El final de la II República: La «Posición Yuste»

Hidalgo de Cisneros inmediatamente puso a Negrín al corriente de la situación, sin que éste parezca prestarle demasiada importancia. Sin embargo, lo cierto es que tras la reunión en el albaceteño aeródromo de Los Llanos ( 26 de febrero), en la que Negrín afirma que la resistencia había de continuar, los apoyos a Casado aumentaron rápidamente. Por ejemplo, el día 2 de marzo, mientras Casado y Matallana, llamados por Negrín a Elda, reiteran al presidente sus argumentos en contra de la resistencia, en Cartagena el almirante Buiza estaba reunido con sus comandantes a bordo del «Cervantes» confirmándoles la inminencia del golpe militar que formará el Consejo Nacional de Defensa y pactará con Franco.

Es más, el mismo Casado, al salir de su entrevista con Negrín, se traslada a Valencia antes de regresar a Madrid. El motivo está muy claro: convencer a Miaja de la necesidad de eliminar al Gobierno antes de que Negrín les ganase la mano dando un supuesto golpe de estado de carácter filocomunista. De hecho, Casado, según cuenta Martínez Bande, ya había llegado a Elda «lleno de recelos», sin haber hecho entrega accidental del mando de su ejército al más antiguo de sus subordinados, según la ordenanza, y aun prohibiéndole que lo haga a su jefe de Estado Mayor, al que notifica que cualquier novedad que ocurra sea comunicada inmediatamente y en lenguaje convenido a
«Yuste».

Pero, si bien toda la zona controlada por el Gobierno republicano era una gigantesca bomba de relojería presta a estallar en cualquier momento, también es verdad que Cartagena era, sin duda, el lugar donde la sublevación estaba más avanzada y se presentaba más confusa. Evidentemente, Negrín estaba plenamente convencido de ello, y ya el mismo día 3 de marzo, tras conocer las conversaciones del día anterior entre Buiza y sus comandantes, envía a Paulino Gómez y a Enrique Líster a la ciudad departamental.

En la madrugada del día siguiente, avisado por los comunistas de la inminencia del golpe preparado, ordena a Galán salir inmediatamente para Cartagena al mando de la 206 Brigada Mixta y su batallón de tanques al mando de Artemio Precioso (contingente de tropas de clara fidelidad comunista).

Cuenta José María Alvarez que «los conjurados, a punto ya de iniciar su despliegue, pretendieron convencer al general Bernal para que tomase el mando de la sublevación. Pero Bernal, viejo liberal, masón y republicano, no lo aceptó: de alguna manera veía con clarividencia que no iba a tratarse de un pronunciamiento anticomunista más dentro de la legalidad republicana, sino de una intentona fascista…».

Aunque la negativa de Bernal retrasa algunas horas el curso de los acontecimientos, «a las once de la noche del sábado 4 de marzo -como declara el mencionado Artemio Precioso en una entrevista a Tiempo de Historia- la mayoría de los jefes militares de la base y guarnición de Cartagena se declaran opuestos al Gobierno del doctor Negrín e inician la toma del control de todas las unidades e instalaciones». Pronto se verá que para muchos
no es una simple presión en busca del cese del Gobierno, sino un alzamiento fascista en toda regla, con los quintacolumnistas al frente y la marina franquista presta al desembarco.

En la madrugada del día 5, la sublevación cartagenera ya presenta un muerto -el director de un diario anarquista- al tiempo que se detiene a marineros, suboficiales y paisanos de izquierda.

Detalle del jardín.

El último consejo de ministros

En este orden de cosas se va a celebrar en la tarde y noche del 5 de marzo el que sería último Consejo de Ministros en territorio español. El lugar fue «Yuste», y no Madrid, pese al ruego de algunos ministros y de Casado de que se celebrase en la capital, y en parte debido a que Negrín ya recelaba de este último hasta el punto de exigir a sus ministros que viniesen acompañados del coronel. Hugt Thomas explica que Negrín envió su propio avión Douglas para transportarle hasta Elda, pero que «Casado dio órdenes de que se hiciese regresar al piloto. Al mediodía Negrín volvió a telefonear a Casado. El coronel alegó que su salud le impedía abandonar Madrid, Negrín, sin hacer caso, le replicó que necesitaba su presencia inmediatamente, prescindiendo de su salud. A las seis de la tarde llegaría otro aeroplano para recoger a otros varios ministros que se hallaban en Madrid. Casado viajaría con ellos, según dijo Negrín. Casado le respondió que arreglaría el asunto con los ministros… Les explicó (a los ministros) que no tenía intención de acompañarles a Elda. Giner, que había sido ministro de Comunicaciones durante toda la guerra, telefoneó a Negrín sugiriéndole que aplazase el Consejo de Ministros. Negrín le respondió con tal furia que los ministros se pusieron en camino inmediatamente, aunque sin Casado». Tampoco asistió Miaja, aunque sí el general Matallana, al que fue a buscar a Valencia, en avión, el general Hidalgo de Cisneros.

