La epidemia de langosta de 1756 en la Comarca del Vinalopó y Alicante

NOTA: Artículo publicado originalmente en la Revista Alborada nº 28, año 1982

Introducción

En 1756 gran parte de España sufre el azote de una epidemia de langosta que diezma los campos ya que devora todo lo que encuentra a su paso. Pero colaborando con ella a agravar la situación se encuentran toda una serie de sequías que traerán como consecuencia un alza del precio de los productos agrícolas y fundamentalmente del trigo.

La comarca del Vinalopó y Alicante experimentan la plaga con todos sus efectos.

Antecedentes: Las sequías entre 1746 y 1758

En Alicante se nota la falta de granos durante 1756 debido a la escasez de cosechas. El abastecimiento de trigo provenía de cargos de Sevilla y costas de Andalucía, llegando por mar y comprándose al punto (1). En efecto, el 27 de abril de 1757 se adquirían dos embarcaciones de trigo malagueñas propiedad de los patrones Francisco Morales y Manuel de Ojeda. Esta adquisición iba a paliar «el mucho consumo que necesita el público y evitar los perjuicios que puedan originarse de la falta», ya que en Sevilla se había prohibido la extracción «por no haber llovido en aquella provincia» (2). Si bien esta compra se hizo en abril, para octubre ya resultaba escasa. Por otra parte quedaban unos 500 cahíces en poder de Mariano Carreras, D. Juan Blundell y viuda de D. Juan Bautista Frabián, a todas horas insuficientes por lo que el Ayuntamiento comenzó a tomar medidas de manera que se prohibió «la extracción de trigos y harinas bajo la pena de género y bagajes que lo condujera. Y que los mediadores prevengan a los forasteros que comprasen o quisieran comprar trigo estando prohibida su extracción» (3).

A pesar de la prohibición existente en Andalucía de extracción de todo género de granos, arribó el 15 de noviembre de 1 757 el patrón Mateo Ballester con un cargo de 165 cahíces de trigo que, con el fin de disminuir por un tiempo la falta de pan, se compraron a 1 1 libras el cahíz (4).

En 1758 una tremenda sequedad impedía continuar la siembra por parte de los labradores y dado que el poco sembrado de los campos se perdía a pasos agigantados, comenzóse «a implorar el auxilio y misericordia de Dios con rogativas y demás actos públicos que puedan mover la Divina clemencia» (5).

La situación de esterilidad de los campos y los subidos precios del trigo amenazaban funestas consecuencias, de ahí que cualquier remesa de grano que llegaba a la ciudad era acogida de buen grado. D. Juan Rovira, clavario y encargado del pósito, acordó en este sentido que se comprasen los cargos de trigo que habían llegado a la bahía, propiedad de José Poses Catalán y Antonio de Padua, con 700 fanegas al precio de 10 libras y 12 sueldos el cahíz, y de Ramón Valenciano, con 34 cahíces al precio de 10 libras y 15 sueldos (6).

Acompañando a estas adquisiciones esporádicas continuaban las rogativas y así se traía la Santa Faz a la ciudad (7). Además, una representación de la misma puso en conocimiento del rey la situación de calamidad por falta de granos al no haberse podido hacer la sementera, y éste decretó «no se cobren por ahora y hasta nueva providencia en puerto alguno de los del Reino de Valencia los derechos que causan el trigo y cebada de dominios extraños que se introduzcan por ellos» (8).

Durante 1763 las lluvias que en otros años habían salvado los sembrados se estaban haciendo esperar, con lo que de nuevo la reliquia de la Santa Faz recorría las vecindades de la huerta en rogativas (9).

Cabe destacar que, en toda esta época, el intercambio con el interior del país continuaba de la manera que fuese posible, y así, en 1765, se embargaban los bagajes destinados a la conducción de nieve para el transporte de trigos de Castilla (10). Por otra parte, la falta de granos procedentes de Andalucía se suplía en ocasiones con trigo de países extranjeros (11). La carencia de agua solía impedir la molienda del grano por lo que se prohibía toda venta de harinas (12).

La comarca del Vinalopó venía siendo afectada por sequías desde 1746. En este año se hacían rogativas al Cristo del Monte Calvario en Novelda, con el fin de atraer las lluvias por cuya falta estaban «padeciendo los sembrados, árboles y plantas de ella» (13).

