El pregón de las Fiestas

31 de mayo, La visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel o El pregón de fiestas

Mi niño, el solete, sigue encandilando mis sueños, sólo que ahora vestido de moro Marroquí. El chiquitín vivió (dormido claro) el pasodoble Idella en la plaza del Ayuntamiento. Dice su madre que así será un buen festero desde la cuna. Seguramente por eso mismo desistieron de llevarlo al pregón, de lo cual me alegro.
Lo reconozco, esto de las fiestas me sigue descolocando un poco.

Siempre que pude, aproveché estos días de fiesta laboral para conocer nuevos lugares, generalmente nuevas montañas o incluso nuevas rutas a montañas ya conocidas. Eso ¡Cuándo he podido! Pero no creáis que la fiesta me es ajena, más bien todo lo contrario a causa de otra de mis aficiones, sin duda la más profesional: la realización en video, donde logré cotas de satisfacción muy loables y donde, me espolsé tantas palizas; desde la grabación con cámara al montaje en estudio de los actos festeros en torno a los Moros y Cristianos, sin olvidar la documentación y el guión de más de un centenar de trabajos, que quedé totalmente satisfecho de por vida, tras más de 20 años de dedicación.

Hago esta introducción sin más ánimo que el de dejar patente que, si bien sólo he desfilado una vez, me encuentro en mejor disposición de opinar, si cabe la comparación, que muchos festeros cuyas actuaciones no pasen de lo lúdico y festivo (de lo cual hay muchos). Me considero por lo tanto un “festerólogo”, amante de la fiesta. Creo que se entiende bien el término empleado.

Toda esta perorata viene a cuento para sumarme con la autoridad que el lector quiera otorgarme, a la tribuna publicada por mi convecino eldense Roberto Valero Serrano en el diario Información del sábado 30 de mayo pues la fiesta es, además de lúdica, tradicional, espiritual y muchas cosas más. No voy a entrar en los detalles del pregón, pues coincido con Roberto en todo, incluso en que Juan y Medio es un gran profesional, pero por favor, que no se salga del medio donde ejerce. Fue inapropiado, muy flojo y en algunos momentos vergonzoso, claro que, la culpa no fue de él sino de quienes siguen pensando que es mejor buscar pregoneros cuyo prestigio sirva a la fiesta más allá de nuestro entorno, asomándose al mundo a través de la televisión.

Quiero creer que la designación de este tipo de famoseo televisivo está hecha pensando en el bien de la fiesta, y no en el prurito personal del codeo con notables del medio. Lo cierto es que esto es algo que viene ocurriendo en demasiados actos y certámenes de diversa clase que se organizan en Elda, lo cual no nos está conduciendo a ningún sitio. Personalmente me causa risa cuando leo los nombres de los ganadores de algunos de los certámenes y se me queda cara tonto, pues parecen regirse por el mismo principio de premiar al famoso que participe. Algunos, como la distinción a la mujer mejor calzada no lo ocultan en su enunciado, pero otros se convierten en ”otra de Juan y Medio”. Roberto Valero dice que esto es una burla a la inteligencia de los festeros, yo lo amplio a los eldenses.
Siempre es preferible un pregonero versado, ilustrado e ingenioso, (necesariamente no ha de ser cansino), antes que un famoso pedorro. Me acuerdo ahora de algunos y me sonrojo ajenamente.

En lo literario, me ha parecido oportuno releer en estas fiestas un librito muy nuestro, reeditado precisamente durante la fiesta de Moros y Cristianos, pero del año 1999, y más en concreto al altruismo de Pedro Poveda Fernández y su hija Conchi, Capitán y Abanderada de los Moros Realistas de aquel año, (debieran cundir más este tipo de ejemplos). Su título: “Recuerdos de Elda o las fiestas de mi pueblo” de Emilio Castelar. En él se recoge, como digo, la edición de 1932 impresa con motivo de la colocación de la primera piedra del monumento a Castelar, tras una buena introducción de José Luis Bazán López.
Antes de cerrar el librito para acunar a mí solete, naturalmente si es que la abuela me lo deja, ¡Que esa es otra!, os dejo con una muestra de este ilustre maestro de la retorica oratoria, que me ha cautivado serenamente, y que puede venir al hilo de lo deseable. Se trata de un mínimo fragmento, y dice así:

“… Como el ave que no puede quedar en su primitivo nido, el espíritu no puede quedar en su primitiva creencia. Si tal hiciera, sabría de la historia los cuentos de su abuela, y del universo las fábulas de su pueblo, y de la sociedad las supersticiones de su infancia, explicando lo porvenir por lo pasado y haciendo de la cuna su mortaja.”

Ojalá que los distintos pregoneros que nuestro pueblo designe en adelante, busquen la profundidad de la palabra que llegue al alma ciudadana y esté a la altura de miras que en cada tiempo precisemos como pueblo, pero por favor, ¡Basta ya de discursos insulsos, absurdos e incluso soeces! Nos merecemos algo más que eso. (Claro que mi amigo Octavio López siempre dice que tenemos lo que nos merecemos) ¿Será verdad?

Por cierto, también me suena a cachondeo el santoral de hoy, (fuente: EWTN, Canal católico de TV).

¡Venga! Dejad al abuelo que duerma a su niño, que no hay mano mejor para mecer su cuna, que la de este abuelo que le habrá de pasearle muy pronto.

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