El motivo del Consejo de Ministros fue -según Ansó y Álvarez del Vayo- la discusión de las líneas generales del discurso que el día siguiente (lunes, 6 de marzo) debía pronunciar Negrín a través de las ondas. Se trataba de estudiar el fin de la guerra, tratando de lograr un alto el fuego sin represalias ni persecuciones. Según Mariano Ansó, «prevaleció el criterio de Negrín de reducir las aspiraciones de paz… con fuerte oposición del comunista Uribe, de acentos intransigentes en consonancia con el manifiesto de su partido dado en Madrid, censurado por Casado en funciones de presidente de la Junta Política Madrileña».

Sin embargo, aparte de esto, dada la situación cartagenera y la ya casi declarada rebeldía de Casado y Miaja, de los anarquistas y de gran parte de las fuerzas políticas es absolutamente impensable que no se discutiese también de esto. Alrededor de las once y media de la noche, en un intermedio del Consejo, mientras los ministros cenaban, un funcionario entró rápidamente en el salón para anunciar que Radio Madrid había emitido un manifiesto leído por el propio Casado, en el que se anunciaba la formación del Consejo Nacional de Defensa que, integrado por civiles (como Besteiro) y militares (como Miaja), destituía al Gobierno.

A partir de aquí, todo aparece extremadamente confuso. Cada uno de los testigos da su versión de los hechos, a veces interesada, a veces parcial, en unos momentos que debemos lógicamente imaginar de general desconcierto y de rápidas tomas de posición. Así, por ejemplo, de la conversación telefónica entre Negrn y Casado, subsiguiente al manifiesto radiofónico, existen numerosas versiones que no coinciden plenamente ni siquiera en quien realizó la llamada a su oponente, aunque debemos entender que la hizo el Presidente del Gobierno, como el mismo Casado aseguró en su versión de los hechos:

«Dr. Negrín: Mi general, acabó de escuchar el manifiesto que dirigen al país y considero que es una locura lo que hacen.

Casado: Estoy tranquilo porque he cumplido con mi deber, como militar y como ciudadano. Todos los representantes políticos y sindicales, que forman parte del Consejo Nacional de Defensa, también están tranquilos, porque están convencidos que prestan a España un relevante servicio.

Negrín: Espero que usted reflexione porque todavía podemos llegar a un arreglo.

Casado: No comprendo lo que me quiere decir, pero yo considero que todo está arreglado.

Negrín: Al menos mande a un representante para hacer la entrega de poderes o mandaré uno a Madrid con esa misiva.

Casado: De eso no se preocupe. No se puede entregar lo que no se posee. Precisamente ya hemos recogido el Poder que usted y su Gobierno dejaron abandonado.

Negrín: ¿Entonces no accede usted a mi petición?

Casado: No».

Entre las demás versiones, la de Cordón, fiel a Negrín, habla de que éste, prácticamente sin inmutarse, se limitó a sustituir telefónicamente a Casado; la del anarquista García Pradas pretende mostrarnos a un Negrín humillándose ante el aplomo de Casado.

Acta del Consejo Municipal Eldense: el Gobierno intentó, sin conseguirlo, reconstruir el aparato del Estado.

