¡Levantad, Tribus montañeras! Regresa el último Botas Negras

Dedicado, sin acritud, a los Agentes forestales de Petrer,

en respuesta a sus 120 avisos de sanción, ilegales.

 

tribus montañeras

“¡Jaou! Hoy te hablo a ti, forestal…”

¡Jaou! Hoy te hablo a ti, forestal. Mi palabra busca el corazón gris que mis ojos ven en tu alma. Mi piel, curtida por mil montañas, cuenta por muchas lunas los reflejos plateados en mis sienes, al igual que la escarcha sobre el romero al despuntar la mañana. Mis ojos han visto nacer el esperado día en campos primaverales y también en los oscuros balcones rocosos donde el águila anida. Como el oso, hiberné bajo el alto manto nivoso y aguardé en silencio al brillante astro que calienta el día, buscando el regreso a la vida. Mi sangre, generosa, ha pintado durante muchos lustros la Cresta Foradá, hasta teñirla roja. Tantas han sido las pieles rotas que otrora cubrieron mis pies, que mis fuerzas ya vienen a menos, mientras mis otoños aumentan. Entenderás, que no me asusten tus “amenazas”.

Pero hoy mi corazón está triste. Mi espíritu forjado en nobles luchas, se siente acosado por un “séptimo de caballería” que no respeta mi nombre. Por “dominguero” me tienes, sin que bien comprenda. ¿Acaso no somos “domingueros” la mayoría de los deportistas españoles?… Yo no tengo más remedio. ¡Ya sabes! Es esa historia del sustento, la casa, los hijos… y para colmo el paro. ¡En fin! no me quejo, pues aun así, “Manitú” me ha permitido sentir la nobleza rocosa, y acariciar algodones sobre el azul de las alturas a lo largo y ancho de sus vastos dominios.

Mi pueblo piensa, que el vocablo “dominguero” se utiliza impropiamente confundiendo a ecologistas, legisladores, políticos y ahora también a vosotros, los forestales. Si es así, inventemos otros términos, pues “domingueros” somos la mayoría. Distingan a quienes respetamos la naturaleza de los que no lo hacen. Que se llame “guarros“, a los que convierten en un basurero el lugar donde han comido, o “pirómanos criminales” a los salvajes incendiarios. O acuñemos nuevas definiciones como “dominguarros”. Os aseguro que LOS ESCALADORES Y MONTAÑEROS, que tenemos cuidado con nuestro entorno, nunca nos sentiremos aludidos.

La actual aplicación de la Ley es negativa, pues lo que parecía bueno no lo está siendo, por causa de una nefasta actuación medioambiental creando un parque que, DESPUES DE SIETE AÑOS Y MEDIO sigue sin normas y sin el necesario Consejo de Participación donde, por Ley, tenemos una voz que se nos está robando, para seguir “campando a las anchas”. ¿Cuánto tiempo más, hace falta para que la Conselleria empiece a trabajar ¡de una maldita vez!? (Disculpen, este indio ya estar cabreado), y dejéis de prohibir, cuando olvidáis educar, para luego meter en el mismo saco de las restricciones a todos (menos a los que van armados y tienen llaves), sin tener en cuenta que los que practicamos deportes en contacto con la naturaleza, ya estábamos aquí cuidando de ella, ¡sin aspavientos!; respetándola y amándola, mucho antes que vuestras leyes y sus prevaricadoras aplicaciones vinieran. Unas leyes que se me antojan sentenciadas bajo la influencia de desmemoriados movimientos ecologistas, más o menos chillones, panfletarios y politizados que no tuvieron en cuenta, que en cuestiones de respeto a la montaña, mi “tribu montañera”, lo quieran o no, somos sus padres, metafórica y filosóficamente hablando, a la vez que personalmente actuando.

Y he aquí… que ahora el padre no puede deambular libremente por los territorios que desde hace más de medio siglo son su propia casa, antes incluso de existir ICONA o sucedáneos. ¡Qué curioso! Los que defienden el hábitat natural y no natural de todas las especies vivientes, __que ya “manda huevos” lo de los arruís en Petrer__ cogen a los “Sioux de la Montaña”, pretenden cargarse su cultura con más de doscientos veinticinco años de historia, e intentan meterlos en sus “reservas”; eso sí, dotadas con banquitos y mesitas, papeleras, otras justificaciones presupuestarias y parrillas para cocinar, entre olores de basuras que sólo de tarde en tarde se retiran… ¡Qué bien, ¿No?! ¡Adiós al espíritu aventurero!, ¡Hasta nunca, fuego de campamento!, Adiós al sueño bajo la luz de las estrellas…

Y… ¿Luego qué…? ¡”El sioux de las cumbres” ha muerto! ¡Vivan sus hijos “los Verdes”, los “escopeteros” y sus aliados los forestales”!… Ojalá consigan un mundo mejor, aunque lo dudo.

