1938: María y Josefa Soriano Beltrán, dos mujeres para la historia de Petrer

Hasta ahora hemos hablado más de Josefa que de su her­mana María; sin embargo, siendo María seis años más joven, fue la primera mujer que ocupó el cargo de consejera munici­pal. A partir de los relatos facilitados por familiares (13) y amigas de María Soriano. podemos hacemos una idea de cómo en físicamente y el carácter que tenía. Su sobrino Benjamín, hijo de Isaac Gómez y Josefa Soriano, se refería a ella como una mujer guapa, inteligente y algo descarada, con el pelo de color rojo, de ahí su apodo de La Roja. Rosa, hermana de Benjamín, también nos contó varias anécdotas de su tía que muestra el desparpajo que tenía María incluso en situaciones muy delicadas: están en la cárcel de Alicante tras la guerra, un funcionario le preguntó varias veces por los motivos de su condena, tal vez para obtener algún favor sexual, y harta de tanta pregunta le contestó muy seria y contundente “¡Porque quemé a san Pancracio!”, afirmación que no era cierta pero que fue efectiva para que no la molestara más. En otra ocasión María fue a reclamar ante director de la cárcel las deplorables condiciones que tenían las reclusas, protestando porque la carne que les daban para comer era invisible y apenas si veían algún hueso” (14). Este carácter de María también fue confirmado por Lolita Marcos, su amiga de las JJLL, ya que la definía como valiente y espontánea.

Muchos años después de su paso por la cárcel, María no consintió en pedir las ayudas de carácter asistencial que le correspondían por este motivo.

Pero volviendo a su nombramiento como consejera minicipal en representación de la CNT, con fecha 20 de mayo de 1938, para cubrir la vacante dejada por José Maestre Maestre, Manotas. En la remodelación de las comisiones a María se le asigna la de Policía Urbana y Rural junto con Manuel Pérez Cabedo y José Chico Herrero. Aprobados los asuntos ordinarios, leemos en el acta:

“(…) el camarada alcalde (Rosendo García) manifiesta haber visto con agrado la designación de vocal de este Ayuntamiento de María Soriano Beltrán y se complace de hacerlo así constar, ya que ello denota el progresivo desarrollo de la vida ciudadana que concede a la mujer idénticos derechos que al hombre, pudiendo por ello compartir las tareas edilicias y desempeñar otros cargos de carácter público y propone a sus compañeros conste en acta la satisfacción del Consejo por dicho nombramiento” (15),

Meses después, el 9 de octubre de 1938, su hermana Josefa también toma posesión del cargo de consejera, en sustitución de Ramón Congost García por haber sido movilizado el reemplazo 1923 al que pertenecía. Llama la atención la declaración de Josefa ante el juez militar que años más tarde la juzga cuando dice:

“(…) fui al Ayuntamiento como consejera para impedir que algunos dirigentes se quedaran sin ir al frente cuando llamaban a sus quintas y que otros que no tenían quién les amparara fueran. Que en una ocasión escribí al Alcalde una carta protestando de la marcha al frente y diciéndole que se negaran todos a marchar a incorporarse para que de una vez terminara la guerra” (16).

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Fachada del Ayuntamiento en la década de los treinta (AFMP).

El final de la guerra, cárcel y traslado a Villena

Con la caída de Cataluña en enero de 1939 la guerra se acercaba a su fin. Los esfuerzos diplomáticos y los intentos de llegar a una paz sin represalias para los vencidos fracasaron estrepitosamente con el golpe militar del coronel Segismundo Casado. A partir del 6 de marzo de 1939 la mayoría de los que habían ocupado cargos de responsabilidad se planteaban seriamente la forma de salir de España y marchar al exilio. Compañeras de María y Josefa de la CNT y de las JJLL, como Dolores Marcos, habían conseguido, a través su organización, un pasaporte expedido por el Gobierno Civil de Alicante con fecha 10 de marzo de 1939 (17) que les autorizaba a abandonar el país. A final del mes de marzo, María se encontraba en Yecla, su pueblo natal, intentando adquirir alimentos para su familia. Por otro lado, Josefa semanas antes se había desplazado a Valencia con su marido Isaac Gómez Ferré, natural de Elche de la Sierra y vecino de Almansa, afiliado a la CNT, teniente y comisario político de la Columna de Hierro, ya que éste asistía a unos cursos en la Academia de Formación de Oficiales. Antes de la guerra, en Almansa, ya hacía gala de dotes de organización y mando al formar parte de un banco de alimentos que eran intercambiados por me­dio de trueque por otros productos.

Aunque se esperaba, el desplome de la II República cogió a muchos de los resistentes lejos de los puertos donde les habían prometido que habría barcos que les sacarían de España. Con sus pasaportes en la cartera, Josefa e Isaac viajaron de Valencia a Alicante en una carretera abarrotada de soldados, mujeres y ni­ños, andando junto a coches y camiones averiados o abandona­dos; como un reguero humano la gente huía de las casi seguras represalias franquistas.

