Escritos de un joven indecente (CXLIV): Quemar las naves

indecente

Agónicos
GRITOS
de silencio
cuando
la NOCHE
interminable
se precipita
y delimita
las sombras
proyectadas
de los
restos
de los
CUERPOS
en la
OSCURIDAD
de la calma
que tiembla
por la falta
de ALMA
y la espera
desespera
en SUSPIROS
de voces
de MUERTOS.

Las curvas
del futuro
incierto.
Los vientres
fecundados
por frecuencias
intermitentes
que van
y vienen
como el
vaivén
de la sal
evaporada
en los
precipicios
épicos
de la memoria.

Las
GOLONDRINAS
dormitan,
postradas
en los álamos
y entre
salmos
y sobresaltos
sus párpados
gélidos
interfieren
en el iceberg
del LLANTO.

Los bebés
nacen
sin rostros
y otros
padres
no ponen
mi nombre
a los sucesores
de la tinta
y los versos
BOMBA
y YO
en el anonimato
del pasado
me calcino
entre
las llamas;
sístole
y diástole
de epitafios,
elegías
y orgías
-de falso
carpe diem
como voyeur
exiliado
por los tímpanos
de los LABIOS
rosáceos
y desgastados
de las pretendientas
a INMORTAL.
Qué dura
es la distancia
de la memoria.
Qué fugaz
la RIMA
ETERNA,
las madrugadas
de sangre
en los poros
y eyaculaciones
en bocas
ajenas.

Cuánta
mentira
en la tinta
lacerada
de la felicidad
impuesta
por la
alienación
de los perdedores
y vendidos
al simple
-te quiero-.

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