A la luz de un quinqué

*Nota: Artículo publicado originalmente en la Revista Alborada 2001 –  nº 45

Una de las misiones de la Asociación Mosaico, además de velar por la protección del Patrimonio Histórico de Elda y salvaguardar en el Museo Etnológico aquellas piezas donadas por los eldenses, es documentar convenientemente éstas últimas. Este proceso conlleva la identificación correcta de las piezas, la determinación de su origen, su funcionalidad, su datación cronológica y su inclusión en la base de datos del Servicio Valenciano de Inventario, de la Generalitat Valenciana. El trabajo permite poner a disposición del público en general y de aquellos investigadores de la Comunidad Valenciana y del resto de España las piezas que albergan los fondos del Museo Etnológico de Elda.

Por lo general, en pocas ocasiones encontramos piezas que deparen sorpresas a la hora de la catalogación y clasificación. Sin embargo, en ocasiones, la casualidad se convierte en verdadera arma aliada a la hora de desfacer entuertos y establecer la verdad. Éste es el caso del famoso «Cáliz de las Cañadas», pieza donada a la Asociación Mosaico, en diciembre de 1996, por su propietario y descubridor, D. José Mª García Soria.

Tras su descubrimiento en 1984, la pieza fue identificada por Antonio Poveda Navarro, arqueólogo municipal de Elda, como un copón litúrgico o cáliz adscribible con toda probabilidad a la ermita de las Cañadas, pieza datada por este autor, por paralelos estilísticos y por cercanía a dicha ermita, en el siglo XVIII. Y como tal fue difundida la noticia de su hallazgo en los diarios provinciales. Así, en los titulares del diario Información, del martes 15 de octubre de 1985, se puede leer: «Encuentran un copón del siglo XVIII cerca de la ermita de las Cañadas».

El supuesto cáliz.

Antiguo quinqué de la misma época.

Esta interpretación fue aceptada de forma unánime por todos los investigadores eldenses, lo que permitió que durante dieciséis años la pieza fuera tenida como un antiguo objeto litúrgico. Sin embargo, la colaboración de ciudadanos sensibilizados con la defensa del Patrimonio Histórico de Elda, caso de Pepi Muñoz, simpatizante de Mosaico, ha permitido arrojar luz sobre la correcta identificación de este falso cáliz. Durante una de sus visitas al Museo Etnológico, se percató de la semejanza del «cáliz» con la base de un antiguo quinqué de su propiedad, apreciación personal que vino a confirmar las sospechas que sobre la misma pieza expuso en su día Carmen Pérez, ex directora general de Patrimonio Artístico de la Consellería de Cultura (1995-1999), sobre la imposibilidad de que dicha pieza fuera un cáliz por sus características formales y composición metalográfica.

La comparación con el quinqué de Pepi Muñoz fue un argumento más que suficiente para subsanar el error de identificación que se había propagado durante más de una década en la bibliografía eldense. Se trataba, sin lugar a dudas, de un quinqué destinado a la iluminación de las estancias domésticas de una vivienda.

Por tanto, la pieza hoy expuesta en el Museo Etnológico es la base de un quinqué, objeto empleado para la iluminación doméstica antes de la aparición y generalización de la electricidad. El quinqué está fabricado en calamina (aleación de plomo y zinc) y realizado mediante un molde y con acabado pavonado. La pieza está incompleta, pues le falta toda la parte superior, donde iría el depósito cilíndrico de metal, en el que se almacenaba el combustible empleado. Del depósito sobresaldría la mecha que impregnada de petróleo y mantendría viva la llama. También falta el tubo o tulipa de cristal que evitaba que la llama se apagara, permitiendo una mayor difusión de la luz.

La base del antiguo quinqué, que es muy similar a la del supuesto «cáliz».

El depósito del quinqué encaja perfectamente en el supuesto «cáliz».

Por sus características formales y decorativas, el quinqué cabe datarlo en la segunda mitad del siglo XIX, pues su fabricación parece ser francesa, estando documentada desde 1840 hasta finales del siglo XIX, habiendo perdurado su uso durante las primeras décadas del siglo XX. La cronología y el lugar del hallazgo permiten relacionarlo con alguna de las casas de labranza sitas en las partidas de las Cañadas o en el Barranco del Gobernador, propiedad de algún rico terrateniente eldense.

Para finalizar esta breve colaboración, nos gustaría manifestar que no por haber dejado de ser un cáliz, esta pieza ha perdido valor. Todo lo contrario, sigue siendo considerada una pieza singular con un gran valor etnológico, pues nos informa sobre el proceso de iluminación del ámbito doméstico y la evolución de la tecnología para tal fin.

Del mismo modo, nos gustaría agradecer la donación realizada en su momento por José Mª García Soria y la colaboración de Pepi Muñoz, Carmen Pérez y, en especial, de J.C. Miró, anticuario y perito tasador judicial, por su colaboración altruista y desinteresada en aportar la luz necesaria, aunque fuera la luz de un quinqué, para la identificación correcta del «Cáliz de las Cañadas».

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