Los hornos de los años 40

*Nota: Artículo publicado originalmente en la revista Petrer Mensual nº 24, diciembre de 2002

Hoy las llamamos panaderí­as, pero en la época que recordamos su denomi­nación era hornos. Aproximada­mente Petrer contaba en aquella década con unos seis mil habitantes, lo que indica que por cada qui­nientas almas había un horno de pan. Siguiendo esta norma, hoy de­berían existir sesenta, pero como las ciencias adelantan que es una barbaridad yhay muchas menos.

Afortunadamente, y nunca me­jor dicho, a dos de estos hornos me unían lazos familiares, por lo que conozco su mecánica y como gra­cia especial, en ellos distraía infini­dad de veces mi insaciable apetito. Recordemos como funcionaban. En primer lugar, muy pocos contaban con instalación de agua corriente, por lo que tenían que suministrar­se en las fuentes públicas. La hari­na, no toda la recibían separada de las somas. Había que tamizarla ce­dazo en mano para obtener el pan de primera calidad, elaborándose también las somas incluidas.

A la boca del horno nuevo, "Joaquinet", su prole y sus empleados.

Vicente Rico, copropietario del horno "Sebetes".

Gonzalo Román, marido y propietario del horno de Petronila.

 

Todo el proceso, excepto la pri­mera mezcla general, se realizaba en la «pastaora» (pieza circular me­tálica, movida por electricidad cuan­do la había), el resto era manual. La masa se pasaba por el cilindro y de aquí a la «pastaora» donde artesanalmente se modelaban panes y «chuscos». El combustible utiliza­do en todos los hornos era la leña en un porcentaje muy elevado de pino obtenido en los montes locales, siendo suministrado por arrieros que la transportaban en burros.

Joaquín "El Boix" hijo con su esposa Balbina y sus hijos Mari Carmen y Joaquín, a la entrada del horno antiguo.

Joaquín "El Boix", su esposa Remedios, su hijo Joaquín, su nieta Mari Carmen, su nuera Balbina, a la puerta del horno en la calle Castillo.

 

Preparar el horno a la tempe­ratura necesaria, dentro de la dureza del oficio, era lo más pesado. Había que introducir por la boca del mismo la leña y una vez quemada la necesaria, dejar el suelo comple­tamente limpio. Esta labor se cono­cía como «escombrar» y consistía, primero en el barrido utilizando un cepillo con un mango especial de tronco de olmo larguísimo de unos diez centímetros de diámetro, des­pués se utilizaba un segundo cepi­llo con igual mango pero envuelto en sacos de arpillera mojados y su­jetos al extremo. Se arrinconaban los rescoldos en la parte interior izquierda de la boca del horno para mantener la máxima temperatura durante todo el día.

Pere, Adela, Herminia, Ignacio, Hermi y dos empleados en pleno trabajo.

La madre "dels Vaqueros", ?, Filomena "Sebetes", Concha, Reme y Emilia a la puerta del horno en la calle Gabriel Brotons, costumbre muy arraigada, hoy desaparecida.

 

Me atrevo a decir que los hor­nos eran los pregoneros de todas las fiestas. En ellos se anunciaba su llegada. Se notaba ese agradable y singular aroma de las toñas y pas­tas recién horne­adas y que eran elaboradas con sumo cuidado por nuestras abuelas y ma­dres. Recuerdo que para ador­nar las toñas, se utilizaba un azú­car muy fino.

Foto familiar conmemorativa de la inauguración del primer horno giratorio que se instaló en Petrer, año 1956. El señor de gafas situado en el centro es el ingeniero y se llamaba Sebastià, rodeado de la familia Poveda con cuatro generaciones. Carmen y Antonio Gabriel son los niños, sus padres, abuelos y bisabuelo y otros.

Para tal menester en todos los hornos había mortero y pilón, ambos de piedra. En este terreno yo fui un experto machacador.

Año 1934. Ignacio, José María, Carmelo hijo y Carmelo padre, componentes del equipo panadero.

Joaquín y Ana Herrero, propietarios del Forn del carrer Major.

La levadura era completamente natural, cada día se separaba una porción de masa llamada “pie” que al fermentar se convertía en levadura para el día siguiente. Finalmente comentaremos que “La olla del forn” era el habitáculo superior del mismo horno. En los crudos inviernos de entonces servía de salita de estar para los propietarios y sus allegados. Cuántos cuentos e historias he escuchado en ellos arropado por el calor que desprendían los hornos de leña.

Pere y Herminia con sus hijos y sucesores Pedro y Juli.

Petronila, alma mater del horno de Petrolina.

Petronila, Gonzalo hijo, Gonzalo, Justa y Pedro a la puerta del horno de la calle San Antonio.

La familia de "Joaquinet" completa a la puerta del horno nuevo en la calle Constitució. Año 1960.

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