Poco importan, de todos modos, los matices de esta conversación, que además fue seguida de otras varias: Ansó habla de que, tras Negrín, Paulino Gómez y Matallana intentaron disuadir a Casado; Martínez Bande habla de que también lo intentó Segundo Blanco, ministro anarquista. Poco importan los matices porque la situación era extremadamente difícil para el Gobierno: con Cartagena en franca rebeldía (nadie sabía en aquellos momentos si incluso la Armada estaba en manos franquistas) y con el Consejo de Defensa en Madrid, solamente se podía contar con el ejército de Levante y éste contesta que no estaba dispuesto a enfrentarse con sus mismos camaradas. De otra parte, las tropas comunistas combatían en Cartagena contra los sublevados y tampoco era seguro que en Madrid hubiese unanimidad total en la decisión tomada: el Gobierno podía haber intentado hacerse cargo de la situación en su propio territorio, pero ya tenía la certeza de que no conseguiría resistir al enemigo franquista. Por ello surgió el intento de que Casado aceptase el aspecto legal de la transmisión de poderes, sugerida por los comunistas (posiblemente por Palmiro Togliatti), que hubiese significado la preciosa ganancia del tiempo necesario para evacuar a los principales dirigentes: pero Casado no acepta y no lo hace porque no quiere tanto el mando del bando derrotado como la posibilidad de aparecer ante Franco desempeñando un papel cercano al de mediador, para lo cual le beneficia enormemente el enifrentamiento con los comunistas (recordemos que en la teoría franquista de la Guerra Civil la insubordinación militar era vista como el inicio de una cruzada contra el comunismo). Ante este estado de cosas, el Consejo de Ministros continuó durante la madrugada y al final se decidió la salida de España del Gobierno de la República.

La evacuación

Cerca, en otra finca denominada «Posición Dakar», estuvo reunido el Buró Político del PCE, esperando la decisión del Gobierno, y al mismo tiempo ordenando el desplazamiento de algunas tropas comunistas (como la 300 división) hacia la zona de Villena con el fin de defender el territorio -exiguo territorio del Valle de Elda- donde el Gobierno aún domina la situación.

Hacia las ocho de la mañana, según cuenta él mismo, el coronel Líster llega a Elda para informar del paulatino cambio de la situación cartagenera; casi al mismo tiempo se conoce en la sede comunista la decisión del Gobierno. Alrededor de las diez de la mañana, Negrín y Álvarez del Vayo se personaron en la sede comunista para anunciar su salida de España y recomendar a los dirigentes del partido que hiciesen lo mismo. Los comunistas intentaron a la desesperada convencerles de que no lo hicieran, argumentando especialmente que el comandante militar de Alicante, de filiación comunista, mantenía fiel al Gobierno la ciudad y su puerto; pero cuando se conoció la noticia de que había sido hecho prisionero por los casadistas y, consiguientemente, estaban cercados en todas direcciones, optaron por trasladarse al aeródromo donde ya se encontraba el resto de los ministros, dispuestos a marchar rumbo a Francia en los poquísimos aviones de que disponían (Hidalgo de Cisneros realizó un viaje relámpago al albaceteño aeródromo de Los Llanos en busca de más aviones disponibles). Algo después del mediodía, desde El Mañá, el Gobierno (sin los ministros comunistas) salió del país: aparte de ellos, «Pasionaria», el matrimonio Alberti y algún otro dirigente comunista.

En Elda quedaba todavía durante aquel 6 de marzo la plana mayor del Partido Comunista que, tras el conocimiento definitivo de la salida del Gobierno, cambió de táctica y en vez de centrarse en la defensa de un Gobierno que ya no residía allí, intenta a la desesperada derribar al recién constituido Consejo y, por unas horas, apunto estuvo de conseguirlo; en Cartagena, los comunistas dominan la situación, pese a la huida de la flota a un puerto neutral; en Valencia, fuerzas armadas comunistas habían salido en carros al ataque (aunque serían detenidas fácilmente en el cruce de las calles Tránsito y Sagunto); en Madrid, la posición de los comunistas fue afianzándose sólidamente hasta el momento en que ya fue de dominio público que el Gobierno había salido hacia Francia, con lo que su lucha se convirtió en algo absurdo.

Mientras tanto, en Elda los comunistas organizan la defensa del cercano aeródromo a fin de asegurar la salida necesaria a los que permanecían todavía en «Dakar». Tanto Castro Delgado como Líster afirman que se les encomendó a ellos la defensa del lugar, aunque debemos suponer -como hace Martínez Bande- que sería el segundo el encargado, pues su historial era infinitamente más brillante, lo que tiene una importancia capital a la hora de tomar decisiones de este tipo. Al mismo tiempo, según nos aclaró un consejero anarquista del Ayuntamiento de Elda (Diego Iñíguez, hoy concejal socialista), a la CNT de Elda había llegado un comunicado del Comité Regional en el que se ordenaba neutralizar todo movimiento, como ocupación del Ayuntamiento o similar, aunque no decía nada de persecución; todo ello, de acuerdo con un comandante enviado por el Consejo, un hombre joven, de unos treinta y tres años, que estaba atemorizado.