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Primeros pasos en la Foradá (2013). En estas montañas me educó mi padre, Premio de Honor de la Tropa de exploradores, en 1928; en estas rocas, eduqué yo a mis hijos, y espero que nadie se atreva a intentar alejarme de estas paredes, para seguir educando aquí a mis nietos.

La vida está llena de ejemplos, y esta sociedad nunca tiene por hijos de buena madre a quienes destierran de su propio hogar a sus padres, ignorando siquiera que han existido; que existen y que, le pese a quien le pese, seguirán existiendo, mientras el cielo sea azul y altas las montañas.

En los últimos tiempos, mi pueblo espiritual ha escuchado decir verdad sobre “dominguero malo”, y en silencio ha seguido fumando la gran pipa, mientras levantaba sus tiendas, una y otra vez, para retroceder hasta otros territorios; y lo ha hecho con comprensión, porque nadie respeta más a los bisontes, que quienes alimentamos nuestro espíritu con su sola contemplación, pero el hombre forestal quiere más. ¡Lo quiere todo!, hasta convertir nuestra esencia indomable, en la mansedumbre de un ganado de borregos. ¡Qué ciego está! Pues prohibir es, para un alpinista, proponerle su próximo objetivo. Así, que “la cagaste Burlancaster”.

Llegó la hora de que mi pueblo diga “¡Basta!” y responda apagando la gran pipa y gritando al viento desde todas las atalayas rocosas, al oeste del gran Mediterráneo.

Desde los “Arapahoes del senderismo” a los “Apaches de las Rocosas”, ¡Todos!, “Botas Negras”, “Pies Cortos” o “Garras Trepadoras”, ¡Uníos! “Tribus de las Montañas”. Es hora de que se escuchen, alto y claro, a los “Recio Amanecer”, los “Nube Azul”, los “Nieve Pura” y los “Lluvia en el Rostro”, y que nuestras voces se escuchen desde los valles grises, hasta los bosques judiciales y las ciénagas políticas, para que reine la justicia y la verdad, de este espíritu hoy oprimido, que sólo pretende dejar a sus hijos el legado más preciado que conoce, nacido desde la profundidad del respeto y la libertad de las montañas.

Seguramente cuando también logren arrinconar nuestro espíritu aventurero en reservas y corralitos mugrientos bien organizados, estos agrisados, nos venderán la aventura, el amor a la montaña y el respeto a todo lo que es vida, desde detrás de mostradores con folletos a todo color; eso sí, impresos en papel reciclado.

Ya estamos viendo cómo se sanciona y se quiere alejar de los territorios, que siempre han sido suyos, a los cuatro chalados y sus viejas pero libres mochilas mientras, por el horizonte, carretas de nuevos colonos en caravanas de Trekking, perfectamente organizadas, tendrán vía libre con el beneplácito del guarda forestal reducido a un recoge-permisos. ¡Cuánto te añoro Isidoro! (Legendario forestal del Cid). Es ahora el pacifico grito de guerra, frente a la actual administración medioambiental, cada vez que se intente acobardar a algún montañero o escalador.

¡Levantaos Tribus montañeras! El General “Miler” al frente del “séptimo de caballería” con sus oficiales y sus acólitos forestales, viene armando mucha polvareda por los territorios de nuestros antepasados, pero si hemos de caer, pido a Manitú que sean certeras nuestras flechas envenenadas para que arrojen también de sus poltronas a los caciques principales, aquellos que no se ganen el sueldo, que con el sudor de nuestro pueblo se les paga.

¡Levantad hermanos!, pues todo esto ya está pasando, o moriremos pronto al más puro estilo de “Wounded Knee”; eso sí, en silenciosa matanza que nadie sabrá como hubo comenzado, a orillas de una gran mesa de despacho y de manos de algún General “Forsyt” de pacotilla, que volvió a tomar mal el encargo del General “Miler” de turno.

Como esta desgarrada piel de toro ya no aguanta a más “Generales”, yo no sé qué vais a hacer vosotros, hermanos de horizontes infinitos, pero yo no puedo evitar ser un “Sioux” en el tema montañero, aunque el forestal me siga tomando por “dominguero”, y lo tengo muy claro. Ya he desenterrado mi pluma de la guerra. ¡O se respeta a mi pueblo, o muero luchando!

 Cuando los tambores de guerra, revientan ecos por el horizonte levantino, debéis saber que la rendición no existe en el argot de un escalador. Los sables y las hachas están en alto, pero en la llanura aguarda un encuentro, y si de verdad traéis la pipa de la paz, fumaremos. 

El último botas negras 

Juan Manuel Maestre Carbonell

Presidente del Grupo Cuentamontes

Cultura montañera ¡Sin fronteras!

Grupo Español de Escritores de Montaña

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