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Buque Stanbrook en el puerto de Alicante. 1939. Fotografía extraída de comisioncivicalicante.wordpress.com

Después de vencer muchas penalidades, Josefa e Isaac lle­garon al puerto de Alicante; era el 29 de marzo y el barco carbo­nero británico Stanbrook ya había zarpado. Alguno de sus amigos y compañeros iban en él, Dolores Marcos y su marido Adrián Torregrosa, otros cenetistas de Petrer como Francisco Torregrosa Pascual, Luis Brotons Maestre y Francisco Martínez Martínez habían podido embarcar a tiempo camino del exilio. En el puerto de Alicante, apiñados junto a miles de republicanos, la pareja per­maneció cerca de tres días a la intemperie a la espera de la llegada de barcos que nunca llegaron (18).

El 31 de marzo y el 1 de abril salieron del puerto miles de republicanos en fila, iban camino del campo de concentración provisional en la zona de La Goteta, conocido más tarde por el Campo de los Almendros. Unos días después, Josefa junto con las demás mujeres y sus hijos fueron trasladados a cines de Ali­cante, habilitados como cárceles; mientras Isaac fue conducido en un tren de ganado al campo de concentración ubicado en el término municipal de Albatera. Durante los días de detención en Alicante, Josefa compartió penalidades con su compañera y ami­ga Carmen Montesinos, Carmeta, también de las JJLL de Petrer.

Mientras tanto, María, al acabar la guerra, huyendo de unas posibles represalias, se había trasladado a su pueblo natal de Ye­cla, a la calle Quevedo n° 17, donde vivía su familia. Con fecha 21 de junio de 1939 es requerida en Petrer a presentarse ante el sargento de la guardia civil, Arcadio Sánchez, para responder ante una denuncia interpuesta por el vecino de Petrer L.V. y que decía lo siguiente:

“(…) y sabe y le consta que pertenecía antes del movi­miento a la CNT y dentro del mismo a las Juventudes Liberta­rias. Constándole también que fue vocal del Comité de las Ju­ventudes Libertarias y Consejera del Ayuntamiento; que exalta en sus conversaciones públicas a la causa roja, insultaba a nuestro Ejército Nacional y a sus Generales. También le consta que re­caudaba fondos para el SRI y que dada su significación política es una mujer de peligro para nuestra causa” (19).

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Foto de estudio de Josefa vestida con traje de fiesta. (Archivo de la familia Gómez Soriano).

Como a la mayoría de las mujeres detenidas, María fue tras­ladada al Ayuntamiento de Elda donde le cortaron el pelo al rape como símbolo de humillación y escarnio. Su sobrina Rosa nos transmitió cómo su tía, en conversaciones mantenidas con ella a los muchos años de finalizar la guerra, le contaba cómo resistió a esta humillación que tenía por colofón un paseo de escarnio por las principales calles de la ciudad. La burla se remataba dejando un mechón de pelo sin cortar al que se le adhería un lazo con los colores de la bandera roja y gualda.

María Soriano fue juzgada en Elda por un tribunal militar en consejo de guerra el día 20 de octubre de 1939 junto con las vecinas de Petrer: Leónides Sarrio, Brígida Valera, Rosa Berna­bé, Rosario Iniesta y Josefina Montesinos por los cargos arriba indicados. Fue condenada a seis años y un día de prisión mayor de los que cumpliría cuatro en la cárcel de mujeres de Alicante, conocida como Casa de Ejercicios Espirituales de los Jesuitas, enclavada justo enfrente del Reformatorio de Adultos de Alican­te. En esta cárcel se encontró con su hermana Josefa una vez fue trasladada desde el cine Ideal de Alicante, donde estaría hasta el año 1943 cuando salió en libertad condicional.

Josefa fue condenada a 12 años de prisión en el consejo de guerra celebrado en Elda el 20 de octubre de 1939, el mismo día que María, acusada de estar afiliada a la CNT y

“(…) ser nombrada consejera del Ayuntamiento de Petrer formando también parte del Comité de Control de las Industrias del Calzado interviniendo en mítines y dirigiéndose al público por medio del micrófono instalado en el local de las JJLL e inter­viniendo en la incautación del domicilio de J. V. donde instalaron unas escuelas (… ) (20).

La condena quedo reducida a cuatro años, y en 1943, como hemos indicado, obtuvo la libertad condicional aunque fue condenada al destierro en Castellón de la Plana. Por otro lado, Isaac, su compañero, fue condenado a muerte y se le trasladó desde Campo de los Almendros al penal de Chinchilla, ubicado en el castillo que domina la ciudad hasta que fue puesto en libertad.

