Resaca cuentamontina

Bien dice el diccionario, en una de las acepciones que esta palabra tiene, resaca: Sensación de aturdimiento o confusión que sigue a la experiencia de un acontecimiento que ha provocado alegría u otra emoción muy intensas, pues así me siento una vez dejado atrás todo el cúmulo de imágenes y sonidos que quedaron en mi mente tras la Gala Cuentamontes. Todo bien, me dicen. Enhorabuenas y felicitaciones en la despedida de los que hasta aquí llegaron, mientras sigo “flotando” llevado por los acontecimientos que, en cascada impetuosa, me han estado arrastrando durante las últimas cuarenta y ocho horas, y ya ni ordenar puedo la secuencia de lo acontecido. Me cuesta hilvanarlos y me quedo “colgado” mezclando alegrías muchas y alguna que otra decepción, fruto de la equivocación propia.

manolo

Pero la resaca de las olas del mar tiene la virtud de borrar las marcas en la arena de la playa devolviendo todo a su estado original, aun sabiendo que nunca volverá a estar igual que antes. Toca espabilarse y hacer balance, autocrítica y propósito de enmienda para todo aquello que queremos mejorar. En definitiva, aprender de los errores.

Todo fueron felicitaciones, como digo, tal vez cortesía o quizá los fallos no se percibieron como tales. Tocaba luego desmontar en el Teatro; momento de repaso ineludible entre mi equipo y entonces lo dije __¡anoche morimos de éxito cuando me hubiera gustado más quedar sólo enfermo!

No me extenderé y resumiendo diré que cometimos dos errores sobresalientes que hay que evitar para el futuro. El primero disponer del teatro sólo un día, cuando se precisan dos. La Gala se ha tecnificado de tal manera que se hace necesario un ensayo previo, cosa que no ha podido ser este año al haber existido otra actuación en el teatro la tarde del viernes. Absolutamente nada se pudo ensayar y por lo tanto lo que ofrecimos fue una especie de vuelapluma escénico sobre un guion donde los regidores no tuvieron ocasión de hacer sus propias correcciones. Cierro los ojos y veo todavía a Antonio Santos, director de Carasses Teatro, montando la coreografía de los gnomos del Cid, junto a la cantante Luisa Domenech, cuando el público ya estaba entrando a la sala y recuerdo que mi expresión fue ¡Que el señor nos coja confesados!

Algunos fallos de coordinación que el buen hacer de nuestros presentadores, Mensi Romero y Miguel Barcala, disimularon ante el público. La Gala, como siempre larga, pero nadie se mueve del asiento (como en los Goya) lo cual nos tiene en vilo sin saber qué pensar ni qué hacer, aunque sabemos que tendremos que hablar sobre este tema. Tal vez reunir en grupos temáticos a los premiados y suprimir la parte comercial en las entregas pueda agilizar el evento futuro. Se verá en próxima reunión.

Ahora bien, personalmente tengo la certeza de que sin tiempo para ensayos, avocados a un apresurado directo, no podría haber contado con mejor equipo humano para ir solventando todos los problemas que iban surgiendo, sin que ello significase un bloqueo, sino lo contrario pues todos reaccionaron rápido para solucionar el fallo. ¡Felicidades a todos!

El segundo error fue pensar que este año iba a ser como los anteriores, en cuanto a público, en la inauguración de la exposición pictórica y el consiguiente vino de honor. El Teatro Castelar estaba lleno a rebosar en patio de butacas, platea, palcos y hasta se ocupó parte del anfiteatro, estimándose la asistencia en torno a las 540/580 personas, ligeramente superior a la media de los últimos años, pero la media de gente que suele asistir luego a la exposición se situaba, hasta ahora, en 180/200 personas máximo y este año no quedó un solo hueco donde poner el pie llegándose a las 360/390 personas lo cual, provocó el consiguiente y rápido desabastecimiento del avituallamiento, previsto para haber vivido una francachela tranquila y armoniosa. Es difícil que ninguna otra exposición pictórica tenga tal afluencia de visitantes, máxime cuando han tenido que desplazarse desde el Castelar hasta el Museo Arqueológico Municipal, un trayecto siete veces mayor que el que, habitualmente, separa la Gala de la muestra pictórica, pero ocurrió y por ello nos sentimos alagados pero debemos pedir disculpas por no haber sabido preverlo.  Lo dicho: morimos a manos del éxito, descubriendo que en verdad, el mérito es de todos aquellos que, perdonando nuestras imperfecciones, nos hicisteis el regalo de vuestra asistencia.

Por todo ello, gracias.

 

Juan M. Maestre Carbonell

Cuentamontes

 

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