Oficios perdidos: los nevateros

*Nota: Reportaje extraído de la revista Alborada número 47 “Niños refugiados en la guerra civil”. (2003). Puede adquirirla aquí.

Nevero de Biar recientemente restaurado para actividades culturales.

Sobre la venta de la nieve y del hielo, hemos podido localizar una abundante bibliografía que habla de un importante comercio que tuvo la villa de Elda durante los siglos XVIII y XIX y que, inexplicablemente, pasan por alto viajeros y cronistas como Cavanilles, Laborde, Montesinos o Pascual Madoz cuando describen la economía eldense. Inicialmente, comentaremos que una de las grandes preocupaciones del hombre en siglos pasados ha sido la forma de poder conservar aquellos alimentos perecederos que deseaba almacenar,tales como la carne y el pescado. Si quería guardarlos para el verano,tenía que salarlos o bien ahumarlos.

Antigua balsa para helar agua junto a Rambla de Anchureta,

Desde el siglo XVII, el clima se recrudece y las grandes nevadas que cubren las montañas dan ocasión para recoger y apilar enormes cantidades de nieve que pueden almacenarse y usarse en la estación estival. En las montañas alicantinas, se construye una serie de pozos donde ocultarla de los rayos solares. Es el origen de los neveros, algunos de ellos verdaderas obras de arte. Estos edificios eran unas profundas excavaciones que alcanzaban entre los 4 y 15 metros de profundidad y un diámetro de entre 7 y 16 metros. La planta solía ser circular, exagonal u octogonal. La bóveda estaba formada por arcos y la cubierta era de teja o sillería. Por unos ventanales, se echaba la nieve. Cuando estaban llenos los pozos, se cerraban hasta los inicios del verano, en que la nieve era vendida, como veremos seguidamente. El trabajo de los nevateros era idéntico en todas las villas y ciudades del Reino de Valencia. Cuando había una gran nevada, los propietarios de los neveros, por medio de los pregoneros municipales, convocaban a aquellos campesinos que se encontraban desocupados en esos meses invernales para que obtuvieran unos ingresos complementarios.Subían a la montaña y comenzaban a recoger la nieve para llevarla hasta los pozos. Para facilitar el trabajo,también se construían unos muros o ribazos de piedra donde la ventisca apilaba la nieve: eran los ventisqueros. La nieve se colocaba en capazos y se arrojaba al interior de los neveros por los citados ventanales. Cuando había una cantidad importante en su interior, los obreros bajaban al fondo por medio de una cuerda atada a una anilla y a una garrucha para descolgarse. Una vez abajo, la nieve era pisada para compactarla y se agregaba una capa de paja de arroz para aislarla. Nuevamente,se volvía a tirar la nieve y se pisaba con otra capa de paja de arroz. Y, así,hasta que el pozo se colmaba, operación que podía durar unos días. Era un trabajo muy penoso debido al intenso frío: algún nevatero dejó allí su vida o perdió alguna pierna por congelación. Sabemos que hasta los niños llegaron a trabajar acarreando nieve. Una vez se llenaba el pozo, se ponía una doble capa de paja y se tapiaban los ventanales. Los obreros cobraban un salario. Según cita Seijó Alonso, «en 1920, se solían pagar 15 céntimos por echar 5 capazos de nieve, y que a un promedio de 5 minutos por viaje se sacaba un jornal de 11 reales al término de 8 horas de jornada». Todavía quedan ancianos en Ibi que recuerdan esta actividad, incluso llegan a tararear las canciones que se cantaban pisando la nieve.

A inicios del verano, por la festividad de San Juan, se solían abrir los neveros y se contrataba a trabajadores para picar la nieve, ahora convertida en sólido hielo que, introducido en unos moldes de madera y cubierto con paja de arroz y gruesas mantas, a lomos de caballerías y carros, se comercializaba por los reinos de Valencia y Murcia.En el caso concreto de la villa de Elda, donde las nevadas no eran tan importantes como en la montaña alicantina,creemos que los pozos eran almacenes de hielo, es decir, que la nieve se compraba en otras poblaciones y se revendía. Por Mallol Ferrándiz, sabemos que la ciudad de Alicante mantuvo varios pleitos, a lo largo del siglo XVIII, con unos propietarios eldenses de neveros. Existe una documentación que prueba que se vendían importantes cantidades de hielo a Orihuela y a Jumilla.

Si había inviernos con poca nieve, el precio de ésta se encarecía, por lo que se vio que el hielo bien podía suplirla.Para ello, se construyeron unas pequeñas balsas donde el agua se congelaba los fríos días invernales. Dicho hielo se recogía y, rápidamente, se echaba al pozo de idéntica forma que si fuera nieve. Esta operación se repetía varias veces, echando agua, helándose ésta y recogiéndose con celeridad. El viajero ilustrado británico Henry Swinburne,en su obra Viajes a través de España en 1775 y 1776, comenta en la carta XV, a su paso por Elda el 8 de diciembre de 1775:«…Pasamos por una serie de estanques y cuevas donde los habitantes de esa ciudad guardan su provisiones de.hielo para su consumo de verano. Como había una delgada capa de hielo en la superficie del agua, estaban muy ocupados llevándosela con mayor celeridad por si un repentino deshielo la hiciera desaparecer…» (Bas Carbonell, 1996:141-142)Tenemos el testimonio de un eldense que todavía recuerda haber visto realizar esta actividad en el paraje de Anchureta, frente al cementerio de Santa1^2

Bárbara, donde se encontraba el pozo de Anchura, junto a la rambla, hoy desaparecido.En unos bancales cercanos,todavía sobrevive una pequeña balsa circular que, creemos, se emplearía para el hielo. También tenemos noticias dela compra de cargas de granizo por los campos de las cercanías, granizo que era transportado en carros y rápidamente a los pozos.