En la villa noveldense durante 1747 los labradores se ven imposibilitados de realizar la sementera debido al tiempo estéril y seco. Por ello también se recurría a rogativas (14). Todo esto se refleja en una progresiva alza de precios del trigo, por lo que se compraba cualquier porción que pudiese llenar los abastos de la villa. El marqués de la Romana vendió 40 cahíces, a razón de 10 libras y 10 sueldos el cahíz, a los graneros de la citada villa con dicho fin (15). Otras adquisiciones de trigo para el gasto y consumo de los abastos se realizaron en Caravaca (Murcia), en 1749 (16).

Generalmente las rogativas se efectuaban por medio de algún santo. En Novelda durante 1749 el Patrono, S. Roque, se llevó en procesión a la ermita parroquial para realizar las rogativas pertinentes «a fin de evitar la pérdida de los sembrados y demás plantas de la huerta» (17). Aquéllas fueron hechas durante 8 días, poco después llovió (18). Sin embargo, no fue suficiente y la sequía volvió a hacerse patente de nuevo, iniciándose otra vez impetraciones a San Roque (19). Otro santo que también participaba en las rogativas era San Diego, al cual se colocaba por 8 ó 12 días en el altar mayor de la parroquial de la villa (20).

La situación de Novelda se vio agravada por «calenturas malignas» consecuencia de la sequía. Según los doctores D. Francisco Poris y D. José Doménech, se manifestaban «con dolores de costado e inflamaciones internas» (21). Con anterioridad, en 1747, parece ser que hubo un brote epidémico similar (22), que provino de Monforte (23).

En octubre de 1751 se produjeron lluvias torrenciales que provocaron fuertes estragos en la agricultura (24).

La sequedad de 1753 era pertinaz y no daba muestras de acabar, las súplicas noveldenses se hicieron a«Nuestra Señora de los Dolores de la Parroquial de esta villa». Durante 9 días se pidió «el agua para el beneficio de los sembrados y plantas de este término» (25).

Una ciudad afectada por la sequía que en 1756 azotó la comarca fue Villena donde se hacían rogativas a Ntra. Sra. de las Virtudes (26). No sólo la sequedad, sino también terremotos habían contribuido a su desastrosa situación (27).

En esta ciudad también aparecieron enfermedades durante 1758 a causa de la falta tan prolongada de lluvia. En este sentido se hicieron rogativas a Ntra. Sra. de las Virtudes mediante un novenario de misas y una procesión general. Las limosnas que se recogieron de la «devoción popular» se emplearían en sufragar los gastos de la rogativa (28).

La sequía de 1757 afectó a Monforte de una manera especial, pues los suministros de harina que llegaban de Alicante fueron prohibidos. Así mismo, también se restringió la saca de trigo de los reinos de Castilla (29). En la mencionada villa se tuvo que prohibir la extracción de trigo y cebada bajo pena de 10 libras dada «la suma escasez de todo género de granos» (30). Puesto que de Alicante no se permitía sacar trigo alguno de los almacenes, y los granos traídos de Castilla se embargaban en Elda, Monóvar y Novelda, se escribió al marqués de Alós, gobernador de Alicante, una petición de algunas cargas de trigo (31).

En Elche, en 1756, se decretó que «siempre que ocurra la venta de alguna partida de granos en poca o mucha porción, se puede prohibir su saca» dado que no se había podido recoger la cebada. Incluso se llegó al extremo de utilizar los pobres aguas saladas, con el consiguiente perjuicio para su salud (32).

Todo este contexto de falta de lluvia y por consiguiente malas cosechas sirve de base a la crisis económica que traerá la langosta al destruir totalmente los sembrados y plantíos.

La plaga de langosta de 1756

La plaga de langosta en la comarca se inicia en Villena y después se extiende sucesivamente por Sax, Elda, Monóvar, Novelda, Monforte, Alicante y Elche.

Se recibió la noticia en Villena, en julio de 1756, de que la langosta se hallaba en los mojones con Yecla y se aconsejaba se hiciesen rogativas para prever su posible llegada. Se hizo procesión general a los patronos Ntra. Sra. de las Virtudes y San Gregorio, obispo de Ostia, utilizándose el agua bendita traída para los conjuros (33). Además se pidió a todos los cabildos eclesiásticos que iniciasen un novenario de misas cantadas. En estas rogativas participó especialmente el convento de la Trinidad de la ciudad, pues en ella se encontraba la imagen de Ntra. Sra. de las Virtudes (34).

