…» , así como «…la generalidad de estos artefactos no trabajan más, que tres meses unos y medio año otros… ».

A partir del texto de Amat, que hace referencia expresa a un martinete en el Canto, podríamos suponer que el molial no harinero del Canto se convirtió o adaptó para funcionar como martinete de esparto años después de su construcción, ya que los molinos eran fácilmente convertibles. La estructura básica de estos ingenios permitía un carácter polifuncional, pudiendo dedicarse al tratamiento del cereal, del esparto y del papel. Y en la Elda del siglo XIX, en los inicios de una transformación económica y social sin precedentes, la industria espartera era una opción no desdeñable para los propietarios del molino. O, simplemente, podemos deducir que el erudito eldense citó uno de los martinetes de majar esparto que se situaban en la zona del Canto, sin referirse al molino harinero construido años atrás.

Años más tarde, gracias a la emergente prensa alicantina del último tercio del siglo XIX, conocemos un episodio, recogido por Navarro Pastor y sin duda repetido en la zona, que afectó al molino del Canto. Un corresponsal del diario alicantino El Graduador informa que el 18 de septiembre de 1884 hubo una riada que destruyó los numerosos molinos que se alzaban junto al Vinalopó y que desde entonces no fueron reconstruidos. El agua procedente de los barrancos de Caprala y Santa Bárbara agrietó e inundó el molino de harina y esparto del Canto, al pie del Monastil.

Sección y planta de un molino horizontal de cubo para harina, según el proyecto de construcción de 1818 en la Rambla de Puça de Petrer. ARV: BAILÍA: Letra E, exp. 2958, fol. 6, tomado de Pérez Medina (1999).

 

La noticia no debe sorprendernos, dada la ubicación del molino en un cruce de ramblas, circunstancia a la que hay que añadir los ya conocidos episodios de lluvias de alta intensidad horaria, especialmente a inicios de otoño, que caracterizan a nuestras tierras y que provocan riadas y avenidas que afectan sobre todo a las tierras bajas. Parece quizá algo exagerado la indicación de que los molinos de Elda no fueron reconstruidos tras la catástrofe. En un plano de 1896 aparece citado Molino Nuevo en la zona del Canto. Rodríguez Campillo nos muestra una lista de partidas rurales de la villa de Elda en 1900 en la que se hace referencia al Molino del Canto en la partida del Pantano. ¿Tal vez un indicio del mantenimiento de la actividad, o el recuerdo de la ubicación de un ingenio desaparecido pocos años atrás?

En cualquier caso, parece que el molino continuó funcionando. Samper nos proporciona datos acerca de molinos harineros eldenses que estuvieron en activo hasta los años cuarenta del siglo pasado, y la arqueología parece confirmar que el molino ha sido utilizado durante parte del siglo XX, dadas las evidentes reformas que ha experimentado el artefacto, aunque desconocemos, hasta ahora, en qué momento fue abandonado. Tras la excavación arqueológica, los restos del molino fueron destruidos para siempre.

¿Cómo funcionaba el Molino del Canto?

Mecanismo interior de un molino horizontal de agua según F.Palanca y J.Gregori (1989), tomado de Pérez Medina (1999).

Esquema del conjunto hidráulico de un molino de cubo con balsa según Pérez Medina (1999).


El Molino del Canto era un molino harinero que, por sus características técnicas, está clasificado como un molino de rueda horizontal de cubo. Según Pérez Medina, este tipo de molino ”…está compuesto por una rueda motriz que recibe tangencialmente el impulso del agua, unida a un eje vertical (árbol) a través del cual da movimiento a la muela corredera. No existen engranajes que multipliquen las revoluciones de la rueda a la muela. El rodet, rodete o rodezno –nombre que recibe la rueda impulsadora- está formada por una serie de palas o alarbes, generalmente de forma curva, para generar mayor fuerza motriz”. (…) “…Alojado en el cacau, carcavó o cárcamo, en la parte inferior del edificio donde están instaladas las muelas, recibe el agua a través del canalejo, canaleta o segitia. Generalmente, es un “rodete de madera” el receptor e impulsor de la muela” (…) “…El cubo es el elemento constructivo más característico de los molinos horizontales de las comarcas del Vinalopó. El cubo permite aumentar la potencia al elevar la caída del agua y precipitarla sobre la rueda de palas impulsores. Es la solución técnica dada en aquellos cursos hídricos de caudal pequeño. Estos molinos horizontales de cubo se encontraban en ríos secundarios, afluentes y ramblas, en corrientes pequeñas, de contado volumen y caudal disponible”.

Bibliografía y fuentes:

Archivo Histórico Municipal de Elda.

AMAT Y SEMPERE, L. (1873): Elda. 1873 (I), 1875 (II) [Edición facsímil, I-II, Elda, 1983].

CAVANILLES, A. J. (1795-1797): Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía,Agricultura, Población y Frutos del Reyno de Valencia, 2 vols., Madrid, ed. facsímil publicada por Albatros ediciones, Valencia, 1981, 2a ed. publicada por el C.S.I.C., Zaragoza, 1958.

MADOZ, P. (1845-1850): Diccionario geográfico-estadístico-histórico de Alicante, Castellón y Valencia, Valencia (1982] (ed. facsímil del original de 1845-1850), vol.I, pp. 334-335.

NAVARRO PASTOR, A. (1981): Historia de Elda, III vols., Alicante.

PÉREZ MEDINA, T. V. (1994-1995): «La molinería hidráulica de la Ilustración en las comarcas del Vinalopó», Alebus, 4-5, 180-204.

PÉREZ MEDINA, T. V. (1996): «Martinetes de esparto y molinos papeleros de agua en Elda (ss. XVIII-XIX)» Alborada, 41, 29-34.

PÉREZ MEDINA, T. V. (1999): Los molinos de agua en las comarcas del Vinalopó (1500-1840), Colección L’Algoleja, 2, C. E. L., Petrer.

RODRÍGUEZ CAMPILLO, J. (1999): Elda. Urbanismo, Toponimia y Miscelánea, Elda.

SAMPER ALCÁZAR, J.’(2002): Fuentes para el estudio de la historia de Elda. Modernidad e Ilustración (1517-1809), Elda.

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