El cementeri vell

En muy pocos textos se ha conseguido expresarse el profundo significado que la muerte tiene para cada uno de nosotros. El cese de la vida es uno de los fenómenos que están presentes en todos y cada uno de los aspectos de la cotidianidad de la especie humana. No se pueden entender numerosos matices de nuestra vida, si no tenemos presente lo que implica la muerte.

Desde hace miles de años, el hombre ha enterrado a sus muertos no por cuestiones de higiene, sino más bien por una serie de creencias en una vida en el más allá, de ultratumba, inmaterial, donde todas las personas se igualan independientemente del papel que hayan desempeñado en vida. El hecho de que a los cadáveres se les de sepultura con sus mejores trajes, adornos, e incluso, en algunos momentos del pasado, con instrumentos de uso cotidiano y alimentos, son un claro indicio de la creencia en una segunda vida.

En la iglesia parroquial se dio sepultura desde la explusión de los moriscos hasta que se construyó en nuevo cementerio

En la iglesia parroquial se dio sepultura desde la explusión de los moriscos hasta que se construyó en nuevo cementerio

Los cementerios, es decir, los espacios o terrenos descubiertos, generalmente cercados y destinados a ser el lugar donde se entierra, se convierten en la residencia terrena de los difuntos y en el medio de comunicación de las personas con el más allá. Como lugares frecuentemente visitados  siempre se han situado en zonas bien comunicadas y cercanas a los núcleos de la población

En este sentido, los testimonios arqueológicos y documentales sobre Petrer nos muestran cómo han habido distintos cementerios desde los orígenes del núcleo en época islámica hasta la actualidad.

Aunque se ha constatado la existencia de un posible sistema defensivo de fortalezas o atalayas en el Vinalopó para época califal, donde el castillo de Petrer sería un punto más de control; tuvo que ser durante el período africano -Almorávides y Almohades-  cuando el Husun Bitrir -castillo de Petrer- de las fuentes adquirió verdadera importancia como centro administrativo y como núcleo poblacional. En este momento parece ser que la necrópolis musulmana se ubicaría en la ladera este del cerro del castillo, justo en la zona de La Hoya, tal y como se pudo comprobar en el verano de 1979.

En la Baja Edad Media la aljama de Petrer aumentó considerablemente su población. Fue sobre todo a partir del siglo XV, al igual que en todo el Reino de Valencia, cuando en Petrer se produjo un cierto despegue demográfico llegando a alcanzar en 1510, según el censo de la población valenciana, 99 cases. Ello tuvo que significar la creación de un nuevo recinto sagrado destinado a enterrar a los muertos. La única evidencia de que disponemos, y que claramente podemos relacionar con este momento, es el lugar conocido por el topónimo de el fossar, que se corresponde con el actual paseo de la Explanada, situado al oeste del camino de la ermita de San Bonifacio (hoy calle Nueva), quedando inmediatamente por encima de las huertas que ocupaban las actuales escuelas. Tanto los datos documentales conservados en el Archivo Municipal, como los arqueológicos, confirman la existencia de un cementerio de época bajo- medieval, posiblemente utilizado hasta la expulsión de los moriscos.

Por lo que respecta a la documentación municipal en el Libro de Giradora de 1655, entre las propiedades de Melchor Peres consta: «una orta ab sa justa aygua de la baça que afronta ab orta de Agusti Maestre major y ab cami y fossar y ab ort de Pedro Maestre cami en mig». A través de esta referencia observamos como el topónimo el fossar se mantiene y es respetado a pesar de lindar con diferentes parcelas de cultivo.

En lo que se refiere a las evidencias arqueológicas, aunque han sido varios los restos de esqueletos registrados durante el siglo XX, fue a mediados de enero de 1989, cuando con la realización de una excavación arqueológica de urgencia se documentó la presencia de seis inhumados, cinco estaban en posición de cubito supino (rito cristiano) y uno de cubito lateral derecho, con la cabeza orientada hacia el mediodía (rito islámico). La aparición de estos restos encuadrables entre los siglos XIV-XVI, viene a confirmar la existencia de un cementerio en el que se enterraría a la población morisca hasta 1609.

A partir de la expulsión de los moriscos, ya con población plenamente cristiana, y hasta la construcción del cementeri vell en 1816, se dio sepultura, al igual que en el resto de poblaciones, en la antigua iglesia parroquial que ocupaba el mismo solar que la actual, aunque eso sí, de dimensiones más reducidas. En este sentido, en el Archivo de Protocolos Notariales de Monóvar, en los protocolos pertenecientes al notario petrerense Joseph Gil del año 1681, encontramos muchos testamentos que así nos lo confirman. Un ejemplo de solicitud y deseo de enterramiento en el edificio religioso aparece en el testamento de Gaspar Tortosa, agricultor, y Catalina Aguyó, cónyuges de Petrer, que declaran ante dicho notario el día 11 de mayo de 1681: «(…) En apres a com anant les nostres Animes a nostre S’ Deu qui aquelles a creat eligim sepultura ais nostres cossos esser feta en la Yglessia Parroquial del glorios Sent Berthomeu de dita Vila de Petrer en lo vas de la Mare de Deu del Roser».

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