La entrada de la langosta fue inevitable, y en octubre del mismo año ya había ovado (35). Era el momento propicio para procurar su aniquilamiento y en este sentido se nombraron por comisarios para «practicar las diligencias más eficaces» a don Pedro Felipe Herrero y a don Juan de Mellinas. El método empleado fue labrar «las fronteras que permitiesen labor o azada y que lo restante quede para que los demás vecinos saquen los  celemines de la langosta». Los que trabajaron en la operación fueron pagados a 1 real el celemín de langosta muerta, dinero que se sacó de los Propios de la ciudad (36). Dichos comisarios hicieron una lista de los lugares donde había ovado para que los vecinos que tuvieran caballerías «y a horas y días cómodos vayan a labrar dichos parajes» (37).

El agua bendita necesaria para los conjuros de rogativas era traída de Murcia, que pasó una carta a Villena en la que exponía que no tuviera reparo en pedir el agua que necesitase (38). Continuaron así las misas y rogativas en las que se pedía por la extinción de la langosta (39).

Dentro de la huerta villenense se hicieron particulares diligencias en las partidas de Cantalar y de los Alhorines (40).

En abril de 1757 los huevos de langosta del año anterior empiezan a avivar por los que se hace patente la destrucción de la misma antes de que se inicie el vuelo. Para ello se acordó que se emplease el remedio de la quema (41). Pero dada !a falta de fondos en los Propios para pagar a los empleados en estas operaciones, empezaron a aparecer dificultades en lo que se denominaría «la guerra de la langosta» (42). La situación en este aspecto se hacía angustiosa puesto que, aunque hasta el momento los gastos de matanza sólo ascendían a«dos mil y pico reales», se calculaba que llegasen a los quince mil. Por un lado la pobreza de los vecinos, por otro la falta de cosecha de trigo que tanto encarecía su precio, impedían a los hacendados y trabajadores adelantar alguna cantidad. Se pidió pues al Marques del Campo del Villar un préstamo sin interés y al estado eclesiástico de la Iglesia de Cartagena que franqueasen una parte de los caudales para poder extinguir la langosta (43). Pero hasta tanto se recibía la contestación, el corregidor de la villa, ante la falta de caudales de los Propios y penuria de los vecinos, aportó de su bolsillo 9.000 reales (44) . La respuesta del marqués no se hizo esperar. A los pocos días se recibía una carta en la que se exponía que se podía disponer de 8.894 reales. La ciudad contestó agradecida y pidió su intervención ante el rey para que cediera a la ciudad 200 ó 300 fanegas del caudal del pósito dada la devastación que está produciendo la langosta». Al rey se le había informado, mediante una representación, del desastre causado por la plaga y de los gastos que estaba ocasionando (45).

A pesar de las graves circunstancias hubo hacendados que no permitían que se matase la langosta introducida en sus sembrados, aduciendo se les causaba gran daño (46). A esto se unía que mucha gente ocupada en el exterminio de la plaga abandonaba la actividad para marchar a la tierra baja (Cartagena, Lorca, Murcia) lo cual suponía proveerse de otros de fuera con jornales más caros (47) . Para evitar esta salida se propuso publicar un bando en el que se prohibiese la partida de los ocupados en la tarea de acabar con la langosta pero no sellevó a efecto. De todas formas se pidió a los comisarios que vigilasen las cuadrillas con la finalidad de que no faltase, en parte alguna, la gente necesaria (48).

Por fin, en el mes de junio se conseguía terminar con la plaga (49). Sin embargo en 1758 fueron necesarios caudales extraordinarios para extinguir una nueva epidemia de langosta. Así de los fondos de Propios se tuvieron que pagar 6.456 reales (50) y los problemas se sucedían a la hora de reembolsar el dinero (51). En el citado año la plaga se avivó fundamentalmente en las partidas de las Cabeznadas, en los Alhorines, así como en Carboneras y Fonegra, Cañada, Campo, Pinos Ralos, y la Solana. Para todas ellas se nombraron comisarios encargados de destruirla (52). La langosta creció en poco tiempo con gran intensidad y ante la falta de dinero para su matanza se tuvo que pedir prestado, dando como fianzas las Rentas y Propios de la ciudad (53). Los comisarios encargados en buscar el crédito consiguieron ofertas de tres o cuatro mil reales. Además el corregidor no se cansaba de solicitar, a los concurrentes de las sesiones municipales, adelantos de dinero de sus bolsillos para acudir a estas urgencias (54). La langosta seguía tomando incremento en las partidas de los Alhorines, y Casa Plaza, temiéndose una invasión proveniente del término de Yecla. Seguía faltando caudal para sufragar los gastos de su aniquilamiento. Se tuvo incluso que recurrir al sobrante de las limosnas que dieron los vecinos para las fiestas de Nuestra Señora de las Virtudes después de pagados los gastos de la misma (55). También el deán y cabildo de la Iglesia de Cartagena piden que se les liquide la parte que pagaron para gastos de extinción de la epidemia (56).