Segura Martí hace referencia a un artículo publicado por el escritor alicantino Manuel Rico en el periódico La Unión Democrática con fecha de 8 de julio de 1880, donde se indica que, en Elda, existen ocho pozos de nieve: Finca Lacy (posiblemente, había varios pozos pequeños), Zanja de Hielo de Marqués de Lacy, Duque (en las cercanías del puente del Sambo), Anchuras (ya citado anteriormente), San Antonio dePadua (cercano al barrio de Caliu), Francesco (en La Jaud) y, por último, dos pozos en el paraje de El Chorrillo.En cuanto a los propietarios de pozos de nieve, añadiremos que Fillol Martínez cita la Guía Comercial e Industrial de Elda de 1884. Dicho anuario incluye a seis comerciantes propietarios: Antonio Bañón, José Bañón, Manuel Beltrán Aravid (el famoso médico Beltrán, del que sabemos que tenia otros pozos de nieve en la zona de Alpera yque era propietario del de San Antonio de Padua), José García, Francisco Olcina (dueño del pozo de Anchura) y Salvador Lauj (por error de transcripción, podría ser Salvador de Lacy, propietario de los neveros de Lacy y de la Zanjade Hielo).Como hemos podido observar, nuestros antepasados se sacaban un sobresueldo acarreando nieve, hielo o granizo,bajando al interior de los pozos para pisar la nieve y bajando más tarde de nuevo para picar y trocear el hielo y subirlo, todo ello con el riesgo de su propia vida o con una pulmonía en el menor de los casos. Ésa era la dura vida de los nevateros.  ¡Con lo sencillo que es hoy, para nosotros, sacar unos cubitos del congelador de nuestro frigorífico!.Heladeras o garrapiñeras manuales.

Heladeras o garrapiñeras manuales.

La segunda década del pasado siglo XX marca el principio del fin de los pozos de nieve. Aparecen las primeras garrapiñeras o heladeras manuales a nivel familiar y las fábricas de hielo industrial. Todo esto hace que los neveros dejen de funcionar uno tras otro.Durante años, son ignorados, derruidos o utilizados como basureros o muladares.En los últimos años, parece que existe una toma de conciencia y, gracias a los excelentes trabajos de Cruz Orozco, Segura Martí y Mallol Ferrándiz,entre otros, se han restaurado algunos,siendo utilizados para fines culturales en forma de salas de exposiciones y conferencias, etc… Valgan los loables ejemplos de Biar, Jijona o Bocairante.

Sólo cabe esperar que los dos neveros que nos quedan en Elda, la Zanja de Hielo del Marqués de Lacy y el Pozo Franceso de La Jaud, toquen alguna fibra sensible de nuestros políticos locales(oposición incluida) y sean restaurados. Quizás, con ello, podríamos sacudirnos un poco de encima la crónica negra de la destrucción de nuestro patrimonio artístico local.

Bibliografía:

BAS CARBONELL, M. (1996). Los viajerosbritánícos por la Valencia dela llustración (siglo XVlll). Ayuntamientode Valencia.CRUZ OROZCO, J. y SEGURA MARTÍ,J.M. (1996). EI comercio de la nieve.alboradaLa red de pozos de nieve en las tierrasvalencianas. Consellería de Cultura,Educación y Ciencia. GeneralitatValenciana.FILLOL MARTÍNEZ, V. (1985). Elda hacecien años, 1884. Club de Campode Elda.LÓPEZ MEJÍAS, F. R. y ORTIZ LÓPEZ,M. J. (1992). Pozos de nieve. Arqueologiádel frío industrial. Edición particularde los autores.MALLOL FERRÁNDIZ, J. (1989). Alicantey el comercio de la nieve en laEdad Moderna. Universidad de Alicante.MARTÍ CEBRIÁN, J.A. (1996) «Pozosde nieve en el término de Elda».Revista Fiestas Mayores, n° 13. Elda.MARTÍ CEBRIÁN, J.A. (2000). «Lospozos de nieve y su comercio en lacomarca del Medio Vinalopó». Revistadel Vinalopó, tomo III. Centro deEstudios Locales del Vinalopó.MARTÍ CEBRIÁN, J.A. (2001). «EIcomercio de la nieve en la villa deElda durante los siglos XVIII y XIX».Alborada, n° 45. Ayuntamiento deElda.SEGURA MARTÍ, J.M. «Los pozos denieve». Historia de la provincia deAlicante, vol. VIII. Ediciones Mediterráneo.Murcia.SEIJO ALONSO, F.G. (1979). Capítulodedicado a los pozos de nieve enArquitectura rústica en la RegiónValenciana. Ediciones Seijó. Alicante.

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