Enric Valor, escritor en Elda

Artículo por Adrià Carbonell i Roque y José Ramón Valero Escandell. Publicado originalmente en la revista Alborada nº 46, 2002 (comprar aquí)

 

De todos los escritores en valenciano, seguramente sea Enric Valor aquel cuya obra ha alcanzado una mayor difusión y reconocimiento entre los lectores de nuestra tierra. Sus obras, especialmente las Rondalles Valencianes, cuentos y leyendas basadas en personajes y costumbres de comarcas bien próximas a nosotros, han sido leídas y releídas por el público infantil y juvenil de los cursos de lengua y cultura valenciana. El reconocimiento oficial ha sido excepcionalmente tardío, debido a las especiales características en que trascurrió buena parte de su vida —Guerra Civil y Franquismo—, pero de una fuerte intensidad: doctorados honoris causa, Premi de les Lletres Catalanas y Valencianas, propuesta de candidatura al Nobel de Literatura y, por supuesto, la dedicación a su persona de numerosas calles, plazas y colegios en bastantes municipios. Curiosamente, dos ciudades fundamentales en la vida de Enric Valor han destacado por no sumarse a dicho reconocimiento. Bien conocido es el caso de Castalla, su ciudad natal, donde un gobierno municipal derechista de cortas miras y sectarismo amplio se negó a dar su nombre al nuevo instituto de secundaria, como solicitaba el profesorado. Nada conocido, por el contrario, el caso de Elda, que no ha denominado calle ni colegio alguno con el nombre del escritor, pese a la fuerte relación del mismo con la ciudad; en este caso, creemos que la causa se acerca mucho más al desconocimiento que a ningún tipo de rechazo a un escritor que, sin embargo, describió como nadie algunos aspectos históricos de nuestra vida local. Por ello, dedicamos este artículo a difundir y aclarar esta vinculación.

Enric Valor, con su característico sombrero.

 

Enric Valor, un inmigrante más

Enric Valor (Castalla, 1910 – Valencia, 2000) llegó a Elda alrededor de 1926, junto con sus padres y hermano. La marcha de Castalla se produjo cuando el proceso de empobrecimiento familiar ya resultó irreversible; se trataba de una familia acomodada que había visto perderse poco a poco sus antiguas propiedades, bien porque eran malos tiempos para unas viñas que debían superar la plaga de la filoxera —algo que requería fuertes inversiones—y los bajos precios, bien porque la gestión tampoco fuese todo lo eficaz que las circunstancias requerían.En 1932, Enric Valor ya vivía en Alicante. Fueron sólo alrededor de seis años, pero los de la adolescencia y juventud, decisivos, por tanto, en la consolidación vital de cualquier persona. Enric Valor no fue una excepción: sus años en Elda son esenciales para entender su vida y su obra, pero también ayudan a recordar rasgos definitorios de la Elda de aquella época, unos años imprescindibles para entender la modernización de una sociedad ya claramente industrializada.

Las Rondalles Valencianes, la obra más universal de Enric Valor. (Bibliotecas Municipales).

Los Valor llegan a Elda porque el padre, una persona culta que había estudiado en Barcelona, fundó una academia junto con otro socio local; venían atraídos por la pujanza industrial de la ciudad, por la cercanía a Castalla y por las posibilidades que ofrecía la mezcla de unas gravísimas carencias educativas —todavía no se había iniciado la construcción de las llamadas Escuelas Nuevas o Escuelas Nacionales— con las necesidades crecientes de formación que toda sociedad industrial demanda.No parece que las cosas le fuesen demasiado bienal señor Valor, padre, si leemos la historia de la familia Genovard, de la novela Temps de batudaTiempos de batida, pero también Tiempos de trilla—, escrita por el escritor castallense en tono muy cercano al de una biografía:su academia nunca pasó de un reducido número de alumnos y nunca alcanzó el prestigio de profesores como don Eliso Verdú o don José Tomás.

Panorámica de la calle del Vall (posteriormente Médico Beltrán, General Mola y en la actualidad, Ortega y Gasset). Enric Valor vivió en frente de lo que fue el hotel Sandalio, el edificio que se aprecia a partir del arco de la derecha, en el cruce con la «calle del Marqués», denominada oficialmente Méndez Núñez.

Los Valor se instalan en la calle del Médico Beltrán (antigua Calle del Vall y actual Ortega y Gasset), muy cerca de la aún entonces denominada Puerta del Sol—una de las entradas tradicionales al núcleo viejo de Elda, próxima a la plazuela trasera de la Santa Ana de hoy—, en una casa modesta, aunque parece ser que sin las dificultades que padecieron en esos años la mayoría de los miles de inmigrantes que llegaban a la ciudad. El joven Valor pronto encuentra trabajo en el calzado,en ese minúsculo núcleo urbano del camino de la Estación que constituía la fábrica de los Vera; incluso su madre, nacida en casa rica, acaba realizando trabajo de fábrica en su propio domicilio. Enric Valor fue, durante la mayor parte de su estancia en Elda, un administrativo de la Unión Nacional de Fabricantes de Calzado, que tenía su sede en Elda. En varias entrevistas, recuerda cómo su trabajo era allí reconocido y —pese a que la patronal contaba con tres abogados, dos procuradores y otros dos oficinistas— se le confió el traslado a Mallorca de la Sección Jurídica de la entidad, embarcando con toda la documentación a su cargo y permaneciendo allí un par de meses.En aquella asociación y en la persona de Antonio Jiménez,encontró Valor el apoyo y la alabanza a sus naciente afición a la escritura: trabajando allí publicará, en castellano aunque él afirma haberla escrito originariamente en su lengua natal, El experimento Strolowickz, su ópera prima.

Panorámica del barrio de la Estación en los años 50, aunque todavía se aprecia en primer término el conglomerado fabril, con el chalet y la fábrica de los Vera, donde trabajó Enric Valor.

En Elda, además, Enric Valor entra en contacto con los ambientes sociales y políticos del momento, especialmente con los jóvenes anarquistas, aunque afirma haberse afiliado aquí al PCE. Curioso, porque el PCE era casi inexistente en la Elda de aquellos años, mientras que arraigó con extraña fuerza en su pueblo natal, Castalla. También entró en contacto con algunos ambientes más o menos vinculados a la literatura, recordando haber acudido a la tertulia de un boticario, seguramente Maximiliano García Soriano; la memoria le falla en una entrevista de sus últimos años cuando cree que el boticario era anarquista—en realidad, era republicano de derechas— y que fue fusilado después de la contienda (lo fue al principio). En Elda vivió también Enric Valor las manifestaciones obreras a favor del levantamiento antimonárquico de Galán y García Hernández (los denominados Mártires de Jaca) y la proclamación dela II República, actos que recuerda con maestría narrativa. También en Elda se inició Valor en amores y dolores: aquí enterró a su padre y conoció a su mujer, Amparo Hernández (inmigrada también, desde Villena), con la que se casó en la postguerra. Poco después, en 1932,vive ya en Alicante, aunque por poco tiempo pues en 1934 se instala en Valencia, donde residió hasta su muerte en 2000.

Salida del trabajo en la fábrica de Francisco Vera, un camino que recorrió Enric Valor. (Archivo Alborada).

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