Durante julio de 1756, de Villena, la langosta se extendió por Sax y parece ser que ovó en las veredas de la Rayada, Yermos del Carrellar, Saladar y otros parajes, por lo cual el Ayuntamiento acordó inmediatamente su destrucción (57).

Pero no se detuvo en la mencionada villa, sino que pasó a Elda donde diversas personas entregaban cantidades para su exterminio: «Antonio Bernabé, colector de los derechos dominicales y vecinales de esta villa, por orden del Conde de Puñón, señor de Elda, entrega 30 libras» (58): «el procurador síndico de la villa entrega 53 libras, 15 sueldos y 3 dineros sacadas de limosnas por las puertas de los vecinos en el tiempo de las rogativas a Ntra. Sra. de la Salud, al Santo Cristo y a San Francisco por la plaga de langosta» (59). Estas cantidades fueron gastadas en las citadas rogativas. También se emplearon 98 libras y 11 sueldos mientras la Virgen estuvo en la ermita de San Blas (60); 13 libras y 18 sueldos por traer la reliquia de la Cabeza de San Gregorio Ostiense para bendecir agua con el fin de realizar los conjuros (61); 9 libras y 4 sueldos que dio el rector de la Parroquial de Santa Ana por 32 libras de cera labrada que entregó la fábrica para las rogativas «estando Ntra. Sra. de la Salud y el Santo Cristo del Buen Suceso en dicha Parroquia y San Francisco en la ermita de San Blas» (62). La langosta no causó el gravísimo daño que se esperaba en los campos, sin embargo las rogativas no cesaron y así durante 30 días se continuaron haciendo, diciéndose 30 misas (63). La plaga duró desde el 9 de julio hasta el 17 de agosto de 1756 (64).

Además de las rogativas numerosos eldenses participaron en la recogida de langosta. Leemos en el libro de clavarías: «56 personas recogieron 101 arrobas que a razón de 24 dineros por cada una hacen 10 libras y 2 sueldos» (65); «se pagaron 18 sueldos por el jornal que se dio a 5 hombres por haberse ocupado en ir al Partido de Bateig y Casa de Sempere en quemar los sitios donde en aquel territorio había ovado la langosta» (66). Algunos vecinos contribuyeron con algunas cantidades para la quema del mosquito langosta, abrir zanjas y demás: en una ocasión fueron 22 libras, 17 sueldos y 7 dineros (67). Varios terratenientes aportaron cantidades para ayudar a los gastos de la «quema de langosta» (68). Otros jornales pagados por el Ayuntamiento fueron de «89 libras, 14 sueldos y 2 dineros a diferentes vecinos por haberse ocupado en quemar el mosquito langosta, abrir zanjas, rozar atochas y leña y demás, para la extinción, exovación y canuto de dicha langosta» (69). En abril y mayo de 1758 hubo nuevos problemas con la citada plaga, empleando el Ayuntamiento 50 libras y 13 sueldos en pagar a los peones que mataron el mosquito langosta (70).

También llego a Monóvar la epidemia con lo cual se iniciaron las pertinentes rogativas y se dio comunicado a Jijona y otros pueblos de la gobernación para que recogiesen los frutos «que les pareciese estar en contingencia» con el fin de salvar el máximo posible de las cosechas (71). En Monóvar hizo estragos en «todo género de plantíos y frutos» pero en especial a los anises y hortalizas; por ello enviaron una carta a Novelda aconsejando cortar «toda la yerba que hubiese en este término y coger los anises aunque sean verdes, pues si Dios no lo remedia en el día de mañana, lo más largo, quedarán todas las poblaciones y sus huertas arruinadas del todo» (72).