Al anochecer, según Hidalgo de Cisneros, la situación en Elda había empeorado pues patrullas de la CNT y algunas fuerzas casadistas estaban tomando posiciones para controlar las carreteras por lo que se decidió abandonar Elda y concentrarse en el aeródromo, donde se disponía de unos veinte guerrilleros (Líster habla de ocho) y dos aviones (Luis Romero habla de dos aviones de la LAPE y un Dragón).

Mientras tanto, algunos anarquistas se dirigieron a «Yuste», en donde sólo encontraron unas ocho o diez personas que se declararon simples funcionarios, aunque pertenecientes al PCE; además se ocupó una tanqueta con la que se desplazaron hacia el campo de aviación para intentar «que no saliese el Gobierno». Eran alrededor de quince personas, todas de Elda.

Cuenta Líster que, ya en el aeródromo, un motorista entregó al sargento, que hasta entonces estaba encargado del lugar un comunicado casadista en el que se pedía el número de aviones existentes y se ordenaba no dejar salir a nadie en ellos sin mandato expreso. Líster detuvo a ambos y preparó el lugar frente a un posible ataque.

Cronología de los hechos.

Tanto Líster como Castro Delgado o Hidalgo de Cisneros afirman que el aeródromo comenzaba a ser rodeado. Según Hidalgo de Cisneros, «a media noche comenzaron a llegar los primeros camiones con las fuerzas enviadas por Casado con la orden de apoderarse de nosotros vivos o muertos. Por los reflejos de los faros podíamos ver que estos camiones, cada vez más numerosos, iban rodeándonos. Las fuerzas que transportaban tomaban posiciones a cierta distancia del campo…». Por su parte, el consejero anarquista asegura que no había allí nadie más que aquellas quince personas que, un poco a la ligera, fueron hacia allí con la tanqueta. Fuese como fuese la correlación de fuerzas en ese combate que nunca llegó a celebrarse, lo cierto es que todos sabían que no quedaba mucho tiempo. Los dirigentes comunistas comenzaron a determinar las personas que debían marchar al extranjero, según Hidalgo de Cisneros, con una «tranquilidad desesperante… sin la menor protesta», según Luis Romero, con «algunos dimes y diretes, solventados sobre la marcha». A todos los que se marchaban se les entregó una pequeña cantidad de dinero en moneda extranjera para cuando llegasen a su destino. Eran algunas horas antes del amanecer (las tres o las cuatro, según Romero; algo despúes, según Hidalgo de Cisneros). Entre los que abandonaron el país destacan el ministro Uribe y dos de los mejores militares de la contienda, Líster y Modesto. Otros, como Jesús Hernández o Palmiro Togliatti, permanecerían aún en España, siendo de los últimos en salir, por vía aérea y desde Murcia.

«Al amanecer -nos cuenta el concejal eldense- entramos en el campo de aviación y sólo quedaban algunos soldados desmoralizados». En la práctica, la guerra había terminado casi en silencio al alba del 7 de marzo de 1939. J.R.V.E.

 

Bibliografía utilizada
ACTAS del Consejo Municipal del Ayuntamiento de Elda.

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Una respuesta a “El final de la II República: La «Posición Yuste»”

  1. Todo apunta, según Edward Holtein del Servicio de Inteligencia Inglés, que se trató de una carambola a cuatro:
    Franco y su Cuartel General conocían perfectamente los movimientos de Negrin, rodeado de quinta columnista camuflados y por supuesto, la llamada posición Yuste. Tenía el dominio absoluto del aire y bombardeo tras bombardeo no lo hubieran dejado ni asomarse, no lo hizo ni tampoco con la del PCE, que todavía tenía más delatores.
    Yo no los mato y Vds reconocen a mi Gobierno y de la dimisión de Azaña que se ocupen los franceses. Sabéis dónde reculó Negrin ? pues en Inglarerra, naturalmente.

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