Volviendo a los pocos recuerdos transmitidos por las heemanas Soriano a sus descendientes, ya que de estos temas no se se solía hablar en casa, Rosa, hija de Josefa e Isaac y sobrina de María, nos transmite el miedo que su madre y su tía tenían de los moros que hacían guardia en la prisión, y de los malos tratos sufridos por su padre tanto en el campo de concentración de Albatera como el penal de Chinchilla (21). También que prestaron sus mejores vestidos a una compañera presa de Petrer que iban a fusilar: Estas vivencías no son conocidas por Benjamín, hermano de Rosa, quien no recuerda que sus padres hablaran en ningún momento de las penalidades sufridas en la cárcel. Lo que sí tiene presente es una anécdota que le contó su padre de cómo resolvió en el campo Albatera un problema de geometría bastante complicado y que un alto funcionario del centro de reclusión no sabía cómo solucionar.

Al salir de la cárcel y acabar el destierro, las dos hermanas fijan su residencia en Villena. Benjamín nos transmite un sentimiiento de aprecio a los villenenses ya que piensa que “las gentes de la ciudad les acogieron bien aún sabiendo de su pasado republicano” (23). Villena estaba situada geográficamente en la mitad del triángulo formado por Yecla, ciudad natal de María y Josefa, Almansa, donde residía la familia de Isaac, y Petrer, donde tenían su vivienda hasta la guerra en la partida del Guirney en Petrer, y a la que ya no volvieron, aunque explica Benjamín que su familia siempre guardó un buen recuerdo de su paso por nuestra villa y, concretamente,, de la familia Villaplana, propietaria de Calzados Luvi.

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8 respuestas a “1938: María y Josefa Soriano Beltrán, dos mujeres para la historia de Petrer”

  1. Quiero dar las gracias a los autores de este magnifico articulo, tanto por la redaccion como por el contenido, y espero que en este medio, se produzcan más intervenciones como esta, para el disfrute de los que amamos la historia en general, pero sobre todo la relacionada con nuestro pueblo. Gracias.

  2. Coincido con Filomeno 49 en su agradecimiento hacia Boni y Fernando por este trabajo de nuestra historia, que afortunadamente no ha quedado enterrada para siempre.
    Antes de su reproducción aquí en petreraldia ya lo había leído en la propia revista Festa 2014. Y me llevé una gratísima sorpresa al ver la primera de las fotografías. Enseguida reconocí a Lolita Marcos. Lolita la de Casablanca, como le llamaba mi abuela materna, Antonia, íntima amiga suya. Y es que fue en esta importante ciudad marroquí donde fijaron su residencia Lolita y Adrián, su marido.
    Ambos llegaron a tiempo de embarcarse en el Stanbruk, aquel 29 de amrzo de 1939, y estuvieron muchos años sin poder venir a Petrer. Cuando ya pudo hacerlo Lolita, solía visitarnos todos los veranos, con su hijo. Su marido Adrián no pudo venir hasta después de la muerte de Franco.
    La primera vez que vino a casa tendría yo unos 6 o 7 años. Fue una calurosa tarde veraniega. Había vacaciones escolares y yo estaba allí. El momento del reencuentro no se me ha borrado de la memoria. Me estremezco solo de pensarlo. El abrazo que se dieron Lolita y mi yaya fue interminable.
    Lolita se alojaba en casa de familiares, pero siempre había algún día que venía a comer y/o cenar con nosotros.. Y raro era el día que no pasaba por casa, aunque fuese para una fugaz visita.
    Un verano, otro verano…
    Saludos

    1. Hola Ellas. Soy Helios, el hijo de Lolita y Adrián. No había descubierto este artículo hasta ahora. Esa foto (la que encabeza esta página que por cierto estaba muy vieja y manchada y que he mejorado con una aplicación del ordenador) se la proporcionó mi madre a Boni antes de morir. O yo. Porque mi madre falleció en 2012.
      Gracias por este comentario.
      Estoy escribiendo una novela sobre las memorias de mi padre, y en base a lo que mi madre me fue contando de sus amigas de antes de la guerra: Josefa y maria Soriano, de Ana Martínez, la mujer de Ramón Congost, de Antonieta, la madre de Amor, y de algunos nombres más que supongo os dirán más a los que vivís en el pueblo desde siempre.
      He encontrado esta página (Boni tiene muchas de esta. ¡Hay que ver el trabajo que ha desarrollado en relación a la historia del pueblo y de muchos de sus habitantes) por casualidad, mientras buscaba fotografías y referencias antiguas sobre el Petrel de los años 20 y 30.
      Yo no pude presenciar ese encuentro, entre tu yaya y mi madre, o si estaba, supongo que fue a principios de 1949, la primera vez que mi madre volvía a España después del exilio, apenas si tenía un año.
      Un saludo.

  3. Orgullosisima de ser la nieta de Josefa y la sobrina nieta de María. Muchas gracias por dedicarles este artículo.

    1. Y también por haberlas conocido y visitado en Villena. Me acuerdo de Fermín y de su hermana (no recuerdo bien su nombre). Hace mucho tiempo que perdimos el contacto. Me gustaría volver a verlos.

    2. Perdón, quise decir Benjamín y Rosa Gómez Soriano. Hace más de 55 años que no les veo.

  4. Es un orgullo para mí, de ver a mis abuelos y mi chacha lo luchadores y valientes que fueron en la guerra civil. Me gustaría tener una revista de ellos. Muchas gracias

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