En Novelda, con anterioridad a la epidemia de langosta se dio una plaga de pájaros y otra de oruga. Aquéllos realizaron gran destrozo «en las cebadas y demás granos y semillas que había sembrados en la huerta y término de la villa». Entre las especies que constituían la plaga se contaban gorriones, tutuvías y trigueros. Para solucionar este problema se publicaron bandos en los que se obligaba a cada vecino a coger y matar 6 pájaros (73). La plaga de oruga se cebó sobre todo en las plantas y sembrados de alfalfa y para su eliminación se recurrió a rogativas a S. Felipe Neri, patrono de la villa, que se trasladó desde su Iglesia u oratorio a la Parroquial, celebrándose une dobla cada día. También se llevó al santo a la ermita de San Roque donde se efectuaron los mismos conjuros (74). En julio de 1756 llegó la langosta a Novelda destruyendo los anises, barrillas, yerbas, panizos, viñas y otros frutos (74 bis).

Continuando el recorrido de la plaga en la comarca del Vinalopó, después de Elda, Monóvar y Novelda llegó a Monforte. En principio no causó considerables daños en las viñas, olivos y otros árboles pero en cambio destruyó completamente las cosechas de panizos, hortalizas, yerbas de alfalfa y simiente de la misma, en las que la villa ese año era particularmente abundante. Aunque algunos vecinos salieron a matar langosta no se «consiguieron grandes progresos ya que levantaba el vuelo con rapidez. Sin embargo, se observó que durante la noche, y por la frialdad, aquélla se inmovilizaba de manera que fue entonces cuando salían los vecinos a cogerla. Inmediatamente era enterrada en zanjas de unos 6 palmos de profundidad. Al parecer entraban 432 langostas por libra, lo cual suponía por arroba 10.368, y en una noche se llegaron a coger hasta 1 1 1 arrobas (75). Para realizar estas capturas se llevaba alguna luz de fuego, pues al resplandor, «la langosta se suspendía en el aire y perdía todo movimiento».

El gobernador y corregidor de Alicante autorizó a la villa de Monforte a practicar las diligencias necesarias para su aniquilamiento, premiando cada arroba recogida con 1 real de 24 dineros. Incluso se castigaría con la cárcel a aquéllos que no participasen activamente en el exterminio (76). En el mes de agosto ya se había extinguido (77). Hubo un nuevo brote en 1758 (78).

El siguiente punto en el recorrido de la langosta fue Alicante. En julio de 1756 se avistó en las poblaciones circunvecinas, sin posibilidad de precaver sus estragos (79); prontamente inició la ovación y dada la ruina en la que comenzaban a estar los campos se efectuaron rogativas a la Santa Faz así como los conjuros con el agua bendita de la cabeza de San Gregorio (80).

Se pasó un comunicado a los prelados de las Comunidades de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín, El Carmen, Capuchinos y Colegio de la Compañía de Jesús para que hicieran salidas nocturnas en las que exhortasen al pueblo a penitencia y actos de contricción, con el fin «de que se aplaque la Divina Justicia» (81).

Muchos arrendatarios vieron como la langosta entraba en sus campos y devastaba las hortalizas y plantíos dejándoles en la ruina. Por ello, en varias ocasiones tuvieron que solicitar una rebaja en el importe del arrendamiento (82).

Por suerte para esta comarca la plaga no ocasionó tanta destrucción como en principio se supuso. Para dar gracias por ello se celebró una misa en el Monasterio de la Santa Faz (83).

Mientras tanto la cabeza de San Gregorio Ostiense continuaba su peregrinación para extinguir las plagas de oruga, pulgón y langosta (84), pasando a la ciudad de Alicante donde hizo «mansión regular para las funciones eclesiásticas, bendición del agua y demás que se practica» (84). El Ayuntamiento notificó al Obispo la llegada del santo para que éste dispusiese «las funciones eclesiásticas convenientes al culto y veneración de la Santa Reliquia» (86). Llegó el 9 de diciembre de 1756 permaneciendo en la ciudad 2 días; después salió hacia Andalucía y otras provincias que también habían padecido la mencionada plaga. Finalmente la epidemia de langosta de 1756 se centró en la comarca y huerta de Elche. Fue en esta villa donde alcanzó tales proporciones que su mortandad en las acequias conllevó un peligro de contagio de enfermedades, por la pestilencia y hedor que provocaba. Por ello se recurrió a recogerla de las aguas, acequias y fuentes. En la huerta, la plaga ya no sólo devoraba «las plantas dedicadas al cultivo, sino también las ásperas y duras».

EI Ayuntamiento publicó un bando en el que se obligaba a cada jornalero a contribuir a las fosas con media arroba de langosta y«aquéllos que no lo cumpliesen, fuesen detenidos y encarcelados» (87). Igualmente como medida se emplearon las rogativas practicándose procesiones públicas de penitencias y otros actos religiosos (88).

Fuentes documentales

(1) Archivo Municipal de Alicante (en adelante A.M.A.). Acta Capitular de 1756 (en adelante A.C.), 22 de noviembre. .
(2) A.M.A., A.C. de 1 757, 27 de abril.
(3) A.M.A., A.C. de 1757, 25 de octubre.
(4) A.M.A., A.C. de 1 757, 15 de noviembre.
(5) A.M.A., A.C. de 1 758, 23 de enero .
(6) A.M.A., A.C. de 1 758, 13 de febrero.
(7) A.M.A., A.C. de 1 758. 25 de febrero.
(8) A.M.A., A.C. de 1 758, 26 de junio. .
(9) A.M.A., A.C. de 1763, 26 de marzo.
(10) A.M.A., A.C. de 1765, 24 de mayo.
(11) A.M.A., A.C. de 1 765, 31 de mayo.
(12) A.M.A., A.C.^de 1 766, 18 de abril.
(13) Archivo Municipal.de Novelda, Acta Capitular de 1 746, 23 de abril ( en adelante A.M.N., A.C.). En esta ocasión se efectuaron 8 días de rogativas con procesión a la Iglesia Parroquial de San Pedro.
(14) A.M.N., A.C. de 1 747, 10 de diciembre.
(15) A.M.N., A.C. de 1748, 15 de octubre.
(16) A.M.N., A.C^ de 1 749, 10 de febrero.
(1 7) A.M.N., A.C. de 1 749, 22 de febrero.
(18) A.M.N., A.C. de 1 749, 8 de marzo.
(19) A.M.N., A.C. de 1 749, 3 de mayo.
(20) A,M.N., A.C. de 1 750, 13 de abril.
(21) A.M.N., A.C. de 1 751, 13 de febrero.
(22) A.M.N., A.C. de 1 747, 5 de mayo.
(23) A.M.N., A.C. de 1 747, Pág. 148.
(24) A.M.N., A.C. de 1 751, pág. 381 v. Estas lluvias cayeron los días 28, 29, 30 y 31 de octubre.
(25) A.M.N., A.C. de 1 753, 25 de marzo.
(26) Archivo Municipal de Villena, Ar_ta Capitular de 1 756, 24 de enero (en adelante A.M.V., A.C.).
(27) A.M.V., A.C. de 1 756. 27 de enero. El 1 de noviembre de 1755 hubo temblor de tierra en Villena (A.M.V., A.C. de 1755, 15 de noviembre).
(28) A.M.V., A.C. de 1 758, 29 de marzo.
(29) Archivo Municipal de Monforte, Acta Capitular de 1757, 10 de marzo (en adelante A.M.M., A.C.).
(30) A.M.N., A.C. de 1757, 5 de abril.
(31) A.M.N., A.C. de 1757, 1 1 de abril.
(32) Archivo Municipal de Elche, Acta Capitular de 1 756, 21 de julio.
(33) A.M.V., A.C. de 1 756, 8 de julio. La ceremonia consistía en pasar por un oficio practicado en la cabeza hueca del santo, grandes cantidades de agua con las que luego se rociaban los lugares atectados de plaga, o se guardaba en vasijas para posterior uso.
(34) A.M.V., A.C. de 1756, 23 de julio.
(35) A.M.V., A.C. de 1 756, 21 de octubre.
(36) A.M.V., A.C. de 1756, 29 de noviembre. La langosta suele ovar enterrando sus huevos cerca de la superficie envueltos en una sustancia glutinosa a la que se adhieren partículas. Es lo que se conoce por canuto. Se procede entonces a labrar la tierra con el fin de que queden al descubierto y sean devorados por el ganado o simplemente destruidos.
(37) A.M.V., A.C. de 1 757, 14 de enero.
(38) A.M.V., A.C. de 1 757, 14 de enero.
(39) A.M.V., A.C. de 1 757, 19 de febrero.
(40) A.M.V., A.C. de 1 757, 14 de marzo. ^
(41) A.M.V., A.C. de 1757, 1 de abril.
(42) A.M.V., A.C. de 1757, 4 de abril.
(43) A.M.V., A.C. de 1 757, 4 de abril.
(44) A.M.V., A.C. de 1 757, 19 de abril.
(45) A.M.V., A.C. de 1 757, 19 de abril.
(46) A.M.V., A.C. de 1 757, 27 de abril.
(47) A.M.V., A.C. de 1757, 30 de abril.
(48) A.M.V., A.C. de 1757, 27 de abril.
(49) A.M.V., A.C. de 1 757, 2 de junio.
(50) A.M.V., Libro de Cuentas de Propios, año 1 758.
(51) A.M.V., A.C. de 1 758, 31 de enero.
(52) A.M.V., A.C. de 1 758, 1 de abril.
(53) A.M.V., A.C. de 1758, 13 de abril
(54) A.M.V., A.C. de 1 758, 15 de abril.
(55) A.M.V., A.C. de 1 758, 22 de marzo.
(56) A.M.V., A.C. de 1 758, 16 de octubre.
(57) Archivo Municipal de Sax, Acta Capitular de 1 756, 24 de julio.
(58) Archivo Municipal de Elda, Libro de Clavarías, año 1756, folio 19 (en adelantem A.M.EL).
(59) A.M.EI., Libro de Clavarías, año 1 756, folio 19.
(60) A.M.EL, Libro de Clavarías, año 1756, folio 22.
(61) A.M.EI_ Libro de Clavarías, año 1756, folio 22 v.
(62) A.M.EL, Libro de Clavarías, año 1 756, folio 45.
(63) A.M.EI. Libro de Clavarías, año 1 756, folio 46.
(64) A.M.EI., Libro de Clavarías, año 1 755, folio 45 v.
(65) A.M.EL, Libro de Clavarías, año 1756, folios 50 y 51.
(66) A.M.EL, Libro de Clavarías, año 1756, folio 133 v.
(67) A.M.EL, Libro de Clavarías, año 1 757, 16 de mayo. El mosquito langosta es un estadio posterior al nacimiento de los huevos pero en el cual la langosta aún no puede volar.
(68) A.M.EI., Libro de Clavarías, año 1757, folio 8.
(69) A.M.EL, Libro de Clavarías, año 1757, folio 13 y folio 42.
(70) A.M.EL, Libro de Clavarías, año 1758, folio 26 vuelto. Las zanjas que se cavaban en la operación de aniquilamiento de la langosta servían para enterrarlas con el fin de que su descomposición y pestilencia no contaminasen la comarca.
(71) Archivo Municipal de Alicante, Acta Capitular de 1756, 10 de julio (en adelante A.M.A., A.C.)
(72) A.M.A., A.C. de 1756, folio 103. Carta escrita a la villa de Novelda.
(73) A.M.N., A.C. de 1 752, 1 5 de abril.
(74) A.M.N., A.C. de 1 754, 19 de julio.
(74 bis) Archivo Municipal de Monforte, Acta Capitular de 1 756, 13 de julio.
(75) A.M.A., A.C. de 1756, folios 1 18 y 1 19 vuelto.
(76) A.M.A., A.C. de 1 756, 24 de julio. ^
(77) A.RA.M., A.C. de 1 756, 9 de julio.
(78) A.M.A., A.C. de 1758, folio 43.
(79) A.M.A., A.C. de 1756, 12 de julio.
(80) A.M.A., A.C. de 1 756, 14 de julio.
(81) A.M.A., A.C. de 1 756, 23 de julio.
(82) A.M.A., A.C. de 1 756, folio 121.
(83) A.M.A., A.C. de 1756, 10 de septiembre.
(84) A.M.A., A.C. de 1756, 5 de noviembre.
(85) A.M.A., A.C. de 1 756. 7 de diciembre.
(86) A.M.A., A.C. de 1 756, 10 de diciembre.
(87) A.M.E., A.C. de 1 756, 24 de julio.
(88) A.M.E., A.C. de 1756, 27 de julio.

 

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Una respuesta a “La epidemia de langosta de 1756 en la Comarca del Vinalopó y Alicante”

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